Quién pensaría que Santiago, atochado de smog y thrash metal, quedaría más cerca de Gotemburgo de lo que la geografía nos enseña. Si bien esto ocurre musicalmente, el puente parece claro: una especie de pliegue terrestre que nos acerca a la cuna del melodeath con uno de los grandes exponentes de nuestro país, y que claramente irrumpe como el Pillán en pleno San Ramón.
Quienes hemos seguido a Projector desde “Between the Nature and Ego” sabemos el potencial que siempre tuvo. No estamos hablando simplemente de la copia chilena de “inserte banda de melodeath sueca genérica”, sino de una agrupación que, poco a poco, fue adquiriendo una personalidad propia y que le permitió inspirarse, como el mismo Mr. Bocaz lo ha señalado, en agrupaciones como In Flames, Dark Tranquillity, Sentenced y, por supuesto, ABBA. Sin dejar de mirar a sus más cercanos correligionarios, Necrodemon.
Pero, luego de 10 años, la banda logra dar un salto enorme en calidad en estudio, algo que desde la postpandemia venía demostrando en sus shows internacionales y tocatas varias. La agrupación se ha visto bien condensada y afiatada, con un par de Rodrigos que han sabido adentrarse en las profundidades del inframundo, descender con las mismas herramientas de Orfeo, pero sin mirar atrás, y salir airosos con “Before The Last Light”.
Acá podría entrar en un sinfín de descripciones casi repetitivas del disco, track por track. No me gusta mucho eso, sino que me gusta expresar lo que sentí al escucharlo en repetidas ocasiones. Sí, es que, a través de los diversos pliegues geomusicales y navegando entre las capas de las influencias obvias y de sus primos hermanos del metalcore, con Trivium, con canciones como “Lawless” o “Living Resources”, la banda parece tomar este camino desde un punto de vista pesimista y mucho más introvertido.
Ahora bien, convengamos: el melodeath nunca se ha caracterizado por entregar mensajes de amor romántico o del positivismo semitóxico de los 80’s, pero acá creo que la banda hace propia una visión filosófica y política de resistencia ante lo que estamos viviendo. No por nada “200 Eyes”, que contrasta la brutalidad y la limpia voz que a veces emite Rodrigo Salazar, es un track que nació en pleno periodo de efervescencia del estallido social y que pronto se fue cegando y mutilando, no solo los órganos, sino también las esperanzas del futuro. Misma perspectiva de “Kakistocracy”, que, a punta de riffs modernos muy Jesper Strömblad, pasados por At The Gates y All That Remains, nos entrega una mirada, un tanto futurista, de cómo veían el 2026 ante el ascenso de la manga de corbatas sucias que nos gobiernan.
Entonces, el disco te entrega este contraste, esta dualidad propia que siempre ha buscado Rodrigo Bocaz: quiero que cabeceen, pero que también sientan el fragor y la densidad del sonido y de la propia realidad aplastante. En este punto, y a pesar del desorden que tengo ya, aparecen dos piezas para mí bastante claves: “Solitary Ascension” y “The Future We Deserve”, en donde aparecen los sonidos más íntimos de la banda, dignos de bandas tan hermosamente sombrías como Paradise Lost, Katatonia y Anathema, que se hacen presentes durante ambas canciones, siendo la segunda acompañada por la gran Cinthia Santibáñez de Crisálida.
Algunos, en la presentación y Listengin Party, comentaron, a mi parecer de manera apresurada y errada, que Projector se adapta a Crisálida para que Cinthia brille, pero considero que el error está en no entender desde dónde viene Cinthia y cuál es su cofradía musical. Ciertamente, Crisálida, pero ellos bebieron mucho de la banda común de la canción, que es Anathema, y la canción, más que un adaptarse, es un crear juntos, un intercambio hermoso dentro del mismo tronco común.
“The End Of Journey”, según Bocaz, fue escrita sin pensar en un final de disco u otro final, sino más bien como una grabación que termina para comenzar la nueva aventura de promocionar el disco, para que se genere la atención que merece. No hablaré del bonus track, ya fue lanzado hace harto tiempo, y creo que la atención la merecía el disco titular, además de que mucho ya hemos escrito en el pasado sobre el mismo.
Sin duda, es uno de los lanzamientos más destacados de este año. Creo que la propuesta vuelve a ser atrevida: profesan el melodeath clásico, pero han sabido darle su propia marca. Parece Gotemburgo, pero mucho fue hecho en San Ramón, al otro extremo del mundo, y no está teñido por el Estado de Bienestar, sino por un Estado Neoliberal, pensando en y para las empresas, donde hacer este tipo de trabajo no solo cuesta años, sino sangre y sudor, lágrimas, rabias y dolores de cabeza, y para que más encima tenga esta calidad y sonido, ufff, significa que el talento y la expertiz no es lo que escasea para Projector.
Esperemos que este disco sea la oportunidad que muchas otras bandas tienen, con más recursos económicos que musicales, para que los pliegues no sean solo un recurso geolingüístico que estoy usando, sino una verdadera realidad que los transporte a donde este género comenzó y que hoy, en 2026, tiene exponentes vivos y de inmensa calidad. Denle play sin miedo: en casi 45 minutos van a encontrar un acto creativo que pocas veces se da en estos lados de cerveza, godines y mezclilla.


