#Especial: Led Zeppelin-IV "La Escalera hacía la Divinidad"

 

No existe nada que no se haya dicho a estas alturas de Led Zeppelin. Y esto va más allá de un género como lo es el Hard Rock o el Heavy Metal. Gracias a ellos, cuando a fines de los '60 The Beatles expandían sus fronteras más allá de lo conocido pero, al mismo tiempo, se acercaba el final. The Rolling Stones disfrutarían de una segunda juventud durante la siguiente década pero la sombra de los Fab Four pudo más. The Who era la única banda -al menos de los tres grandes de los '60- que parecía encajar en lo que vendría después, sobretodo en el corazón de la generación que veía en Woodstock el recambio representado por su cara más visible, el ya entonces legendario Jimi Hendrix. Pero si acaso hubo una banda que presentó de golpe lo que debía ser el Rock duro en su totalidad para las siguientes generaciones, tanto en sonido como en imagen y creatividad, Led Zeppelin es el primer nombre que se nos viene a la mente. Y razones hay de sobra, nada de casualidades.

   Hablar de Led Zeppelin es hablar de todo lo que aconteció en el Rock durante los '70, para muchos la era dorada de un género que adquirió un lugar privilegiado en la cultura popular del siglo pasado durante su segundo tramo. ¿Es posible imaginarse todo ese panorama rockero si Jimmy Page hubiese insistido en seguir cargando con ese muerto en vida que era The Yardbirds, donde antes militaron Eric Clapton y Jeff Beck, o donde sea sin haber cruzado camino con Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham? El solo hecho de que Deep Purple haya renovado y endurecido su sonido en 1970 luego de impacto causado por el visceral "Led Zeppelin II" deja en claro cuánto influyeron esos primeros dos trabajos en estudio en una escena que barrió de inmediato con los clichés de los '60, una época que vio nacer una revolución musical que sobrepaso todos los límites existentes, incluso a nivel de imagen y contenido. Porque si una cosa es cierta, más allá de los gustos personales, Led Zeppelin sobrepasó su propia imagen, privilegiando la creatividad y la exploración a través de rincones desconocidos, pero siempre manteniendo su esencia ligada al Blues, género al que Page le proporcionaría una sonoridad mucho más pesada y más directa en cada uno de esos riffs que no tardarían en establecer las bases del Rock duro durante las próximas décadas. A eso se suman el papel fundamental de Robert Plant en las letras, un cantante cuya voz servía como canal para expresar algo mucho más trascendente que historias de amor trágico  y temáticas similares, experiencias con drogas y borracheras con fines inesperados, temáticas recurrentes en el Blues británico de fines de los '60. "Led Zeppelin III", el álbum editado en 1970, era la prueba de que no estaban dispuestos a repetir fórmulas como las de sus trabajos anteriores, lo que le valdría una feroz e impacable crítica por parte de la prensa especializada de entonces. Resultaba incomprensible que, en vez de endurecer cada vez más su sonido, se la jugaran por hacer lo que ellos querían.


    Sería en 1971 el año en que cambiará el curso de la historia del Rock gracias a un trabajo que llamará poderosamente la atención, tanto por su enigmática portada como por los símbolos adjuntos. De acuerdo al propio Jimmy Page, aquella portada era una lámina que Robert Plant había comprado entonces en alguna tienda de baratijas y la conexión con la figura fue inmediata. Respecto a los símbolos rúnicos, cada uno representa a los integrantes de la banda, siendo 'Zoso' el más legible, el símbolo de Jimmy Page. Clara señal de que Led Zeppelin no era solamente una banda de Rock del montón. Todo lo contrario: el misticismo que los envolvía -en especial a Page, reconocido satanista y seguidor de la escuela filosófica fundada por el legendario Alester Crowley- no tardó en hacerse visible en la música. Y el cuarto álbum de Led Zeppelin será la prueba evidente de que esto iba mucho más allá de lo establecido.

   El comienzo de 'Black Dog', con Robert Plant desgañitándose a capella seguido de un riff juguetón y aplastante a la vez,  define de inmediato el camino tomado por estos cuatro señores, cada uno brillando por sí solo pero siempre en favor de la música. John Bonham era, entonces, el baterista más innovador que pudo tener el Rock en esos años, comparado solo con Keith Moon y Ginger Baker. Increíble el cómo rompe con todos los patrones rítmicos convencionales, mientras Page ejecuta un trabajo magnánimo en las seis cuerdas, rematando con un solo incendiario de su marca. Y si muchos pensaban que estos Zeppelin se habían olvidado de rockear como en el 69, 'Rock and Roll' es la evidencia suprema de que cuán equivocados estaban quienes pensaban que 'Led Zeppelin III' era una anomalía. Un homenaje a los años '50, con John Bonham despachándose una intro inspirada en un clásico del legendario Little Richard llamado 'Keep a Knockin' y Jimmy Page haciendo arder su Gibson Les Paul como nunca. En el bajo, John Paul Jones compensa su bajo perfil con una ejecución sólida y en vivo su presencia resultaba fundamental. Qué decir respecto a Robert Plant: una voz única, pura pasión. Realmente Led Zeppelin era una banda conpenetrada, con todos sus componentes apuntando hacia la misma dirección. 'Rock and Roll' refleja de manera fiel esta revolución, basada en los orígenes del género pero con el toque refrescante necesario para estremecer a las nuevas generaciones y recordarles a la 'vieja guardia' que con el cambio de década, la mentalidad también se renovaba. No era una coincidencia, sino un deber, una constante en la historia de la humanidad a la que Led Zeppelin respondía de manera magistral, lo suficiente como para dar el paso hacia la inmortalidad como referentes de los nuevos tiempos.


