Cult of Fire lleva más de una década decidido a alejarse de los terrenos clásicos del black metal occidental. Mientras en algunas latitudes siguen buscando blasfemia o nihilismo, esta banda checa decidió construir una identidad junto al hinduismo, el budismo y lo tántrico, llevando la música al siguiente nivel, acercándola a un ritual.
Con discos como “मृत्यु का तापसी अनुध्यान”, “Moksha” y “Nirvana”, el proyecto liderado por Vladimír Pavelka inició un viaje espiritual y contemplativo en la exploración de los conceptos de la muerte, la trascendencia y la liberación final del espíritu. Abandonaron la música como sinónimo de oscuridad y se acercaron a la transformación como un vehículo en sí.
En su más reciente trabajo, titulado “The One, Who Is Made of Smoke”, se aborda la historia de Dhumavati, una de las diosas Mahavidya del hinduismo tántrico. Según la historia tradicional, esta diosa fue maldecida por Shiva para ser la eterna viuda, condenada a experimentar para siempre el rechazo, el aislamiento y la pérdida.
Pese a esto, Dhumavati no es sinónimo ni representación de sufrimiento. Muy por el contrario, es una figura que encarna una comprensión sobre el dolor como forma de destruir el ego y encontrar la verdad espiritual más a fondo. El concepto es que la viudez, el vacío y la soledad ya no son castigos, sino caminos hacia la trascendencia espiritual.
El álbum funciona y se presenta como un viaje emocional y espiritual dividido en diversas etapas. En las primeras piezas, como “Loss” y “Mourning”, se carga con la melancolía, el lamento y una sensación asfixiante de ausencia. Todo es un aura de duelo interminable.
Así aparece “Anger”, donde pasamos derechamente a la rabia. Ya no es un sonido contemplativo; ahora es iracundo, violento, como si el sufrimiento interno nos llevara a un consumo absoluto. Todo esto sigue un concepto de mantra de “destrucción para transformación”, cercano a lo que se entendería por dialéctica.
La gran ruptura ocurre en “Dhoom”. Desde aquí, el trabajo abandona el duelo y entra en un ambiente ceremonial. Y esto se nota en la música, donde las melodías y percusiones orientales se suman a una voz ritualista que crea el ambiente propicio para una meditación espiritual, más que un sonido de black metal tradicional.
El cambio es radical: “Blessing” y especialmente “Joy” introducen melodías extrañas e inesperadamente luminosas y de alto grado de esperanza. La agrupación no pretende que evitemos el sufrimiento; más bien, debemos atravesarlo completamente para tomarlo y transformarlo.
En este último álbum, y como en toda la carrera de los checos, la espiritualidad no es simplemente decorativa ni una demostración exótica. Pavelka es un creyente y un estudioso en esta materia, a tal punto que visitó un templo de Dhumavati en India para solicitar la venia y bendición de esta deidad antes del lanzamiento mismo del trabajo. Esto refuerza la conexión de alma y filosofía que inspiró este trabajo.
Todo esto transformó al black metal y lo ocupa como una herramienta para el viaje, el trance y la contemplación espiritual.
Nuestro trance viajero culminó con “There is More to Lose”, una canción claramente inquietante, pero completamente ambigua. Cuando uno esperaría el “final épico”, aparece una sensación extraña: un sentimiento de vacío, ausencia o insatisfacción trascendental eterna.
Y esto es lo que se pretende con el disco. Dhumavati no es la salvación fácil ni la felicidad absoluta. Más bien, representa un vacío necesario de aceptar, vivir y aprender de la pérdida y, muy importante, encontrar pertenencia y sentido en la destrucción. Acá es donde Cult of Fire avanza más allá: convierte y realza el sufrimiento como una experiencia propia y profunda de la humanidad, y de su conexión altamente espiritual, que nos mantiene pegados a la realidad.
Recuerda que la banda se presentará en Chile el próximo 16 de mayo en Teatro Cariola. Entradas por Ticketplus.

