#DeCulto - Un asunto de vida o muerte: la segunda juventud de Iron Maiden


Un ejercicio interesante para todo fan de Iron Maiden y el Heavy Metal, resultar el observar y analizar la calidad de los trabajos editados a partir del 2000. Está claro que, con el regreso de Bruce Dickinson y Adrian Smith, los ingleses se recuperaron de la irregularidad que los empantanó durante la década del '90, al mismo tiempo que la popularidad entre las nuevas generaciones recreó con éxito los días gloriosos que parecían relegados a la década del '80, la 'edad de oro' para el género en toda su extensión.

 Con "Brave New World" (2000), volvieron a sembrar esa cuota de ambición y calidad con que la 2da juventud de los británicos empezaba a desplegarse. Incluso "Dance Of Death" (2003), sin siquiera ser un álbum brillante, mantuvo la llama con que la Bestia instauraba nuevamente sus dominios como la banda de Heavy Metal más grande de Europa y el mundo. Tomando en cuenta los 5 trabajos editados desde el 2000 hasta la fecha, hubo uno que se erigió como clásico inmediato por derecho propio. ¿O acaso suena insolente referirnos así a "A Matter Of Life And Death", tomando en cuenta que se trató del primer álbum de la Doncella interpretado completamente en vivo durante su gira promocional -sin contar el debut homónimo de 1980? No es una osadía a estas alturas, sino un acto de justicia el recalcar la importancia de este trabajo que, y hay que decirlo como es, tiene cualidades de sobra para darle cara al material editado durante la era 1980-88.

 Entre esas cualidades, debemos partir por el concepto. Ojo, no es un trabajo conceptual por lo que entendemos como tal, sino una muralla de sonido que abarca diversos temas relacionados con la guerra y la tragedia. Así es, en pleno 2006, y con una banda compuesta por señores cuyo promedio de edad se aproximaba a los 50 años, Iron Maiden se enfoca en el lado cruel de la guerra y proyecta la oscuridad propia de una raza humana que recurre a la violencia y la exterminación ante cualquier tipo de conflicto. 

  Así como la década del '80 glorificaba la guerra de la mano de clásicos como "The Trooper", "Aces High" y "Where Eagles Dare", esta vez había que poner los pies en la tierra y empatizar con una humanidad vapuleada por el horror de la muerte. Musicalmente, la oscuridad conceptual queda reflejada en un trabajo creativo que, por muy cliché que suene, reúne todos los elementos sonoros de Iron Maiden en todo su esplendor, sin sonar forzado. Veámoslo así: en sus inicios, Maiden sonaba crudo, evolucionando a una vibra más épica y alcanzando su peak en una postura notoriamente ligada al Progresivo. AMOLAD conjuga todos esos elementos en una fórmula que no busca inventar ni descubrir nada que no se haya visto, sino revelarnos en qué parada se encuentran estos veteranos que viven su segundo ciclo sin necesidad de vivir de los éxitos y responde a sus propias inquietudes. 


 Producido por Kevin Shirley -supervisor de todos los trabajos editados desde "Brave New World" en adelante, aunque su aporte se acerca poco y nada al de Martin Birch-, AMOLAD destaca por la diversidad de matices con que la placa saca a relucir la ambición ilimitada de sus creadores. Aquí nada suena forzado, la pasión del 'jefe' Steve Harris por el rock progresivo se manifiesta espontánea y el buen gusto con que Maiden forja su distintivo en el estudio adquiere dimensiones sobrehumanas. Todo esto plasmado en un rabajo certero en todas sus líneas y la cohesión musical resalta por mérito propio, sin colorantes ni saborizantes.

 La patada inicial con "Different World", sigue la tónica de los seis trabajos anteriores. Una canción acelerada, atacando de entrada, aunque sin perder el control de la situación. De inmediato notamos la producción cristalina con que cada instrumento marca su presencia, mientras el torbellino Heavy Metal de Iron Maiden traza los dominios de una firma vigente. Un título decidor respecto a la visión del mundo que caracteriza a estos Maiden del siglo XXI y los diferencia notablemente de un pasado irrepetible.  

 La temática de la guerra comienza a surgir con fuerza en "These Colors Don't Run", donde la elegancia sinfónica y la melancolía convergen con tamaña fluidez, al igual que en la siguiente "Brighter Than A Thousand Suns" y la referencia a hechos repudiables en la historia de la humanidad, como lo fue la bomba nuclear en Hiroshima y Nagasaki, en el atardecer de la 2da Guerra Mundial. Trágico, lamentable, una oda a la cara más terrible del ser humano, traducido en una estructura compositiva que emula la complejidad alienígena del Genesis circa 1970's. Imposible permanecer impertérritos ante suprema muestra de categoría con que Iron Maiden se mantiene firme en la brecha y nos brinda un trabajo de altísima factura. 

