Sonata Arctica: Lecciones para Amar, Desamar y Reamar

Gonzalo Ruiz13 de septiembre de 2026

El amor siempre ha sido un concepto y un tópico que ha fascinado a todos los artistas, desde Homero y Sófocles hasta Ricardo Arjona o Morat, y en este caso toca a una de las bandas finlandesas de power metal más importantes.

Como ya deben intuir, Sonata Arctica siempre ha tenido una fijación o una extraña relación con el amor, en todas sus clases y colores posibles. No hay forma de que los fineses no tengan, al menos, una canción sobre esto en sus discos. Los personajes sobre los que nos canta Tony Kakko abarcan un gran espectro que va desde la idealización de alguien y los celos hasta las pérdidas, las amistades arruinadas e incluso romances que parecen rozar la toxicidad posesiva. Esto lo ha reconocido Kakko, quien señala que sus canciones románticas, color rojo, tienden a la crueldad y la pena, porque las relaciones felices no ofrecen nada nuevo en lo narrativo.

Todos son distintos, aunque forman parte de un mismo espectro de desamor. Hay pérdidas corporales, pérdidas de historias y amistades, y también la desconexión con alguien a quien sentimos como un pilar en nuestra vida. Por eso he ordenado siete canciones de la banda siguiendo un relato que va desde el deseo hasta el vínculo esencial.

Para eso, y como me gusta complicarlo, decidí tomar dos autores que han hablado del amor desde distintas vertientes. Primero tenemos al gran Erich Fromm, quien entendió el amor como una capacidad humana que se aprende cuidando, conociendo, respetando y responsabilizándose, sin confundirlo con la apropiación del otro. Marcado por su visión de la Escuela de Frankfurt, también veía el amor como una unión entre dos personas orientada a un fin y a una cooperación mutua, siempre respetando la individualidad de cada uno, además del bien común de la pareja.

Por su parte, traigo a Darío Gabriel Sztajnszrajber, quien, siguiendo las enseñanzas de Derrida, más que explicar y entender el amor, viene a corroerlo o, más bien, desarmarlo. Cuestiona los conceptos de la media naranja, la fusión y la fantasía de que alguien viene a completarnos, de que necesitamos a ese alguien y de que ese alguien siempre existe.

De esta manera, Fromm intenta enseñarnos a amar, mientras que Sztajnszrajber pregunta primero cuánto de aquello que llamamos amor es, en realidad, necesidad, proyección o apropiación. Con esto a la vista, Sonata Arctica nos ofrece los ejemplos.

  • Shy. El deseo de querer a alguien que todavía no conocemos

No, estimados, “Shy” no es una canción inocente sobre alguien incapaz de acercarse a la persona que le gusta. Debemos dejar de mitificar esto. La letra es un poco más incómoda, más de lo que nos gustaría recordar. El narrador observa a una mujer mientras trabaja, la sigue con la mirada, sabe cuándo se va a casa y procura que ella no note que está pendiente de sus movimientos. Él mismo reconoce que está obsesionado. Todavía no existe una relación. Lo que hay es una obsesión y una construcción alrededor de alguien que ni siquiera ha accedido a una conversación con él.

Acá aparece nuestro amigo Fromm, quien claramente marca la diferencia entre sentir intensamente y amar. No basta con desear a alguien para conocerlo, cuidarlo o establecer un vínculo con él. Por otro lado, Sztajnszrajber explica por qué esta distancia frente a la otra persona alimenta el deseo sin necesariamente alimentar el amor, porque mientras el otro permanece lejos todavía puede cargar con casi todo lo que proyectamos sobre él. Básicamente la película The Obsession hecha canción.

La primera lección que aprendimos es que desear no es conocer.

  • Letter to Dana. Cuando descubrimos que la sexualidad del otro nunca nos perteneció

Si “Shy” vive antes del encuentro, “Letter to Dana” introduce algo más áspero y complejo. Aparecen los celos, la sexualidad y el juicio. El narrador lleva años escribiéndole a Dana. La ve asociada a una revista sexual, recuerda el rechazo de su padre por lo que consideraba un pecado, descubre que otra persona está con ella y promete dejar de escribir. Pero no puede. El tiempo pasa, Dana muere y aun así su diario sigue lleno de ella.

