Carlos "Oso" Kretschmer (Los KK): "Lo más fuerte que tenemos hoy es un sentimiento de resistencia"

René Canales16 de junio de 2026



A 35 años de su mítico casete de culto, la banda vuelve con La vida es un infierno y la rabia intacta. Conversamos con Carlos sobre los orígenes precarios del grupo, las letras escritas en dictadura, los paralelos con el Chile de hoy y una convicción que cruza toda la charla: el punk, antes que una revolución musical, es un cambio que empieza por uno mismo.

Pocos discos en la historia del punk chileno cargan con el aura de culto que rodea al debut de Los KK. Editado en junio de 1989, en los estertores de la dictadura, aquel puñado de canciones —diez temas en apenas diecisiete minutos— circuló durante décadas de mano en mano, de casete en casete, degradándose en cada copia hasta volverse mito urbano. "Los KK nunca van a volver", se repetía en el circuito. Pero volvieron.

Lo hicieron primero de a poco —un show aniversario en 2012, un par de apariciones en 2017— y luego en serio, con un disco nuevo bajo el brazo: La vida es un infierno. Este año sorprendieron al público del RockOut subiéndose al escenario casi sin aviso, entre Machuca y 2 Minutos, para mostrarle a varias generaciones que la banda que grabó aquel casete adolescente sigue viva y con algo que decir.

En Resistance conversamos con Carlos —voz e historia del grupo, también de BBS Paranoicos— sobre todo eso: la precariedad de los inicios, el peso de las letras escritas bajo represión, el resurgimiento de la extrema derecha y por qué, en sus palabras, "el cambio tiene que ser personal".

Resistance: Bueno, Carlos, primero que todo, muchas gracias por concedernos esta entrevista para Resistance. Es un honor y estoy muy contento de poder estar conversando contigo después de este regreso de Los KK, que a varios fanáticos dejó súper entusiasmados. Tuve la oportunidad de verlos ahora en el RockOut cuando tocaron de sorpresa y la verdad es que estaba súper sorprendido cuando, claro, bajaron a la banda anterior y después se subieron ustedes; fue increíble.

Carlos: Sí, también fue una sorpresa para nosotros.

R: Me imagino. Entonces quiero partir preguntándote un poco... claro, eso fue igual menos sorpresivo pa' lo que íbamos, ¿no es cierto? Como a esta especie de tocatas punk, por decirlo así, que fue bien masiva. Porque juntaba distintas generaciones: gente que era más joven, otra gente que ya venía de un sonido mucho más viejo del punk. Con este cruce de sonido, ¿cómo fue para ustedes presentarse frente a este público bien punk? Como que todos íbamos a escuchar más o menos lo mismo, pero que venía de diferentes generaciones. ¿Cómo fue la recepción para ustedes?

C: Mira, primero que nada, fue bien sorpresiva nuestra participación en el concierto. A nosotros nos avisaron el día antes, en la tarde-noche. Entonces, claro, no tuvimos mucha oportunidad de pensar en el festival, qué hacer, cómo íbamos, con qué nos íbamos a encontrar, ni mucho menos tampoco en el público. La verdad es que nos pilló tan de sorpresa que lo que hicimos fue organizarnos, concentrarnos y partir inmediatamente al concierto al día siguiente.

Claro, yo conozco Lollapalooza, he tocado ahí con BBS Paranoicos un par de veces y también he ido de público, pero no se parecía a lo que estábamos viviendo ahí en RockOut. No había podido ir las veces que se hizo antes, así que me lo tomé con mucha alegría; la posibilidad de poder ir a mostrar el material nuevo que tienen Los KK, sobre todo ante un público bien masivo. Creo que tuvimos la suerte de agarrar un buen horario, que fue alrededor de las 16:00. Esto fue porque la banda del ex guitarrista de Misfits canceló su participación a última hora. No hubo tiempo de hacer ajustes y nos pusieron en ese horario, lo cual fue súper bueno para la banda porque tocamos después de Machuca y antes de 2 Minutos. Había cierta afinidad, no solo por el idioma, sino por la gente que estaba presente a esa hora.

Mira, lo que tú dices es cierto: el punk tiene hartas generaciones. Consideremos que el punk partió a mediados de los 70 y llegó a Chile a mediados de los 80; en el 87 por ahí creo que se empezó a hablar bien de punk. El primer disco de Los KK es del 89 (salió editado en junio del 89). Y nosotros estábamos al otro espectro de la edad: en esa época nosotros teníamos 16 años y Cristian, el baterista, tenía 15. Imagínate lo que significó para nosotros llegar a esta edad a un concierto tan grande y poder mostrarle nuestra música a toda esa generación que hubo entre el año 89 y el 2026, y poder hacerlo no solo como un acto de nostalgia, sino presentarles un material nuevo, un disco nuevo que es "La vida es un infierno".

