Siempre es bueno volver al pasado: reencontrarse, descubrirse o simplemente recordar momentos que parecían olvidados. Hay quienes prefieren no mirar atrás, pero Robbie Williams decidió hacer exactamente lo contrario: regresar a buscar una parte de sí mismo. El resultado es "Britpop", su decimotercer álbum de estudio y el punto de partida de una nueva gira mundial que llegará a los escenarios el próximo 27 de septiembre en Estadio Bicentenario de La Florida.
A través de este disco, Williams quiso hacer algo diferente. Quizás, incluso, algo que llevaba décadas esperando publicar, porque "Britpop" parece conectar directamente con aquel joven que abandonó Take That en 1995, justo cuando el britpop comenzaba a transformar para siempre la música británica.
Treinta años después, Robbie no intenta volver a ser aquel joven. Lo observa desde la distancia, juega con su propia historia y construye una especie de ilusión: ¿qué habría pasado si ese disco hubiera existido entonces?
El álbum abre con 'Rocket', una canción alocada, cargada de guitarras envolventes, energía y ganas de bailar al propio ritmo, sin importar demasiado lo que piensen los demás. Sus coros, actitud y elegancia dejan claro desde el comienzo que estamos frente a un disco que quiere divertirse y, sobre todo, pasarlo bien.
Luego aparece 'Spies', que funciona como uno de los himnos del álbum, mientras 'Monsoon' baja las revoluciones y apuesta por un tono más melódico. Allí aparece un Robbie más reflexivo: un hombre de familia que mira hacia atrás y piensa en una juventud que, quizás, pudo haber aprovechado de otra manera.
'Cocky' es otro de los puntos altos. Desafiante, juguetona y con las guitarras tomando el protagonismo, la canción parece dialogar directamente con algunos de los grandes íconos del pop y el rock de los años 80. Es pegajosa, tiene personalidad y posee ese espíritu de canción que parece diseñada para quedarse dando vueltas en la cabeza.
El álbum llega a su cierre con 'Bite Your Tongue', una canción que parece confirmar varias de las ideas que Williams ha planteado sobre guitarras, himnos y canciones pensadas para ser cantadas a todo pulmón. Hay en ella una invitación directa a disfrutar, bailar y corear. Es, de alguna manera, la mejor previa para lo que promete ser su regreso a los escenarios.
No cabe duda de que "Britpop" está construido alrededor de esa fantasía de haber podido existir décadas atrás. Su mezcla de pop, rock, electrónica, alguna que otra balada y ese inconfundible espíritu británico funciona como un juego con el tiempo. Williams toma sonidos, códigos y actitudes de una época que marcó su formación y los transforma desde la perspectiva de quien ya vivió el éxito, el exceso, la fama y también el paso de los años.
Por eso, "Britpop" funciona menos como una máquina del tiempo que como una conversación entre dos Robbies: el joven que quería convertirse en una estrella y el hombre de 52 años que ya sabe exactamente lo que significa conseguirlo.
Y quizás ahí está lo más interesante del disco. Robbie Williams no necesita volver a los 90. Puede visitarlos cuando quiera, tomar lo que le sirve, jugar con sus recuerdos y regresar al presente con nuevas canciones.
Treinta años después, todavía tiene algo que decir.
