El fin de la existencia de una banda, tal como con las personas naturales, tiene importantes efectos en el plano de la vida, no solo emocionales, sino incluso jurídicos o de implicación moral de trascendencia de un legado artístico o personal, y es en este terreno en que se plantó la carrera de Pentagram con esta gira de despedida. Real o no, debemos tocar el punto.
Y bueno, como buenos buitres muchos están esperando que el fiambre esté listo para la posesión efectiva, pero algunos nos hacemos algunas preguntas previas: ¿quién seguirá el camino de Pentagram? ¿Existe algún elegido como continuador espiritual? ¿Tiene herederos realmente o algún legatario? Es más, y acá a título personal, ¿realmente habrá sucesión? Insisto, para que podamos dividirnos las cosas, las tres o cuatro pilchas, debemos saber: ¿hay un muerto realmente?
Son preguntas metafísicas y jurídicas absurdas, pero ¿realmente Pentagram se despedirá así? ¿Este fue el fin? ¿Cuál es el fin? Para averiguarlo, sigamos leyendo aguas abajo.
Luego de atender cuanta persona con problemas, como demandar al Estado porque la criatura perdió el pie en una pelea de la cana, llegué a duras penas al recinto de Ernesto Pinto Lagarrigue para disfrutar de una necesaria noche de Doom Metal, de esas que no siempre hay, a pesar de lo brumosos que somos como país.
Acá el relato se vuelve difuso, puede que algunos eventos no hayan ocurrido como se relatan, pero al entrar inmediatamente me encuentro con un Enano de la Tierra Media, tolkiano y caucásico, con quien aprovechamos de comentar el abrupto final de la banda, que viene de un maravilloso trabajo de estudio y que parecía tener mucha cuerda, al menos más que la del festival de personajes del gobierno caduco.
El recinto estaba, ya antes de las 19:30, particularmente lleno, de lo que emergían muchos personajes, o engendros como le dicen los más trues; yo prefiero llamarlos entes o ejemplares, fauna suena despectivo. El aroma verdoso y pungente se sentía desde ya, como si necesitáramos más bruma, más presión, más densidad, como si no fuera suficiente con la vida que tenemos.
Pasan los minutos, llegan algunas noticias sobre la imbecilidad de la reforma constitucional, que busca crear engendros, seres humanos sin humanidad, de tercer orden, y una infinitus de estupideces más. ¿Qué significa para nosotros realmente esto? ¿En qué me afecta la Constitución?
Vuelta y vuelta, entre personas menos despiertas que otras, entre zombies que caían blancos al piso, entre cerveza que no dejaba de correr, ahí aparece Bitterdusk, demostración viva de lo que quiero probar.
“Implacable Amanecer” y “Reminiscencia de Fuego” nos dan una cruda demostración, para quienes no los conocen, del producto doom nacional. Calidad impecable, que se demuestra en “El Llamado”, con una muestra nostálgica que uno no logra entender de dónde viene. Aunque yo creo entender de dónde viene.
Tal vez no sea una idea mía, tal vez la escuché, pero con todo lo que ha sucedido este año, desde marzo de 2026, me ha quedado claro por qué el metal es tan fructífero en este territorio y, sin miedo a generalizar y utilizar una metáfora como dijo el Kash, en todas sus malditas ramas. Y yo creo que es por nuestra forma de vivir la vida, de cómo afrontamos el día a día y nuestra propia idiosincrasia.
Del mismo río se bebe el tamaño que tenemos, y es que las bandas saben interpretar, reinterpretar y crear un sonido que entiende la vida y el día a día de nuestro amplio espectro. Así, mientras algunos azotan con velocidad, otros nos sumergen en una prensa para un machaque mucho más intenso. Bitterdusk busca eso, oscuridad y humareda, abatirnos desde el muro tupido y sónico y no con agresividad.
Setlist potente, hermoso y digno de una banda que siempre es placentero escuchar en vivo, una elección notable y buena manera de iniciar la jornada. Terminando a lo grande, y mientras aún sigue llegando gente, vieja fauna que he visto como en 999 conciertos, Sala Metrónomo claramente reventó ya en ese punto.