R: Sí, claro, hablaba de este disco que se grabó en el 89 y que después vivió por varias generaciones para adelante, pese a la corta vida de Los KK a mediados de los 90. Es un disco que yo —para que te hagas una idea, tengo 25 años— escuché por primera vez cuando tenía 16. Para mí y en el circuito del rock, hablábamos siempre como un mito urbano: "No, Los KK nunca van a volver".

Quería preguntarte: ¿ustedes, cuando grabaron eso, me imagino que lo hacían en el minuto porque les gustaba la música y querían tocar, con ese ímpetu juvenil que uno puede ver hasta hoy día? ¿Pero pensaron en algún minuto que ese disco iba a llegar tan adelante, a presentarse en un escenario grande y a trascender generaciones? Y al mismo tiempo, ¿pensaron que en algún minuto iban a pasar de ese disco y hacer otro material nuevo, como lo han hecho ahora?

C: Mira, hay varias cosas ahí. En primer lugar, nosotros como personas somos gente que ama la música por sobre todas las cosas. Sabíamos en ese momento que era lo que más nos gustaba y que probablemente íbamos a insistir mucho con hacer bandas o tocar. Pero éramos chicos, no teníamos recursos, no teníamos dónde ensayar, no teníamos instrumentos, no teníamos ninguna posibilidad de pensar en que lo que estábamos haciendo iba a tener alguna trascendencia.

Eran las primeras bandas. Era la época de Caos, de Ocho Bolas, de Anarquía, que estaban recién sacando también sus primeros trabajos y demos. Pero también era la época en que bandas de metal chilenas estaban haciendo ese proceso; desde los primeros Pentagram, Dorso, Squad, bandas así que estaban sacando sus primeros discos. Yo creo que me inspiré un poco en esa escena, en lo que ellos hacían, en cómo presentaban los discos, los demos, cómo se hacían entrevistas para fanzines mano a mano. No existía una plataforma digital donde compartir información o donde poder tener un archivo permanente. Estábamos al principio de la historia.

Teníamos ganas de hacer una banda porque nos gustaba la música, no teníamos con qué, pero nos daba lo mismo. Nos conseguíamos un bajo hechizo, una guitarra acústica a la que le poníamos un pedacito de lata para que sonara más metálica, un cajón de velador era la batería... y así ensayábamos. Partimos ensayando en los dormitorios de cada uno y después nos concentramos en ensayar en la casa de Hernán Velázquez, que es uno de los guitarristas hasta hoy. Pero jamás pensamos que esto iba a trascender en un año, dos años o cinco años.

Lo más curioso es que el grupo duró un año en esa época. Es decir, duró el año 89 y a principios del 90 nos separamos, principalmente porque cada uno tenía que seguir estudiando. Estábamos en el colegio todavía, luego entramos a universidades distintas y ahí nos perdimos un poco el contacto (sin celulares, sin internet, hay que entender el contexto). Al poco tiempo, empezamos a hacer música en otras bandas. Cristian comenzó con Santiago Rebelde, y yo con BBS Paranoicos, que partieron el 91.

Volviendo a tu pregunta: nunca tuvimos la intención ni la idea de que esto fuera a trascender. Logró trascender, yo creo, por la esencia que tenía el disco. Era un grito bastante desenfrenado, una música muy cruda y muy simple, pero con letras muy atingentes al momento actual que vivíamos como país. Estábamos en dictadura, estaba Pinochet, había represión. Suena fácil decirlo, pero vivirlo no fue fácil. Al menos cuando eres un adolescente que tiene ganas de comerse el mundo... fue un poquito así.

R: Sí, disculpa la interrupción. A propósito de eso que anoté: las letras. Una de las cosas que me ha llamado la atención es cómo, independiente de lo que uno pudiera hablar sobre producción musical, las letras en esa época siento que eran lo que más importaba. Y justamente el disco de Los KK funcionaba como una especie de radiografía social con espíritu crítico, que llamaba mucho la atención de personas jóvenes. Siento que el regreso de Los KK ahora llega también en un momento súper importante en términos del presente social y político del país. Quería preguntarte por el paralelismo que ven: ¿fue coincidencia o fue algo que ustedes dijeron "este es un momento en el cual nuestra música hace sentido y queremos volver con esa rabia", sobre todo sabiendo que están en una etapa distinta de sus vidas?