 La entrada solemne de "The Pilgrim" da cuenta de una estampa infalible en el sonido Maiden desde los inicios de su carrera, así como el resto de su esqueleto. El tridente Gers-Murray-Smith se despacha un trabajo de antología mientras Harris en el bajo y el entrañable Nicko McBrain en batería dictan una clase magistral de eficiencia como base rítmica. Y de Bruce Dickinson, faltan palabras respecto su impecable labor en las voces y responsable de darle vida y color a esos coros que, son capaces de hacer cantar a todo un estadio sin transar sus principios. Iron Maiden es la mejor banda del mundo cuando se lo propone y AMOLAD lo ratifica sin 'pero' que valga.

 La referencia al Desembarco de Normandía -6 de Junio de 1944, Sur de Francia- parece bastar por sí sola para entender "The Longest Day", pero los hechos dicen mucho más: así como la década del '80 un clásico como "The Trooper" le rendía culto a la epopeya bélica, ahora toman la dirección contraria. Iron Maiden no cambia su mentalidad, pero sí su opinión, y es totalmente válido.

   El llamado 'Día D' fue un hito clave para el triunfo de los aliados sobre la Alemania nazi, pero el costo en vidas humanas y el trauma de la guerra en quienes sobrevivieron para contarlo, conforman el hilo conductor del corte. Y tanto en la música como en las letras podemos conectar con ese sentimiento de pérdida y desesperación con que nos encontramos ante la muerte, la lluvia de balas y los miles de cuerpos mutilados que yacen en pleno campo de batalla. Eso es Iron Maiden en los 2000: un conjunto que supo ver lo que ocurría más allá de lo que narraban los libros de historia. Y eso en el Metal es un valor incalculable. 

No es una de las canciones más "populares" del álbum, pero no le puedes decir 'no' a "Out In The Shadows" y esa disminución de revoluciones con que la onda expansiva de los coros remece todo cimiento existente y por haber. Por otro lado, y si bien se muestra como un punto aparte del concepto a tratar en el disco, "The Reincarnation Of Benjamin Breeg" brilla con luz propia sin desteñir. Un aura de misterio que emula el encierro de los pasillos de cualquier catacumba, abriendo una vía hacia la superficie para develarnos los secretos del ficticio personaje que le da título a la canción. Constante, firme y dinámico, un guiño a discos clásicos como "Piece Of Mind" o "Powerslave" pero innovando y acechando por su propia naturaleza. 

 Los casi 10' de "For The Greater Good Of God", progresivo con olor a madera. Genesis -el fanatismo de Harris por estas leyendas, casi patológico- y Jethro Tull -la deuda de Bruce Dickinson con Ian Anderson trasciende hasta más allá de lo imaginado- han estado presentes en el ADN de Maiden desde el comienzo y se traducen en un monumento de Heavy Metal que se levanta de manera colosal y con superioridad (casi) divina. Viviendo el presente y aplicando lo aprendido con la sabiduría que entrega la experiencia, nos encontramos con el 'peak' del álbum y asumimos de inmediato que, por mucho que los clásicos de los '80 sean insuperables en todo aspecto, hay una necesidad artística que se mantiene incólume. 

 El brillo hipnótico que introduce "Lord Of Light" deriva en una montaña rusa de riffs marciales y pasajes acústicos que intercalan lugares como el día y la noche. Culminando el álbum, "The Legacy" -con Dickinson emulando la teatralidad de Peter Gabriel/Genesis en la intro acústica- se corona como un track donde la naturaleza progresiva de Maiden es proyectada hacia los cuatro puntos cardinales sin dudarlo. Si debemos de hablar de la categoría con que los británicos tatúan a fuego su sello durante casi cuatro décadas en la carretera, el cierre de AMOLAD no solo cumple con los requisitos, sino también nos permite comprobar el momento por el que pasaban los británicos con el regreso de dos de sus históricos un lustro antes. 

  Si acaso hubiera que elaborar un ranking con los LP de Metal editados durante las últimas dos décadas, AMOLAD fácilmente figura entre los 10 primeros lugares. Aquí no hay lugar para las glorias pasadas, a menos que te atrevas a salir de tu zona de confort, y Iron Maiden responde a aquello. Mantenerte vigente y renovar tus bríos interiores, he ahí la consigna de una agrupación que volvió para reclamar lo que es suyo, con argumentos contundentes y la seriedad propia de los versados. Un asunto de vida o muerte cuando está en juego una reputación que no se alimenta sólo de los "clásicos".




Recuerda que Iron Maiden se presenta en nuestro país por partida doble y con todo vendido, 14 y 15 de Octubre (Movistar Arena y Estadio Nacional, respectivamente.



Escrito por: Claudio Miranda

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