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21 de enero de 2019

#LiveReview ANTONFEST: Celebrando la historia y el presente para mirar hacia el Futuro.


“El cumpleaños más chup….. y ególatra de todos los tiempos, pero merecido para alguien le ha dado mucho al Metal chileno, guste a quien le guste y no”. Las palabras del querido productor Jorge ‘Chargola’ Hurtado resumen, de manera desafiante, lo que fue una celebración tanto de los 50 años de un pionero local y sudamericano como del Metal nacional de ayer y hoy a través de sus insignes representantes. Las cosas por su nombre: desde mediados de los ’80 que el nombre de Anton Reisenegger fue sinónimo de profesionalismo y ambición artística, ya sea al frente de Pentagram Chile como parte de la primera oleada Thrash nacional o con Criminal ganándose –y brindando, a la vez- un espacio fuera de nuestras fronteras.
Cerca de 2 mil personas repletaron la cancha del teatro Caupolicán la noche del viernes 18, y durante más de seis horas de música extrema pudimos ser testigos y partícipes de un cumpleaños al que todos fuimos invitados y asistimos como un ritual urgente. Al mismo tiempo, imposible no quedar absorto ante tamaño despliegue de calidad y experiencia por parte del cumpleañero y sus ilustres invitados, con el público respondiendo a la altura –como pocas veces suele suceder en este país- y marcando un hito de aquellos en lo que respecta a la música que tanto amamos, forjada en esta faja de tierra larga y angosta, ayer y hoy.
 18 horas en punto y el puntapié inicial sería ejecutado por Metal Command, una de las revelaciones de la década en curso gracias a su propuesta de Metal extremo sin apellidos. Llamativo y destacable resulta que, pese al escaso público presente a esa hora, el cuarteto desplegara todo su poder destructivo y dictara cátedra de profesionalismo y entrega directamente proporcional a la experticia técnica que aporta cada componente en favor de la música. Prueba de fuego superada por paliza, sobretodo tomando en cuenta que, pese a la corta edad de sus integrantes, sean capaces de concebir una muralla sonora sin contrapeso.

De las promesas hechas realidad pasamos a la experiencia del supercombo Bonebreaker, integrado por integrantes históricos de Undercroft y que desde hace un buen rato que se enfocan en pulir sus virtudes como acto en vivo de primer nivel para los seguidores del Death Metal a nivel criollo. Con Tito Melin a la cabeza, el Death Metal en su faceta más pura sale a relucir sin misericordia, imponiéndose con superioridad tajante y arrasando con todo a su alrededor. Una parte de la historia del género que hizo valer su currículum y desempeñando su labor con la efectividad propia de los veteranos de mil batallas.

 La experiencia fue, precisamente, la constante en el evento. Y en el caso de Cabrio, el pasado y el presente van tomados de la mano al punto de mantenerse en la brecha y en su propia ley. Con el histórico cantante de Necrosis Andrés Marchant y el flamante “Devotion and Hate” (2018) bajo el brazo, la puesta en escena con que la música amplifca su poder devastador da cuenta de una propuesta a considerar en este último lustro, apelando al Thrash Metal de viejo cuño y complementándola con un espectáculo que denota la influencia de próceres mundiales de la talla de King Diamond. También hubo espacio para el homenaje correspondiente al desaparecido Alfredo “Bey” Peña, bajista de Necrosis y Pentagram Chile fallecido trágicamente en 1990 y a quien le fue dedicada “Prayer”. Presentación contundente y emotiva a la vez, anticipando de gran manera lo que sería el plato de fondo.

 El aluvión infernal de Electrozombies también marcó un momento destacable de la jornada. Cuando se trata de tocar música pesada y diseñada para destruir el mundo, el trío comandado por Miguel “Comegato” Montenegro no anda con rodeos ni cosas a medias, importante a tomar encuenta cuando hablamos de una agrupación referente de los sonidos lodosos y procreados en el mismo averno, como quedó reafirmado tras la edición del reciente “System Of Terror” hace un par de años. Rock pesado en el sentido literal de la frase, forjando el sonido del fin del mundo en base a tres instrumentos y las ganas de prenderle fuego a todo. No hay otra manera de definir a Electrozombies, sea en vivo en el estudio: en un mundo condenado a su funesto destino, sería la banda sonora acorde. O al menos, parte de ésta, obligatoriamente.