Entre empujones, saludos, bebestibles, juegos y estupefacientes, de esos que le gustan a la gran mayoría del gobierno, como a la exministra del Deporte, la máquina de humo a todo dar para que se comiencen a presentar, poco a poco, los miembros de Pentagram.
Todos listos, con Bobby Liebling recién rescatado de los malvados SENAMA, o una Senior House, comienza la fiesta de indespedida, así he decidido llamarla, con “Live Again”, corte de su más reciente trabajo, para golpearnos la cara con las clásicas “Starlady” y “The Ghoul”.
Sinceramente, no logro comprender por qué este sujeto se quiere retirar, está como tuna, y yo creo que los 2020s le han sentado espectacular. Giras enormes, increíbles presentaciones y un discazo de principio a fin. Si hay alguien que gana en aura, con sus pasitos cortos y movimientos lentos, es claramente Bobby y sus muchachines.
Y esto se nota, no solo en piezas clásicas como “Sinister” o “When the Screams Come”, sino en todas las canciones que seleccionó de su disco “Lightning in a Bottle”, como “I Spoke to Death” o “Dull Pain”, que no solo tienen un enorme recibimiento, sino que suenan frescas, repletas de energía (de la que podemos pedirle al Doom, claramente) y con ganas de seguir escuchando música nueva.
Cosas como estas ya me hacían dudar de su retiro, y a los malditos hijos del demonio se les ocurre interpretar “Sign of the Wolf (Pentagram)” y “Review Your Choices”, dejándonos la muestra de que no es una banda agotada o cansada, sino que pareciera estar en plena vida musical, con una voz impecable, muy cuidada y un sonido que me dejó marcando ocupado.
Entonces, yo veo esto, veo que el caballero está como tuna, de pie, en muchas mejores condiciones que muchos de ese lugar, y se me hace imposible e impensado que quiera dar por muerta a Pentagram.
Más si después se manda un encore perfecto, con una tríada de clásicos que en mis sueños más febriles pensé escuchar por segunda vez: “Forever My Queen”, “Be Forewarned” y “20 Spins”. Hermoso cierre, trece canciones, aunque sigo insistiendo, y pucha que sonará repetitivo, muy majadero, pero siento que este no puede ni debe ser el final.
De partida, me faltaron muchas canciones y discos por repasar; en su primera venida hicieron un mejor recuento que esta vez. Pero, por sobre todo, no veo a Bobby sentado en el Hogar de Cristo, no creo que haya asilo que pueda detener ni encerrar a un hombre como él. Por esto y más, siempre debemos recordar qué cresta es Pentagram y la relevancia como institución doommera, y por qué tiene el lugar ganado indiscutido en la historia de la música extrema.
Llegó el momento de la retirada, y mientras el humo se disipa, las gárgolas y entes vuelven a sus puestos, algunos tal vez con pena, otros encantados, algunos inconformes, y yo soy parte de ellos.
El show fue impecable, pero este no puede ser un final y ya, necesitamos más. Y yo creo que hay más, dudo que la apertura y delación de la herencia ocurra así y ya, sin mayor festejo, sin mayor repaso, como la extinción misma de una persona natural, sino que debe ser rimbombante, como fue su carrera, excéntrico y dejando miles de herederos a ciegas, sin legatarios, como el 98% de las herencias en Chile, intestada y que los que quedan se encarguen de todo, de mantener y conservar la masa de música que creó Pentagram, pelearse y demandarse eternamente por quién es el verdadero continuador espiritual. Si no es así, no quiero nada.
Si este es el final, te retiraste como quisiste. Si no lo es, nos veremos en el camino salvaje al inferno, querido viejo sabroso, o sea, Bobby Liebling.
SETLIST PENTAGRAM
Live Again
Starlady
The Ghoul
I Spoke to Death
Sinister
When the screams come
Sign of the Wolf
Dull Pain
Review your choices
Thundercrest
Walk the sociopath
Be Forewarned
Forever My Queen
20 Buck Spin
Fotos por Ariel Lobos
Review por Gonzalo Biava






