Kavus Torabi: “October by Name” marca el inicio de una nueva etapa en mi vida

Fer16 de septiembre de 2026





Guitarrista de Gong y figura clave en la escena experimental británica, Kavus Torabi llegará el 2 de octubre con "October by Name", el tercer capítulo de su trilogía de álbumes en solitario. Es un trabajo profundamente personal, construido desde la música, el dibujo y una fascinación por los sueños, la psicodelia y la muerte. En esta conversación, Torabi habla sobre el origen del disco, su vínculo con Syd Barrett, el aprendizaje que ha dejado su recorrido por bandas como Cardiacs, Gong y The Utopia Strong, y la búsqueda de una nueva etapa creativa en la que música y artes visuales puedan convivir como una sola obra.

“October by Name" parece condensar muchas de tus inquietudes personales. ¿Qué representa este álbum para ti? 

Creo que “October by Name” marca, para mí, el inicio de una nueva etapa en mi vida. Siento que he cambiado mucho como músico respecto a quien era en mis veintitantos y treinta y tantos, cuando hacía música mucho más confrontativa y que quizás requería muchísimos ensayos.

Creo que adopté un enfoque nuevo con el primer álbum de “The Utopia Strong", un cambio que ha influido en mi forma de trabajar con todas las bandas. Siento que este disco representa el comienzo de una nueva fase.

Tengo que buscar un nuevo lugar donde vivir el año que viene y, además, me voy a tomar un descanso de las giras con Gong. Quiero integrar mi música, mi obra visual, mis escritos y mis ideas, además de lograr una mayor integración entre todas esas cosas.

He pasado mucho tiempo ocupado en otros proyectos. Sobre todo, la reciente actividad con Cardiacs me apartó de muchas otras cosas; fue algo maravilloso, pero ahora quiero poder volcar mis energías en un único proyecto. Tengo algunas ideas sobre cómo combinar el dibujo y la música, y también mis ideas metafísicas sobre los sueños, la muerte y la psicodelia.

No sé si fracasaré o no, pero creo que esa es la siguiente fase.


Una de las canciones del álbum está inspirada en tu propio nombre y en un antiguo rey persa. ¿Cómo surgió esa historia?

Llevo el nombre de un antiguo rey persa, e bastante inusual, Qahus, y nunca había conocido a nadie más que se llamara igual que yo. Solo sabía un poco sobre este rey persa por lo que me había contado mi padre: que una vez intentó cruzar un océano en un trono transportado por águilas gigantes. Leí un libro sobre él, Shahnameh, que es una especie de libro antiguo sobre los reyes persas. Resulta que fue un hombre terrible, realmente terrible, llevó a la antigua Persia a la ruina absoluta. Libró una guerra contra demonios, pero también acabó poseído por un demonio a través de su música.

Me pareció muy interesante, ya que yo mismo me sentía poseído por la música —si quieres llamarlo demonio, adelante—. Al descubrir que a mi vergonzoso homónimo le había pasado lo mismo hace tantos años, terminé escribiendo una canción al respecto: sobre el rey que me dio nombre.


Eres un gran lector. ¿Hasta qué punto los libros y la literatura influyen en tu música?

Soy un gran lector, leo mucho. Supongo que los libros influyen en el lenguaje que utilizo y en el simple hecho de que me gustan las palabras. Me gustan las palabras, pero no es una influencia directa. No es que escriba canciones sobre libros ni nada por el estilo.

Con estos discos en solitario intento escribir sobre mi propia vida y sobre lo que estoy viviendo, para que así sirvan como un testimonio de quién era yo cuando los publiqué.

Lo mismo ocurre con el arte gráfico y la música: lo hago todo a mano y toco todos los instrumentos. Así que, en mi opinión, el disco entero se convierte en un reflejo de quién era yo en esa etapa de mi vida.

También aparecen elementos relacionados con la infancia y las inseguridades. ¿Por qué vuelves a ese tipo de experiencias?

Se trata más bien de plasmarte a ti mismo, uno se vuelca en su obra. Creo que todos los artistas hacen esto, ya sea de forma evidente o no. Pienso que siempre ocurre hasta cierto punto. Gran parte de ello tiene que ver con quién eras, la infancia que tuviste y la vida que llevas.

Al final, creo que vuelcas todo eso en tu trabajo.

El título del álbum nació de un sueño. ¿Qué importancia tienen los sueños en tu vida y en tu obra?

Creo que los sueños tienen algo especial. Si lo piensas bien, cuando sientes ira en un sueño, realmente la experimentas; y si sientes pérdida o tristeza, te sientes genuinamente triste y desolado. Si te visita un viejo amigo, o incluso alguien que ya falleció —un amigo o un familiar—, esa experiencia de volver a ver a esa persona tiene una cualidad que se siente mucho más real que el simple recuerdo.

Es como si recordaras lo que era estar con esa persona y cómo te sentías a su lado. Por eso creo que los sueños son algo realmente significativo. Es algo que he pensado a lo largo de toda mi vida.

Siempre me han atraído las experiencias o cosas que parecían tener un matiz sobrenatural. La música, en su máxima expresión, posee esto. Los psicodélicos también tienen esa cualidad, los sueños también. 