   El misticismo con que Led Zeppelin supo distinguirse del resto de sus colegas de generación se hace presente en 'The Battle Of Evermore', una pieza folk con tintes épicos, cuya letra contiene marcadas referencias a la reconocida saga literaria 'Lord Of The Rings' del mítico J.R.R. Tolkien. La guitarra acústica de Page, la mandolina a cargo de John Paul Jones y la voz de Plant -con la participación de la jovencísima Sandy Denny, cantante y rostro de Fairport Convention-, son suficientes para transportarnos a la Tierra Media y envolvernos en los misterios que rondan en sus alrededores. Para muchos es un clásico indiscutido, para otros es la antesala de lo que será la llave hacia la inmortalidad y erigirá a Zep como leyenda. No podemos hablar de otra pieza aparte de 'Stairway To Heaven', cuyo inicio acústico pareciera haber sido creada para impregnarse en los sentidos de todo aquel que la escuche por primera vez. No me referiré de manera profunda y detallada a esta canción porque, simplemente, se ha dicho y relatado de todo, sean mitos o verdades al respecto. Solo una cosa es segura: el solo de Jimmy Page, en sus versiones en vivo, alcanza proporciones gigantescas, haciéndote caer en un trance de aquellos, del cual es solo posible reponerse al final, con Plant interpretando el último verso en medio del silencio final, avisándote que estás de vuelta en la realidad. Más grande que la vida misma.


  La cara B del vinilo comienza de forma festiva gracias al riff inicial de 'Misty Mountain Hop', con Bonham marcando presencia como el responsable del peso aplastante de Led Zeppelin. Rutilante el trabajo en las voces de Robert Plant, mientras Page y Jones -éste último en el piano eléctrico- se fusionan en una muralla sónica cuya melodía alegre nos recuerda que estos jóvenes hacían realmente lo que querían, para despecho de la amarillista prensa musical inglesa, como ocurre también en 'Four Sticks', un corte soberbio y que representa d emanera magistral esa orientación hacia la experimentación con ritmos cada vez más inusuales. John Bonham grabó esta canción con dos sets  de dos baquetas -cuatro en total-, logrando una sonoridad única. Realmente Led Zeppelin era una banda que dictaba cátedra en cada uno de sus trabajos, tanto a nivel de sonido como de composición e interpretación. "Led Zeppelin IV", como sería conocido a nivel universal, no sería la excepción y, para entonces, la banda ya se ganaba un lugar merecido como una de las banda smás grandes del mundo, parándose de igual a igual con The Rolling Stones y The Who. Más claro echarle agua.

   La recta final del álbum comienza de manera melancólica y dulce, de la mano de 'Going To California', una pieza acústica cuya letra se refiere a la cantante canadiense Joni Mitchell, a quien Jimmy y Robert admiraban con devoción por su talento en la música y también como artista total. Si me preguntan cuál es el pasaje donde se puede apreciar mejor las cualidades vocales e interpretativas del entonces veinteañero Plant -al menos durante sus años dorados como el 'Golden God' que personificaba en contra de su voluntad-, ésta pega en el palo. Una melodía cálida y una interpretación con que el talentoso cantante se despegaba del mote de 'Rock-star' que tanto lo hartó, al punto de que su trayectoria solista desconcertó a muchos que jamás entendieron la verdadera identidad de Led Zeppelin mas allá de la imagen y el sonido. Y para terminar, el groove hipnótico de 'When the Levee Breaks', con el mítico John Bonham manteniendo su presencia de manera magistral en cada golpe y el maestro Jimmy Page exudando pasión a chorros por medio de las seis cuerdas. Broche de oro para un álbum que confirmaría dos cosas: el odio feroz por parte de una prensa musical amarillista a la que Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham respondieron de manera desafiante con sus mejores armas, y la orientación hacia la trascendencia espiritual en sus creaciones, en la que cada componente dio lo mejor de sus capacidades técnicas y creativas, siempre superándose a sí mismos. Así fue como Led Zeppelin se desmarcó del estresante ambiente competitivo propio de la escena a comienzos de la década, adquiriendo de inmediato el status de pioneros de toda una generación.

   "Led Zeppelin IV", luego de más de cuatro décadas, es la prueba viviente de que la verdadera grandeza está adentro. Eso de que Led Zeppelin logró superar su propia imagen es una verdad que no merece discusión alguna y debe ser recordada como ejemplo de actitud. El lema 'sexo, drogas y Rock n' Roll' es un juego de niños comparado con lo que realmente significa el género, incluso más allá de lo musical y estético. La grandeza de Led Zeppelin radicó en su mística, basada siempre en la amistad existente entre cuatro jóvenes músicos unidos bajo un solo propósito: la revolución de un género que de no ser por ellos, se hubiera estancado o añejado. Solo hubo una banda que se atrevió a recorrer la Escalera al Cielo hecha para los elegidos bajo la palabra de los dioses. Bendito sea tu nombre, Led Zeppelin. 


Escrito por: Claudio Miranda

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