Poco después sería el turno de una agrupación que, a estas alturas, no necesita siquiera ser presentada, al menos no para quienes crecieron en los ’90 bajo el alero del Doom Metal y sus envolventes atmósferas fúnebres. Hablar de Poema Arcanus es mencionar a un ícono del Metal del cambio de milenio en una época en que la calidad creativa y la oscuridad musical podían ir de la mano como ocurría entonces en Europa. Deben ser contadas las agrupaciones locales que poseen esa capacidad de sumergirnos en su umbral del muerte y pérdida en base a riffs de alto calibre e interpretaciones vocales directamente proporcionales a los deprimentes relatos con que la música nos expone su universo creativo, nada más lejos de la realidad.


 La inclusión de Recrucide en el cartel no pudo ser más acertada, sobretodo si consideramos que, al menos durante la década que se nos va, su nombre ha pasado a ser sinónimo de categoría mundial para un género que, a nivel local, ha progresado bastante en cuanto a exponentes y producciones discográficas que derechamente, compiten con colegas más aventajados de otras latitudes. Con la cancha del Caupolicán ya repleta, y el moshpit ya armado para lo que será la primera centrífuga humana de dantescas proporciones, el éxito obtenido como acto en vivo en Chile y Europa quedó probado sin discusión, marcando un momento cumbre con la demoledora versión del clásico “Mambo de Machaguay” de Los Jaivas. Un orgullo para nuestro país el poder presenciar tamaño despliegue por parte de una agrupación que trabaja duro desde sus inicios, un principio que se traduce en frutos abundantes.

 Qué se puede decir del implacable Thrash Metal de Nuclear, a estas alturas? La verdad es que es solo cuestión de tasar el profesionalismo con que el quinteto, luego de más de una década de actividad, se para sobre el escenario para decir las cosas por su nombre y dictar cátedra respecto a la función de la música en estos tiempos. El mosh es inevitable y, a la vez, sumerge el recinto en un forado de Metal furioso, incendiando el Caupolicán en todos sus rincones hasta reducirlo todo a cenizas. “Confront”, “Criminal Solicitation”, “Violence That Burns” y “Apátrida” fueron solo algunos de los bombazos con que el Thrash se hizo sentir como tal: un sonido iracundo que pregona a gritos la caída de toda “institución sagrada” y descubre la cara de un país condenado a desparecer.
Por supuesto, debemos resaltar un momento de la presentación en que el guitarrista Seba Puente se dirige a los “haters” de siempre, los mismos que basurean y profieren comentarios de mala clase sin dar la cara. Un momento necesario de remarcar en estos tiempos en que el chaqueteo y la ‘mala leche’ se disfrazan de “crítica”, lo cual da para pensar respecto a las prioridades de los fans del Metal, al menos a nivel local.

 Pasadas las 23 horas, y luego de un descanso reponedor –necesario luego de una maratón de Metal Extremo en todas sus variantes-, llega el turno del cumpleañero por partida doble, al frente de la que debe ser, por lejos, la leyenda suprema del Metal nacional dentro y fuera de estas tierras. De qué otra manera podemos referirnos a Pentagram Chile, si no es como lo que significa para tres décadas de un estilo que en Chile tuvo que lidiar con el aislamiento cultural de la dictadura? Napalm Death, Dismember, At The Gates… Cuántos otros ilustres de clase mundial le deben a Pentagram Chile lo que son hasta hoy? Incontable y revelador respecto a un tesoro concebido en el culo del mundo.
  Completado con el guitarrista fundador Juan Pablo Uribe y el baterista Juan Pablo Donoso -acompañados por Juan Francisco Cueto como bajista invitado-, Pentagram Chile apareció sobre el escenario para esparcir su fuego avernal, primando la mortandad y el odio desde lo más profundo de la humanidad. Aún con el LP debut “The Malefice” (2013) dando que hablar desde su edición hace poco más de un lustro, era esperable el cataclismo desatado desde el arranque, suficiente como para dejarnos rezando de rodillas ante tamaña muestra de brutalidad sobrehumana.
Más que una cátedra de historia, lo de Pentagram Chile fue un ejercicio de supremacía metalera y, sobretodo, una renovación de votos con fans de todas las edades. Tanto los recién iniciados como los seguidores de la época del Manuel Plaza pudimos comprobar el excelente estado de salud del que goza la principal agrupación de Metal de nuestro país, incluso a pesar del tiempo que hubo que esperar para editar su primer LP. Porque fueron esos míticos demos que, con los años, se transformaron en tesoros invaluables a nivel local y mundial, al punto de motivar la creación de camisetas con el logo de la banda en otras latitudes como Inglaterra, Suecia y EE.UU., reafirmando la calidad artística de un país muchas veces tan ingrato y drástico con sus hijos cuando se trata de hacer del Metal una expresión artística que puede aspirar más y lucha contra viento y marea cuantas veces sea necesario.
 A destacar durante estos 45’ minutos de música el segundo homenaje de la noche al mencionado bajista Alfredo Peña, a quien fue dedicada “Spell Of The Pentagram”. Para el final, la erupción volcánica de la mano de un himno por derecho propio: “Demoniac Possession”. Final de lujo para la presentación de una agrupación a la que el tiempo -y el trabajo duro- terminó dándole la razón.

