Angra en Chile: "Brasil es una Invención"

Gonzalo Ruiz25 de agosto de 2026

Si bien nos encontramos en un mundo donde pretendemos dar las cosas por sentadas, todo lo tratamos de objetivar y, más encima, si sumamos la inmediatez, todo se vuelve pueril. Le tenemos miedo a la dialéctica, a agitarla como bandera, y nos adormecemos y aplanamos. O planchaditos, dirían los alienistas.

Esto, por alguna extraña razón, se ha vuelto cotidiano en las conversaciones. Dejen de meter la política en todo, la música no es política, el arte no es político; solo postideología y chocolate sin cacao. Un fenómeno así suele hacernos perder el norte, más aún en Latinoamérica, donde tenemos una memoria política muy frágil.

En un contexto como este, y más crudo, unos brazucas se atrevieron a levantar un disco y reconstruir el relato de la leyenda negra portuguesa que no fue recibido culturalmente como debió ser, a manifestar, desde adentro, que el sincretismo no era rosa ni santo, sino que estaba lleno de cicatrices siempre abiertas. Todo esto ayuda a que el disco Holy Land emergiera en un ambiente tan postpolítico.

Hagamos un salto temporal ahora. Es agosto de 2026 y nos dirigimos a un nuevo regreso de Angra, con un cambio vital tras la salida del carismático Fabio Lione. Les cuento que, yo sabía del cambio, sabía que ahora estaba Alirio Netto y los pergaminos que tiene; también sabía de los shows de reunión que hicieron y del single que lanzaron para promocionarlo, pero quería verlo en vivo y dar mi opinión certera sobre el punto.


El encuentro ocurre en el Teatro Teletón, un lugar que evoca recuerdos. Muy buenas memorias metaleras hice en este lugar y creo que muchas otras pueden llegar a suceder, y esperaba que esta noche no fuera la excepción. Vaya que no lo fue. Llegué a las puertas del Six Seven: orden, gente respetuosa, de negro y con chaquetas de mezclilla, pero bien portados. Una y uno medio jugosos, pero respetan la norma de no fumar en los recintos cerrados, cosa que es un tanto insólita. Luego hago memoria y, claro está, el público del power metal siempre ha sido así: quitado de bulla, borracho y hadístico, mágico o como quieran decirle. Nada más ni nada menos.

Es curiosa la magia, sobre todo en un show como este. Si bien existe el arquetipo de que el metalero del power es un caballero/a o hada/o sin axe, lo cierto es que, en esta oportunidad, la magia está entrelazada. Sí, no hablamos simplemente de hechiceros: hablamos del realismo mágico, vanguardia, mariposas amarillas y criaturas que se absorben a sí mismas. Adiós a la separación entre razón y fantasía; bienvenidos al lugar que no necesitaba de cruces, arcabuces ni carabelas para ser feliz.

La magia, que perdió mi querido Bulla, está luego de escaleras, trampas, impuestos y obstáculos que debemos evadir, tras un telón en escalinatas muy indoamericanas. Mientras encuentro un buen puesto, comienza a sonar “Crossing” para dar pie a la apoteósica “Nothing to Say”, cantada a todo reventar por los chicuelos y chicuelas que llegaron aquí.


De una, Angra marcó su principal diferencia: de vuelta a la afinación standard, de vuelta a la energía y a la fiesta, a la propia idiosincrasia. Alirio Netto muestra todos sus pergaminos, especialmente mientras continúa con “Silence and Distance” y la monumental “Carolina IV”, que nos empinó en un punto sin retorno absoluto.

Ya lo dije en una nota anterior, pero lo recuerdo mientras suena “Holy Land”, y es que Angra no solo construye un relato no lineal y dialéctico de origen en este disco, sino que da muestras de reivindicación del mito fundacional, lleno de denuncias, pero que nunca tuvieron el peso cultural que vivió la Leyenda Negra española.

Estoy un poco desordenado, lo sé, efectos de la congestión, pero lo que hace Angra no puede dejarse atrás. Puede que muchas otras bandas lo hayan hecho antes, puede que no sea la pionera en usar sonidos autóctonos o propios del territorio, e incluso afrobrasileños, en el metal, pero sí tiene un puntazo al hacer del disco una reconstrucción del mito brasileño, del entendimiento por Brasil o, como yo lo defino, pasándome los saltos temporales por buena parte, una musicalización de la gran tésis de Ailton Krenak: “Brasil es una invención”.


