En plena catástrofe y en medio de plegarias, nos embarcamos en una nueva aventura en estas inhóspitas fechas de julio. Avizoramos tierra firme y sincera entre tantos fanáticos y torturadores religiosos; así como entre desalmados reformistas, avanzamos y nos encontramos con un lugar en que sus habitantes, con abundante brebaje, nos invitan a ponernos de pie a escuchar, escuchar el latido, el latido del culto a ese sonido ruidoso que anima fiestas y celebraciones, y que reconforta el alma entre tanto peligro que acecha afuera.
Decidimos adentrarnos y beber los brebajes que nos ofrecían, y poco a poco fuimos conociendo al común de sus habitantes. Llenos de cuero, algunos calvos y otros de largos cabellos, disfrutaban de cantos en vivo mientras bebían y bebían, todos llevando distintos símbolos de pertenencia: agrupaciones musicales que destacaban por lo magnánimo de su logo o por los recuerdos que evocaban en quienes los portaban; una completa adhesión.
Y creo que esto es lo que intenta convocar el metal más de culto, y vaya que lo logró en Sala Metrónomo cuando se llamó a grandes exponentes para realizar tamaña hazaña: básicamente incomodar a sus vecinos y a lugareños.
Letalis dio el primer golpe, con toda su armada y el speed/heavy que profesan desde hace un par de años. Así, como blandiendo la espada, la experiencia y portando cadenas, dan azotes con su material, "Fiera de Acero" , "Directo a la Muerte" y "Escupe Fuego" son la representación perfecta de lo que se trata todo esto: entrega, distorsión y energía.
Con el estandarte de "Insoportable Speed", entendiendo como realmente debe ser el metal para sus oyentes externos, Letalis se erige como uno de los baluartes del heavy metal actual en Chile, dignos hijos del under y el culto, que siempre sigue latiendo hasta la eternidad. Presentación completamente sólida, metidos en su personaje y con un aura que se extraña en la escena, en otras palabras, tienen un gran sentido del espectáculo, más allá del talento.
Merecidos, más que nadie, la oportunidad para el próximo año de ir a mostrar su música. O sea, ¿hay algún exponente, vigente y relevante, que profesa este religioso speed/heavy en Latam?¿ y con esta misma pasión y técnica? pregunta para que se hagan ustedes, fanáticos y haters.
El segundo round viene por Azeroth, que interrumpe nuestra calma con una dosis de power metal oriundo desde Argentina.Una muestra completamente distinta, más armoniosa, pero no menos veloz, es la que traen a nuestros oídos y como ofrenda estos sujetos. Quienes se dedicaron a repasar su inmensa carrera, siendo, increíblemente, esta su primera visita a nuestras tierras angostas y escondidas.
"El Mandato", "Y Sus Máscaras Caerán" y "Más Allá del Caos" fueron parte de los presentes musicales que pudimos escuchar. No crean, oh por dios no lo crean, que se sentían nerviosos en esta presentación, para nada. Es más, comenzaron diciendo que tenían muchas ganas de venir hace años a nuestras tierras, fecundas en minerales, que muchos relatos y visiones habían tenido del público, y que merecían, por Ngenechén, un recibimiento así. Y vaya que los recibimos así, a tal punto que nos regalaron una canción extra, no registrada y a modo de encore, su clásico "En Agonía".
Llenos de vitoreos y gritos se retiraron a su descanso los bonaerenses, cuando el público ya se comenzó a situar dentro del recinto de Barrio Bellavista. Claro, ahora venían las verdaderas delicias musicales, por lo que el brebaje comenzó a correr, en azules y verdes latas plateadas. Cuando todos ya habíamos bebido, y saciado nuestra sed, vimos, o creí haber visto, una criatura antropomorfa de edad milenaria.
Con un tequila en el brazo derecho, y la espada en el izquierdo, Johnny marcó el camino para el retorno de una de las leyendas del heavy metal, una banda de culto que no podemos dejar de escuchar, los poderosos Riot, presentados ahora como Riot V, en honor al guerrero de mil batallas Mark Reale.
Diezmados han llegado a nuestras tierras abundantes en cobre, litio y salmón, pues su actual vocalista, el itálico Valentino Francavilla, presentaba problemas de salud en su garganta, pero aún así decidieron presentarse ante nosotros y darnos un emocionante show, acortado, según figura en su setlist, pero que mantuvo la llama eterna de las focas vivas.
