A medida que avanza el tiempo, me he ido dando cuenta de la significación propia que ha adquirido Dream Theater para toda una generación de amantes del progresivo. Pasó de ser una banda más de la escena progresiva a ser una banda que logra canalizar todo, que arma y desarma, desterritorializa y vuelve a reterritorializar todos los flujos propios de este estilo de interpretar las vibras sonoras.
Si a eso sumamos el gran cariño que han recibido en Chile desde el año 2005, era cosa de tiempo que aterrizara en nuestro país para que todo quedara grabado en algún registro oficial. Y qué mejor manera que ahora mismo, cuando han vuelto a su formación de oro y más estable en la historia, con el regreso del Sr. Portnoy; todo debería ser una fiesta… y lo fue.
A diferencia de lo que algunos palurdos pensaron, y que como buenos wahabistas casi que lo afirmaron, Resistance sí se dirigió a las inmediaciones del Movistar Arena desde tempranito, para disfrutar de esta gran jornada, la peregrinación de los fervientes creyentes del progresivo hacia la Gran Meca del Parque O’Higgins. Esta cruzada trae de todo, sobre todo los intelectualoides del prog; les digo desde ya, esta reseña y yo nos declaramos contra este fundamentalismo, más si un Jerry durmiendo te molesta tanto, tanto que no entendiste el último trabajo de tu banda.
Pero volvamos a la realidad. Una vez ahí, tomamos posición en el Movistar Arena para una noche que estaba lejos de ser breve, ya que fueron casi 3 horas de un show pantagruélico y sublime. Pero antes de ir a eso, hacer mención de que las sillas no lograron cumplir un objetivo, si es que lo tuvieron, porque el show fue visto completamente de pie por todos los asistentes. Lo que llevó a muchos, incluido Portnoy, a preguntarse: ¿qué razón hay para cometer este acto tan sacrílego de poner sillas? La verdad no lo sé; hasta ayer pensaba que era por la grabación del registro, pero al ver que el propio Mike llamaba a un “descontrol latino” me pareció algo sin explicación.
En este momento les digo, queridas y queridos lectores, yo no voy a describir estructuras, ni escalas, ni qué nota ni semitono, ni microtono; acá solo se hará un análisis desde otra perspectiva. Si quiere ese tipo de contenido, hay muchas otras páginas que hablarán sobre eso.
Sentados estamos para el inicio de la máquina del prog; las luces se apagan de golpe y comienza a funcionar el Teatro Maquínico, comenzando con el primer acto del concierto, con el repaso completo del disco “Parasomnia”, lanzado el 2025. Como todos lo vimos, menos los ilustrados de internet, Dream Theater preparó cuidadosamente la temática de esta presentación, por lo que colocó una cama a mitad del show. ¿Razones? La temática del disco y el relato sobre los trastornos del sueño que sufrimos.
Comienzo un viaje en mis pensamientos, mientras mi cuerpo reacciona a “Night Terror”, “A Dead Sleep” y “Midnight Messiah”, que irrumpieron la presentación, haciendo presente que la máquina se encontraba funcionando a todo su poderío maquínico. No hay necesidad de copiar el disco, hay que darle fuerza desde la presentación, y eso es lo que vemos desde este acto.
La música comienza a engarzarse y engancharse, formándose un sistema completamente funcional y musical, al punto que todos se conectan, haciendo que hasta el tan criticado James LaBrie brille en esta nueva noche, y cómo no, si es parte de este conjunto.
Todo fluye, todo se arma, todo se expresa en lo que Dream Theater comienza a presentar con el final del acto en “The Shadow Man Incident”, mientras inflan un hombre sombra que nos vigilaba desde la derecha del escenario, acechándonos, aguardando que todo se apague para desvivirnos; esto mientras se nos van 20 minutos de vida, acechados por las sombras… parece que hemos caído en las diatribas del sueño, con sus peligros. Hombres sombra nos acechan yyyyyyy suena el despertador: llegó el momento del interludio y algún cocaví.
La catarsis reflexiva aumenta demasiado, la presentación está notable, no exenta de errores, alguno que otro nervio, pero se siente real y orgánica; se siente realmente humana, capta la realidad misma del ser humano, imperfecto, bello en su imperfección. Y es que eso hace que Dream Theater sea maquínico: no el hecho de que sea un sistema 100% ordenado, sino que vive dentro de flujos musicales, flujos que orillan y corren el compás un poco más allá, cambian el tempo un poco más allá, en pos de una creación excepcional y única.
La pantalla me indica que debo dejar de reflexionar tanto, con una línea temporal de los 40 años de la banda (41 en realidad) que se detiene exactamente en “The Enemy Inside”, que azota a todo el Movistar por completo. Así comienza el Acto II: el repaso histórico, como un baúl abierto. Es espléndido; aparecen piezas que tal vez uno no esperaba en este lugar del año, a esta altura, como son “A Rite of Passage”, “Fatal Tragedy” y “The Dark Eternal Night”, recuerdos de tiempos más nobles, guitarras más nobles para épocas más nobles.