Aquí el desamor supera al anterior, porque el protagonista debe aceptar que el cuerpo y las decisiones de la otra persona existen y están siempre fuera de su control. Le pertenecen exclusivamente a ella. Dana es deseada, juzgada, esperada y recordada; pocas veces parece tener derecho a ser simplemente Dana. Pierde individualidad y pasa a ser un deseo, un medio, dejando de ser tratada como un ser humano y un fin en sí misma.

Fromm llamaría a eso un claro problema de respeto. Amar SIEMPRE exige reconocer la autonomía del otro. Sztajnszrajber iría más lejos, aún más categórico, al señalar que si necesitamos que el otro conserve la forma que le asignamos para poder amarlo, entonces quizá amamos esa forma y no a la persona.

La segunda lección aprendida es que el cuerpo del otro nunca fue nuestro, ni siquiera cuando creíamos estar enamorados.

  • My Selene. Cuando amar se convierte en idealizar

Cuando escuchamos “My Selene”, la fijación amorosa ya no se encuentra en el cuerpo, sino en algo mucho más inalcanzable y difícil de manejar, pues elevamos a la persona a una figura completamente celestial, pura e impoluta. Selene aparece como algo más que una mujer. Carga con ser la luna, un sueño y la salvación. El narrador espera una unión sentimental en el futuro, mientras cae en la cuenta de que se encuentra esclavizado por un sueño que nunca se hará realidad.

Acá está la trampa. Más que una canción de amor, es una canción clásica sobre la idealización y sobre cómo hacemos cargar con estas idealizaciones a otra persona. La persona amada se convierte en algo tan perfecto que deja de poder existir como alguien concreto, con problemas y errores. Fromm insiste en que conocer es una condición necesaria del amor. Aquí ocurre lo contrario. Cuanto menos sabemos del otro, más fácil resulta convertirlo en aquello que necesitamos. Darío ataca desde otro lado, pues la idea de que alguien puede funcionar como nuestra mitad perdida termina anulando su diferencia y desmonta el mito de la media naranja.

Esta tercera lección nos deja una idea clara. Idealizar parece engrandecer al otro, pero también puede borrarlo.

  • Tallulah. Cuando se rompe el “nosotros”

Acá vamos con una fuerte, que para muchos debió ser la primera en aparecer, pero antes necesitábamos recorrer un trecho. “Tallulah” nos presenta, por fin, una pérdida reconocible para cualquiera que haya terminado una relación. Aquí efectivamente hubo un otro y hubo un nosotros, todo materializado en caminatas, promesas, pequeños recuerdos y una idea de futuro. La ruptura obliga al narrador a mirar todos esos momentos desde un presente donde ya no significan lo mismo. Después emergen los celos, la imagen de ella con otra persona, la fantasía destructiva de recuperarla y las imágenes imposibles.

Acá no hay una reinterpretación negativa del pasado, como si todo hubiera sido una absoluta mentira. Lo paradójico y doloroso es que ambos parecían pensar la relación en términos de eternidad, aunque esta terminó cayendo al despeñadero de todos modos.

En este abismo se encuentran ambos autores. Fromm, siempre con Frankfurt, permite separar amor y posesión. De ahí que el término de una relación no signifique que nunca haya existido amor. El amor tampoco termina por el acto formal del quiebre. Por su lado, Sztajnszrajber recuerda que el otro se reafirma como otro mediante la capacidad de irse, cambiar y dejar de elegirnos. La libertad que hace posible amar es la misma que hace posible el desamor. Amor y desamor son dos caras de la misma moneda.

La cuarta lección es clara. El final de la historia entre nosotros no vuelve falso lo vivido. También reafirma la propia libertad de amar.

  • Shamandalie. Cuando el amor también destruye una amistad

Seguimos descendiendo hacia un dolor más concreto, ya no eventual ni ligado a una mera expectativa. Así “Shamandalie” duele de otra manera porque lo que se pierde existía antes de cualquier romance. Existía una amistad de infancia, un mundo propio compartido y una cercanía que parecía inquebrantable. Acá el problema fue alquimizar el vínculo y trasponer las conexiones entre amistad y amor. El narrador reconoce su error al comprender que la otra persona tenía mayor claridad que él, pues desde siempre supo hasta dónde podía llegar el vínculo entre ambos. El amor negado, entonces, terminó arrasando también con la amistad.

En este punto el llanto y el dolor ya no responden a la pérdida de una eventual pareja. Se llora por una persona que ha desaparecido de tu mundo porque el vínculo terminó por completo.