  La medianoche ya se encontraba en su punto álgido en la calurosa noche capitalina cuando el cumpleañero nuevamente salía al escenario, esta vez al frente de Criminal, la agrupación con que el Metal chileno fue reconocido fuera de nuestro país. “Slave Master”, “El Azote”, “Victimized”, “S.S.S.”, “Collide”, “The Ghost We Summoned”, “New Disorder”, “Self Destruction”… Un set que denota la presencia de casi toda su discografía y reafirma un legado que, desde hace más de dos décadas, se mantiene vigente dentro y fuera de Chile.
  Al propio Anton Reisenegger –un sujeto que, pese al peso de su nombre, se complementa perfectamente con sus compañeros de banda aquí y en la quebrá’ del ají- debemos sumar el aporte del bajista inglés Dan Biggin, el guitarrista nacional Sergio Klein –en “Victimized”, pese a uno que problema técnico, expuso todas sus credenciales como músico de primer nivel- y el flamante baterista Danilo Estrella, todos aportando con su dominio técnico al funcionamiento de esta máquina de Metal con actitud hardcore. Y es que, si bien Anton es el único integrante sobreviviente de la alineación original, cada formación ha dejado una estampa cada vez más fresca y electrizante, como pudimos apreciar en el más reciente “Fear Itself” (2016), del cual salió a relucir “The One Who Speaks at Night”, corte que el propio Anton dedicó a su hija.
  Un momento especial pudimos presenciar cuando, en la mitad de la presentación, amigos y familiares del cumpleañero se subieron al escenario para entregarle una torta y cantarle el “Feliz Cumpleaños”, acompañados por el teatro completo. Fue ahí cuando el productor ‘Chargola’ Hurtado, antes del fraterno abrazo y saludo de cumpleaños, se despachó la frase que comienza esta reseña. Un momento hilarante y, al mismo tiempo, un “recado” hacia los chaqueteros de siempre y los “críticos” que dicen ser amantes del Metal pero proyectan mierda por las puras, muchas veces escondidos detrás de una pantalla. Nada más.
  “Hijos de la Miseria”, “Pressure” y el final con “Por La Fuerza de la Razón”, marcaron el final de una jornada en que el Metal nacional vivió su propio ritual de celebración, y a lo grande. Es en ese tipo de instancias en las que da igual el nombre del evento cuando la calidad de las bandas nacionales es lo que se impone al final del día. Y si se repite el evento con el mismo nombre, ¿por qué no? Como lo mencionamos hace unos párrafos arriba, los tipos como Anton Reisenegger le dieron al Metal –y aún es así- el impulso necesario para creer en nuestro producto.

En un país muchas veces tan duro con sus verdaderos próceres, es necesario el homenaje en vida a quienes forjaron un camino que muchos de nosotros recorremos, incluso fuera de nuestras fronteras. Y el día en que erradiquemos esa mentalidad de “vieja cu…”, el Metal chileno será tan grande como sus pares de Latinoamérica y otros continentes. Y sí, sería lindo que se confirmara una siguiente edición. Soñar es gratis, todo depende de nosotros.
Escrito por: Claudio Miranda
Fotos por: Priscilla López

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