C: Antes de contestarte esa pregunta, te cuento que, si bien nos separamos en el año 90, volvimos a juntarnos en 2012 para un show en particular (un aniversario de los Fiskales Ad-Hok en el Teatro Caupolicán). Ellos nos convencieron de que nos juntáramos los cuatro para un show porque en realidad nadie nos había visto tocar en vivo. Nadie sabía ni quiénes éramos. Fue muy loco, porque en todo ese tiempo la música de Los KK se empezó a compartir de persona a persona en casetes. Ese formato se desgasta con las copias. Mi copia sonaba bien, la que tú grabaste de la mía sonaba un poquito peor, y así sucesivamente, hasta encontrar copias que ya ni sonaban. Pero era tanto el aprecio de la gente por ese material (lo veían como una cosa de culto, muy de nicho y under) que quizás eso hizo que se valorara mucho más el momento en que fueron escritas las canciones.

Aquí nadie pretendía ser un gran músico. Éramos chicos y estábamos aprendiendo nuestras primeras notas. Pero eso no era problema, la filosofía del punk (como expresión libertaria) te permitía subirte a un escenario a decir lo que pensabas. Daba un poco lo mismo si la música era más o menos melódica; lo importante era la actitud, el atreverse a ocupar este canal de expresión tan potente para decir que no estás conforme. Eso fue lo primero que quisimos hacer.

El momento que vivíamos en los últimos años de la dictadura se reflejaba en represión en la calle. Los pacos no tenían mucha consideración, había detención por sospecha. O sea, te veían raro en la calle, te podían parar y hasta tomar detenido solo por ser tú. Imagínate a un loco de un metro noventa rapado, con un montón de amigos parecidos y con símbolos; era súper fácil que te tomaran detenido. Y ese es solo un pequeño aspecto: en la dictadura pasaron cosas horribles, murieron más de 3000 personas que todavía están desaparecidas. Hoy se habla con ligereza sobre el pasado que ha vivido esta sociedad, no se le toma el peso.

Y con eso te hago la unión con el momento actual, en el que se ha visto un resurgimiento de posturas de extrema derecha, que incluso han llegado a ser opciones presidenciales. Tuvimos que elegir entre opciones súper extremas que apuntan a una sociedad más conservadora, menos libre, con más control de las personas, de lo que opinan y de lo que dicen, con menos espacios. Ese es otro punto en común con el 89: no había espacios para tocar. Ahora, aunque existe una lógica comercial impregnada en el circuito, estamos en un momento político muy complejo para este país. Se están cerrando espacios, los presupuestos del gobierno para cultura y educación están siendo cuestionados y restringidos; lo mismo con la salud y la alimentación de los niños. Acá no funciona una política de "vamos a arrasar con todo para construir el Chile que queremos". No es así. Entonces, el sentimiento más fuerte que tenemos en este momento es un sentimiento de resistencia, de rabia. De no dejarse avasallar. Y creo que es un sentimiento que va mucho más allá del punk.

R: Claro, es muy actual. Y como tú decías, ahí en el punk juega un poco este puente: no importa tanto la parafernalia que lo rodea, sino más bien el mensaje y la posición que uno toma. Con esto te quería preguntar, ya para ir cerrando: ¿Cómo ven lo que viene después para Los KK? ¿Qué viene después de "La vida es un infierno"? ¿O están trabajando sobre la marcha?

C: Empezamos a trabajar de manera un poquito más firme a fines del 2022 y 2023. Retomamos la idea de hacer todo más seguido. Inmediatamente nos invitaron de muchos lados; mucha gente quería ver al grupo. Habíamos tocado solo en 2012 y en un par de shows puntuales en 2017. Cuando nos juntamos ahora, nos dimos cuenta de dos cosas. Primero, que el material grabado que teníamos era muy escaso (10 temas en 17 minutos) y no podíamos estar tocando solo 20 minutos en un show. No era la idea.