“Shamandalie” es y será una canción más típica de lo que se cree. Que yo confunda el vínculo y sienta amor no significa que vaya a cambiar la relación que tengo con esa persona. Fromm llama a esto respeto; Sztajnszrajber, otredad. Para ambos, se trata de aceptar que alguien puede ser esencial para nosotros sin ocupar el lugar que queremos asignarle. Ese lugar no lo decidimos únicamente nosotros. El otro, en su libertad, también decide qué espacio ocupar.

La quinta lección duele porque el desamor puede implicar perder a alguien que no nos amó de la manera que esperábamos y, con ello, perder también la forma en que sí éramos amados.

  • Juliet. Cuando amar significa borrar al otro

En sexto lugar nos golpea una reinterpretación del clásico de Shakespeare. “Juliet” lleva todas esas deformaciones hasta su conclusión monstruosa. El narrador ya no quiere solamente estar con la otra persona; existe un deseo de que ambos cumplan su promesa y compartan un destino que incluso puede arrastrarlos a la muerte. Cuando descubre que Juliet no se está apagando junto a él, su reacción es de horror, lejos del alivio. Su fantasía dependía de que dos vidas dejaran de ser dos y abrazaran un infinito que creían necesario.

Acá aparece otro punto de encuentro de Fromm y Sztajnszrajber. Fromm hizo la distinción entre el amor maduro y la unión simbiótica, de manera que estar unido a alguien no debería exigir perder la propia integridad. Darío, por su lado, sospecha justamente de la idea romántica de que dos personas “se vuelven una”, porque cuando eso ocurre alguien tiene que desaparecer. Sonata lo vuelve literal. La posesión, llevada hasta el final, termina destruyendo al amado como sujeto.

La sexta lección es que no debemos volvernos uno con nuestro ser amado. La posesión fracasa en conservarlo y termina destruyéndolo como individuo, anulando la colectividad.

  • Love. Estar juntos sin prometer que el mundo se detendrá

Y como si pensáramos que Sonata solo quiere hacernos sufrir, aparece un temazo como “Love”, una balada luminosa entre tanta oscuridad y toxicidad. Kakko contó que quiso escribirla pensando en esas parejas ancianas que todavía caminan tomadas de la mano. Pero ojo, la letra va más allá del amor para siempre. Es mucho más humana, porque toca temas tan cotidianos como envejecer juntos y hacerse más fuertes con el tiempo, aunque también reconoce que incluso las mejores historias pueden terminar. Una síntesis auténtica.

Erich Fromm diría que amar es una práctica, y esa es la tesis central. Implica cuidado, conocimiento, respeto y trabajo sostenido entre ambos, no solo en pos de lo individual, sino también de un colectivo relacional. Sztajnszrajber, por su lado, evitaría convertir esa duración en un nuevo mandato. De esta manera, Darío dice que una relación no vale por durar para siempre. Su valor también está en poder alojar a dos personas sin exigir que dejen de ser dos. Incluso un amor verdadero sigue siendo contingente y puede acabar.

Yo sostengo, siguiendo a ambos, que lo importante radica menos en la duración real de la relación que en vivirla y trabajarla como si fuera para toda la vida, luchando hasta el final. Que no falten días de amor.

De esta manera, con esta séptima lección aprendemos que reamar no es encontrar una fórmula para el amor eterno. Es amar sin necesitar que la eternidad sea condición sine qua non para considerarlo verdadero.

Entonces, suma y resta, Sonata Arctica no es ni será un manual sentimental, queridas y queridos lectores. Lo siento. Sus personajes suelen aprender tarde, mal o después de haber destruido algo o a alguien. Pero tal vez por eso funcionan, tal como lo dice Kakko. “Love” no se puede repetir 100 veces, pero lo negativo, lo doloroso y lo tóxico, como recursos en el amor, sí entregan y seguirán entregando material. Pero antes de volver a hacerle una traducción de YouTube con dos lobos humanoides abrazados, preguntémonos algo. ¿Cuánto de lo que llamamos amor pertenece realmente al otro y cuánto pertenece a lo que nosotros necesitamos que sea?

Dedicado este post a la persona que mas amo en este mundo y con quien intentamos, día a día, hacer de nosotros y nuestra relación un espacio único, no exento de conflictos, pero nunca falto de amor. Sin nombre ni etiqueta, por obvias razones. Aunque, espero, que solo leer la dedicatoria ya sepa que pienso siempre en ti.

Recuerda que Sonata Arctica se estará presentando el próximo 27 de septiembre en Teatro Coliseo. Entradas agotadas, de acuerdo a lo informado por la productora.


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