Cuando la música realmente te llega, parece conectar con otro lugar, con algo más allá de nosotros, tal como lo hacen los sueños.

Y ahora, a mi edad, estoy empezando a darme cuenta realmente de que todas estas cosas —los sueños, el arte, la magia, los psicodélicos y la muerte— están conectadas con lo mismo. Al igual que el nacimiento y la muerte, creo que todo está interconectado.

Así que mi misión ahora es profundizar en esto e intentar desentrañar de qué se trata todo ello.

Al hablar de psicodelia y sueños es inevitable pensar en Syd Barrett. ¿Qué significa para ti su figura?

Me encanta Syd Barrett, creo que fue un artista increíble. Para mí, en los tres álbumes que creó —el que hizo con Pink Floyd y los dos en solitario— estableció un arquetipo o un modelo para una forma de hacer música.

Creo que muchos artistas han podido tomar lo que él inició y crear algo nuevo a partir de ello; entre ellos, David Bowie, Julian Cope, Tim Smith y muchos otros.

Siento que Syd definió una forma de ser: una especie de estrella de rock alejada del estereotipo machista, alguien capaz de cantar sobre misticismo y psicodelia, pero mezclándolo todo con humor. El hecho de que cante con su propio acento es realmente inspirador, es algo maravilloso con lo que poder establecer una comparación.

Has formado parte de proyectos muy diferentes: Cardiacs, Gong, The Utopia Strong, Guapo y tu carrera en solitario. ¿Cómo cambia tu forma de trabajar en cada uno?

En cada proyecto diferente trabajas de manera distinta. No es solo que la dinámica cambie porque las personas son otras; también puede variar tu papel dentro de la banda. Por ejemplo, en Cardiacs era la banda de Tim Smith. Al principio yo estaba allí para interpretar las partes y trabajar en ello, pero él era el compositor principal. Lo mismo ocurría en Guapo, otra banda con la que toqué.

En The Utopia Strong —un trío acústico-electrónico— la dinámica es distinta: existe una democracia mucho más marcada entre los tres.

Y luego está Gong, que funciona de otra manera. Tal vez yo componga las canciones, pero después las arreglamos entre todos como banda. Así que cada proyecto tiene su propia energía.

Me encanta estar ocupado, pero sobre todo me encanta crear cosas. Haga lo que haga, siempre me gusta estar produciendo algo. Mientras no sienta que me estoy quedando sin ideas en un proyecto, soy muy feliz siguiendo con la creación.

Con una banda como Gong, por ejemplo, ya hemos grabado cuatro álbumes de larga duración en esta etapa actual del grupo. Seguimos creando música y la experiencia sigue resultando emocionante. Eso es algo maravilloso.

Cuando era mucho más joven, cuando empezaba en esto, siempre imaginaba que estaría en una sola banda. Pensaba que sería la banda en la que tocaría toda la vida. Así que sí, la verdad es que me siento muy afortunado por lo que tengo.

Las portadas y el aspecto visual parecen tener una importancia especial en tus discos. ¿Qué relación existe entre la música y el arte visual?

Me gustó la idea para estos discos porque me encanta dibujar. Me atraía la idea de imponerme ciertas reglas para crearlos y decidí que tenía que hacerlo todo a mano.

Eso significaba que todos los instrumentos debían tocarse realmente; no podía programar la batería ni nada por el estilo. Tenía que tocarlo todo yo mismo, manualmente, también tuve que hacer a mano todas las letras y el diseño artístico, realmente me encanta. Encuentro todo el proceso sumamente gratificante.

Además, trabajas de manera independiente y publicas tu música a través de tu propio sello. ¿Qué libertad te entrega eso?

Esa es otra ventaja de hacerlo así: como lo publico a través de mi propio sello y es un proyecto totalmente independiente, el resultado —la música, el arte y todo lo demás— se convierte en una obra muy honesta y libre de pretensiones. No tengo a nadie diciéndome: “Cambia esa parte”, “no hagas esto” o “no hagas aquello”.

Al final, simplemente tengo que confiar plenamente en mí mismo, debido a eso, todas las decisiones se vuelven mucho más instintivas. Llegas a un estado en el que realmente no te lo cuestionas; simplemente piensas: “Bueno, si así es como suceden las cosas, así es como tienen que ser”, eso resulta realmente liberador. Ojalá hubiera empezado a hacer esto cuando era más joven.

¿Y cómo te gustaría que la gente escuchara este álbum?

Eso se aplica a toda la música que hago. Me encantaría que la gente hiciera una escucha profunda, que realmente se adentrara en ella. Con un álbum así —los discos en solitario, donde yo mismo hago la mezcla y cuido cada detalle—, creo que mi forma de grabar y de hacer los arreglos se parece mucho a mi manera de dibujar.

Hay muchas cosas pequeñas, como ocultas detrás de otras, muchos detalles escondidos ahí dentro.

Espero que la gente pueda escucharlo y percibir todos esos detalles que he incluido, aunque, claro, no sean algo estrictamente esencial. Pero sí, le dedico mucho esfuerzo. Al fin y al cabo, este es el tipo de discos que a mí me gusta escuchar y también el tipo de discos que me gusta hacer.



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