Lo segundo es que yo no soy muy fan de la nostalgia. No me gusta vanagloriarme del pasado ni creer que "todo lo antiguo fue mejor". Hay que mirar las cosas en su contexto. Tuvieron un valor (quizás histórico) y marcaron la pauta para otras bandas. Hay miles de bandas en YouTube que han hecho covers de ese disco en toda Latinoamérica. Así que surgió la necesidad de plantearse hacer canciones nuevas. Pero hacer un disco nuevo después de 35 años es complejo, porque uno como ser humano ya es distinto. Seguimos teniendo rabia, pero en estos 35 años no nos fuimos a la playa; seguimos haciendo música. Esa experiencia necesariamente influye en lo que estás armando.

Mucha gente nos decía "hagan algo como en el 89". Pero en el 89 teníamos 16 años y hoy día tenemos más de 50. Hay un dominio del instrumento diferente y una experiencia que te hace tratar de hacerlo lo mejor posible, llegando al estilo, pero tocando como se hace ahora. Lograr esa simbiosis era súper complejo. "La vida es un infierno" es el primer intento que hacemos para construir una plataforma desde la cual empezar a trabajar. Necesitábamos actualizar ese sonido a lo que podemos hacer hoy.

Sacamos este disco en vinilo, fuimos a tocar a Colombia hace poco, y fue increíble porque la gente se sabía todo. Fue una inyección de energía hermosa. Nos han invitado de otros lados, nos contactó gente de Ecuador, de Brasil... es loco, nunca pensamos que llegaría tan lejos. Tocamos con Total Chaos, con Arpaviejas de España, y terminamos tocando con Evaristo (La Polla Records), que fue una de nuestras influencias primordiales. Fue una semana hermosa que nos cargó la mochila con energía. El disco se está escuchando harto. Es cosa de darle tiempo para que la gente comprenda que este es un primer paso y que probablemente se venga otro trabajo a futuro y más conciertos. También hemos tratado de tocar en lugares donde la gente se sienta segura. Eso es algo que aprendí con el tiempo: al principio todo era caos y destrucción. Ahora me preocupa que la gente viva una experiencia segura. Han habido problemas grandes en conciertos punk, ha muerto gente, y eso, por lo menos a mí, no se me olvida.

R: Es interesante, es un aspecto que se toca poco. Siempre se asume que el espíritu del punk es destrucción y caos, y que la visión del artista, una vez que madura, debe ser distinta, ¿no es cierto? Te lo pregunto así...

C: Mira, uno tiene una visión como persona, como ser humano. Yo siempre he hablado de que el punk parte por uno mismo y que el cambio tiene que ser personal. O sea, es uno el que tiene que cambiar para intentar cambiar el mundo. Al revés no funciona. Musicalmente hablando, no creo que una revolución salga del punk. Si ves la historia, podemos sentarnos a discutir qué ha logrado el punk en términos geopolíticos en 40 años. Pero si hacemos el análisis interno de "¿qué ha hecho el punk por mí?", ahí la visión es distinta. A mí me ha ayudado a construirme como ser humano, a tener una opinión crítica, a no quedarme con lo primero que leo en internet, a decir las cosas que pienso y siento, y a escribir canciones.

Cada persona en el punk podría decirte lo que ha sido para ellos. Sería hermoso que la suma de todas estas posiciones convergieran hacia algo que nos haga ser una mejor sociedad. Actualmente no se ve por dónde, el mundo está a pasos de la autodestrucción y a nadie parece importarle. De eso hablan un poco las letras del disco nuevo: de cómo estamos cerca de la destrucción total, pero estamos preocupados de TikTok.

R: La veo de una manera única. Oye, Carlos, muchas gracias nuevamente por el tiempo y la entrevista. Ha sido increíble poder conversar contigo. Te dejo un espacio por si quieres decirle algo a los seguidores de Resistance para que escuchen el disco y para que sigamos alimentando la cultura punk en Chile. El micrófono es tuyo.

C: Primero que nada, agradecerte a ti y a todo el equipo por la entrevista. A Paola también por la gestión. A todos los seguidores de Resistance: mucho aguante. Y bueno, voy a cerrar con una frase: ahí está la música, ahí está nuestro trabajo presente, espero que les guste. Pueden ir a escucharlo a nuestras redes sociales o a Spotify. Pueden comprar el disco, que sería hermoso, porque los discos son cosas físicas que no se borran; es bonito atesorar algo físico, porque tienen todo un concepto y un orden. Tengan discos, porque son tesoros que se guardan para toda la vida. Y bueno, esto es punk, así que al que no le gusta, que haga su propia banda.

R: Buenísimo Carlos, muchas gracias.

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Carlos "Oso" Kretschmer (Los KK): "Lo más fuerte que tenemos hoy es un sentimiento de resistencia" | The Resistance