Así con piezas como "Victory", "Johnny's Back" y "Warrior" desataron moshes increíbles, bailes necesarios, golpes urgentes, cabeceos incesantes, todo en pos de este hermoso momento, hermoso momento de destrución. Un ritual eterno de destrucción, realizado con un piso completamente libado con cerveza local, y con humo sintético y de combustión tabacalera, y con una banda que dio una enorme presentación cargada de experiencia y amor por el metal.
Un himno como "Thundersteel" puso fin al mainset, aunque la banda volvió enseguida. Con las liras dispuestas a disparar nos miraron, pero antes don Valentino nos dijo, medio en broma, medio en serio, dijo algo más o menos así: "Chilenos, metaleros más grandes del mundo, dignos hijos de su bello caos, he dejado hoy la garganta sobre el escenario, por ustedes, de quienes leyendas y visiones se tienen, de moshes incesantes, prometo resistir con tragos de tequila hasta el final". Y así fue, "Sign Of The Crimson Storm" y "Swords and Tequila" cerraron su presentación con un desenfreno total.
Sobre una manga de motos se retiró Johnny y sus muchachos, raudamente, porque ahora vendría la destrucción completa, un verdadero meteorito que asolaría la bien ponderada Sala Metrónomo. No exagero si digo que el show que vino ahora es la furia del Pillán o el Cabrakán, porque realmente pocas bandas pueden llegar con ese nivel de brutalidad, luego de tantos años, oh largos años.
Luego de compartir gratas conversaciones con sujetos presentes, el cuarteto neerlandés, comandado por el señor Patrick Mameli, vino a ofrecer una nueva versión de brutalidad y técnica a nuestro país. Tal como hace casi 1 año, Pestilence cayó como una hecatombe sobre nosotros y solo fue caos, ese caos que solo ellos pueden generar, caos en el momento del caos.
No se guardaron absolutamente nada, desde hermosas y potentes tonalidades como "The Trauma" y "Lost Souls", o más "modernas", o de la segunda era, como "Resurrection Macabre" nos atraparon en una vorágine completa.
No olvidemos la relevancia de Pestilence, por favor nunca, que de ellos se han escrito miles de palabras y que nunca terminan de cerrar la leyenda de culto que es y será para nuestra música. A ver, el atrevimiento de Pestilence es recordado por las mezclas que hizo, que dieron rienda al death metal más técnico, denominado technical death metal, e incluso al progresivo. Y ahí la línea es completa. Cuando uno escucha esta banda, duda de que sigan sin recibir el crédito necesario. Seamos claros, sin Pestilence no solo bandas como Beyond Creation y Obscura no existirían, sino también Opeth, a quienes claramente influyó en sus primeros trabajos.
No perdamos de vista esto, oh espero que nunca, mientras disfrutamos, danzamos en un círculo virtuoso, con múltiples acometimientos, y nos desgarramos el cuello con "Land Of Tears" o "Reduced To Ashes" que canta las voces de todas y todos, las ganas de dejar todo en puras cenizas.
Para finalizar este climático momento, y luego de una brevísima pausa, el clásico de clásicos "Out Of The Body" terminó por elevar nuestros cánticos y deseos, a quién sabe dónde, pero entregamos la energía y voz completa al rito, dimos cuerpo y bebida abundante, muy abundante, la que ayudará a que estas huestes lleguen sanas y salvas a su nuevo destino, y prontamente a su tierra patria.
Y bueno, así termina una nueva versión de este festival en nuestra tierra cobriza, con la gente bien ejercitada, bien bebida, y dispuesta a retornar a sus casas. Pero cada una de ellas se irá con un mensaje claro, no hay como esa pasión por el metal de culto, ese metal fuera de las grandes producciones y marketing, el que se realiza desde el alma, si es que la tuviéramos, y el que nace más del corazón que del bolsillo. No digo que sea mejor, no digo que hay que ser puristas, digo que a veces hay que tener una pasión más allá de la sola producción musical, y eso aún vive y persiste en estas bandas.
Por eso conciudadanos, y en vista de los tiempos que atravesamos, los invito a mantener viva la música de culto, a avocarnos a escuchar los latidos de este culto eterno, y no a preocuparnos de obligar a las mujeres a escuchar latidos de un conjunto de células que ni médica ni legalmente son vida, que más que latidos son palpitaciones.
Libemos nuestros deseos, ojalá con cerveza y el mejor vino, y veamos la vida próspera que nos depara, que esto siga siendo eterno, aunque pasen mil años, y que la bandera de nuestro culto siga ondeando por siempre.
GALERÍA COMPLETA
FOTOGRAFÍA POR ARIEL LOBOS
REVIEW POR GONZALO BIAVA