El final de este acto va con dos espectaculares canciones: “Peruvian Skies”, con sus guiños a Pink Floyd y Metallica, y “Take the Time”. Y no hay que pasar desapercibido este final, porque es la muestra misma de la maquinaria progresiva, de cómo confluyen los inmensos flujos progresivos, cómo vemos pasar no solo los años, sino las influencias de la banda en cada nota: aparece Rush, Pink Floyd y Yes, que se entremezclan con Iron Maiden y Metallica para dar pie a una verdadera máquina viva, y que retumba todo el Parque O’Higgins con su actuar.
Territorio más, territorio menos, hemos llegado al encore, el acto final. “A Change of Seasons” pone fin a un apoteósico y opíparo final, una rolita de 24 minutos, con una estructura tan típica como la que Dream Theater logró acostumbrarnos.
Mientras pasamos de parte en parte, comienzo a pensar en este live que sacarán y cómo quedará plasmado el Teatro Maquínico que han montado por tantos años. Es que, siguiendo a DYG, ya no se trata de instrumentos que son fijos, sino de piezas ensambladas por un bien mayor: Rudess no es Rudess, sino que gira en su espiral en pos del sonido de Dream Theater; John Myung no realiza sus líneas y galopes para destacar, sino para que la máquina avance y continúe creando, una máquina progresiva, máquina musical, erigir el escenario del teatro.
¿Por qué? Porque estamos guiados e impulsados por el deseo, la fuerza de nuestra creación. Potencia productiva, la combustión que pone a funcionar a Dream Theater. El progresivo, el deseo progresivo, se muestra en estos shows, con lo bien diseñados, las pantallas, la forma en que se colocan los músicos y, sobre todo, en la música que constantemente mueve la cerca más allá, cambia las reglas, quiebra todo, rompe compases y vuelve a reconstruirlos. No hay descanso real; un concierto de Dream Theater, uno como el que vivimos anoche, es una verdadera muestra de transformación constante.
Intensidad, escuchar y ver a Portnoy mucho más lúdico que el 2024, feliz y saltarín; un James LaBrie seguro y firme, llegando a tonos que tal vez no lograba hace años, a pesar de la edad; y de los otros maestros, para qué hablar. Esto hace de Dream Theater un Teatro Maquínico, no como un relato de historias, sino como una escena de fuerzas que se representan musicalmente. El escenario, físico e imaginario, se transforma en espacio donde hay intensidades, donde aparecen los flujos, y que esta máquina progresiva inventa cortar y reorganizar, pero también deja que fluyan libres, para que el acto creativo explote.
Está todo tan bien pensado, que si miras al escenario, nunca verás a algún músico atento al resto: saben lo que hacen, están conectados por los flujos musicales, por los flujos progresivos del metal/rock.
Puede que esta reflexión en vivo se sienta densa, como para algunos la música de Dream Theater; puede que lo extenso del show, casi 3 horas, te haga sentirte aplastado; la cantidad de cambios y arreglos, y que en vivo te retuercen el cuerpo, como si nosotros comenzáramos a formar parte del flujo progresivo. Nos atrapa, nos envuelve, nos empuja y terminamos catatónicos o estupefactos frente al show. Varias veces me perdí, me vi envuelto en el sonido, un sonido que se puede ver; tal vez sea por el juego de luces, pero puedo asegurarles a todos que la música de Dream Theater se ve, se mueve, son ondas, no son lineales, nunca lo son, y tampoco circulares, sin fin, sin principio.
Vuelvo en mí y el show ha terminado, veo una barba azul con bata despidiéndose, me pongo de pie y la maquinaria ya pasó en mí; todo se volvió una experiencia sensitiva completa, visual y auditiva, y espero eso logren plasmar en su registro.
Para finalizar, solo decirles que Dream Theater hizo historia en Chile, ha registrado su marca y eso no se borrará nunca, pero solo es eso, un registro, porque la máquina progresiva no se puede ni nunca se podrá captar en su totalidad; solo en vivo podemos hacerlo, solo los asistentes. Sus trabajos en estudio son muestras, y bien hechas, pero el flujo real lo vemos quienes nos asombramos y nos dejamos llevar en un sonido en vivo envolvente y que se mantendrá hasta el desarme maquínico, que espero nunca ocurra.
SETLIST DREAM THEATER
Acto I – Parasomnia:
In the Arms of Morpheus
Night Terror
A Broken Man
Dead Asleep
Midnight Messiah
Are We Dreaming?
Bend the Clock
The Shadow Man Incident
Acto II:
The Enemy Inside
A Rite of Passage
Act I: Scene Three: I. Through My Words
Act I: Scene Three: II. Fatal Tragedy
The Dark Eternal Night
Peruvian Skies (con extractos de “Wish You Were Here” y “Wherever I May Roam”)
Take the Time
Encore:
A Change of Seasons
Fotografías por Diego Pino
Review por Gonzalo Biava