Mientras suenan la poderosa e indigenista “The Shaman” y la reconciliadora “Make Believe”, y los golpes propios de una masacre colonial, entre sangre y rojo, emerge la esperanza de conexión entre ambos mundos: el mundo originario y el mundo invasor. Nunca olvidemos que antes no existía Brasil: era una tierra libre de colonialismos e imperios marinos mercantilistas.

“Z.I.T.O.” y “Deep Blue” solo vienen a seguir demostrando el enorme momento que tiene la banda, donde la presentación de Alirio se roba completamente la película, mas no el oro, de todos los que estábamos presentes. Es más, yo soy un convencido de que ese sujeto salió a cantar completamente desnudo y a farmear todas las voces posibles que tuviera.

El disco llega a su fin. La claridad de que “lo brasileño” viene de toda esta mezcla, a punta de pólvora y espadas, nos lleva a seguir reflexionando sobre lo identitario que puede ser un sonido, por ejemplo, para un territorio o una población. Si “lo brasileño” es una construcción, “lo metalero” lo es más. Angra demuestra que la construcción de Brasil y del metal está en la contradicción, toma partido por la negatividad, pero saca lo positivo del choque dialéctico. Lo mismo el metal, pues muchos conocieron los ritmos indígenas de Brasil con Holy Land.


Dicho y hecho, aparecen los clásicos de la mano de Teletín. Así, “Stand Away”, “Tide of Changes” y “Angels and Demons” dan una vez más muestra de lo suelta y tranquila que se siente la banda. Y qué decir del hombre del metal Netto (not Flamma), don Alirio, que confirmó que salió completamente desnudo a cantar, interpretando tres épocas con una solidez pocas veces vista estos años con Angra.

A ver, a Fabio Lione lo considero extremadamente mágico, carismático, pero la banda perdía mucha aura con él; era como un devorador de aura porque todos los reflectores lo apuntaban. Alirio funciona como un puente, y toda la banda se desenvuelve, se mueve y sonríe de manera distinta. Los devuelve a lo que es Brasil en sí: cantando en inglés, bailando, haciendo pasitos de samba y de Axl Rose. El espíritu revive con él.

Y bueno, el resto del show fue solo demostrarnos que Angra había vuelto a sonar como Matos lo habría soñado, o como lo habría esperado, o lo espera, quién sabe. “Wuthering Heights” funcionó como un enganche para los fanáticos de Lord Satan o Aspirina, al igual que “Waiting Silence”.


No tengo más que agregar respecto de “Carry On” y “Nova Era”. Todos dirán que fueron monstruosas, como siempre, así que solo hago presente que las tocaron y fue el mismo acometimiento y mocha de siempre.

Termina el show con ese temazo y me voy con una sensación muy encontrada. Creo que es el mejor concierto de Angra desde la primera vez que los vi, en 2018: sonido espectacular, sabiendo lo que a veces ocurre con el Teletón, que es muy traicionero si no lo doman, con un aura colectiva, con una felicidad y feeling entre todos que parecían vivenciar lo propio que cuentan en el disco.

"Holy Land", y este Angra, se entrelazan con Krenak y responden a la eurocentrista pregunta: ¿cómo era la vida en Brasil antes de los europeos? BRASIL ES UNA INVENCIÓN, UNA TIERRA NI SANTA, NI ROSA, NI NEGRA; UNA TIERRA LIBRE Y QUE SANGRA.


Brasil es invención de una invasión, como todos los países de América. La invasión europea no nos civilizó, nos mutiló; como un aparato de captura , tomó los flujos de hombres, mujeres y niños que veían el mundo a sus anchas y los convirtió en un territorio delimitado, les puso colores y una nación, les cortó los flujos existenciales y lo llamaron Brasil, Chile, Colombia, Perú o Venezuela.

“Mi hogar era infinito, cabía en la palma, lo podíamos oler, recorrer y alimentar, hasta que un disparo le cambió el color, la lengua, el sabor y el aroma”.


SETLIST

Crossing

Nothing to Say

Silence and Distance

Carolina IV

Holy Land

The Shaman

Make Believe

Z.I.T.O.

Deep Blue

Lullaby for Lucifer

Stand Away

Tide of Changes – Part I

Tide of Changes – Part II

Angels and Demons

Wuthering Heights (Kate Bush cover)

Waiting Silence

Carry On

Rebirth

Encore:

In Excelsis

Nova Era


GALERÍA COMPLETA


Fotografías por Mauricio Villaroel

Review por Gonzalo Biava

Publicidad
Cargando anuncio...