Forbidden: Culto, técnica y fuego desde las sombras

Vicente Stuardo4 de febrero de 2026




Hay bandas que construyen imperios. Y hay otras que construyen mitos. Forbidden pertenece a esa segunda categoría: la de los nombres que no siempre aparecen en letras gigantes en los festivales, pero que sobreviven en conversaciones nocturnas entre fanáticos, en foros de culto y en guitarristas que todavía intentan descifrar riffs imposibles en sus piezas.


A mediados de los 80, mientras la escena de San Francisco explotaba con la furia callejera de Metallica, Exodus o Testament, Forbidden tomó otro camino. Igual de rápido, igual de pesado, pero más meticuloso. Donde otros golpeaban, ellos diseccionaban. Sus canciones no eran sólo descargas de rabia: eran laberintos técnicos, melodías tensas y una sensación constante de que algo estaba a punto de romperse. Thrash metal con bisturí. aqui te dejamos 5 datos de Forbidden que quizás no conocías.

1. Nacieron en plena secundaria: thrash después de clases
Forbidden no surgió desde managers ni circuitos profesionales: nació en salas de ensayo prestadas, mochilas tiradas en el suelo y tareas sin hacer. Craig Locicero y compañía aún estaban en el colegio cuando empezaron a armar riffs que ya sonaban más afilados que muchas bandas “adultas” del Bay Area. Ensayaban después de clases como quien arma una banda de garage… pero tocaban con la disciplina de veteranos. Esa mezcla de juventud y obsesión técnica se nota en sus primeras composiciones: velocidad adolescente, sí, pero con una cabeza que ya pensaba en estructuras complejas. No era caos escolar, era hambre. 

2. “Twisted into Form”: el disco que llegó cinco años antes de su tiempo
En 1990 el thrash todavía vivía de la inmediatez: riffs directos, coros coreables, impacto frontal. Forbidden hizo lo contrario. Twisted into Form apostó por estructuras largas, puentes extraños, armonías densas y una sensación casi progresiva. Era un álbum para escuchar con audífonos, no sólo para el mosh.

El problema: el mercado no estaba listo. Mientras otras bandas simplificaban su sonido para sobrevivir a la llegada del groove metal y el grunge, Forbidden se volvió más complejo. Comercialmente fue un riesgo. Artísticamente, una obra maestra que el tiempo terminó reivindicando.


3. Fueron “la banda favorita de músicos”
No vendieron como Testament ni giraron como Exodus, pero pregúntale a guitarristas y bateristas del Bay Area y muchos te dirán lo mismo: Forbidden era la banda que estudiábamos.

Los riffs de Craig Locicero y Glen Alvelais eran laberintos, y la batería de Paul Bostaph (sí, el mismo que luego tocaría en Slayer) era una metralleta quirúrgica. Eran técnicos sin sonar fríos, complejos sin perder groove. Un equilibrio rarísimo.


4. Paul Bostaph y Robb Flynn: Forbidden como del Bay Area
Antes de convertirse en una bestia rítmica en Slayer, Paul Bostaph afiló su estilo en Forbidden. Ahí desarrolló esa batería quirúrgica, precisa hasta lo obsesivo, con dobles bombos limpios y cambios de ritmo que parecían programados. No era sólo velocidad: era control absoluto, una máquina humana empujando riffs complejos sin perder un milímetro de fuerza.


Pero la historia no termina ahí. A comienzos de los 90, Forbidden también fue el hogar temporal de Robb Flynn, quien entró como guitarrista y participó en Distortion (1994). Su presencia marcó un giro: riffs más densos, afinaciones más graves y una vibra más oscura que ya anticipaba algo distinto. Ese “algo” tenía nombre y apellido: Machine Head.

Flynn dejó Forbidden poco después, arrastrando consigo la frustración creativa y la necesidad de ir más allá del molde thrash clásico. Su salida no fue en escándalo, fue una señal de época: el metal estaba mutando. Forbidden, sin proponérselo, volvió a cumplir un rol clave ser puente, escuela, punto de quiebre entre la vieja guardia del Bay Area y una nueva generación más pesada y moderna. Pocas bandas pueden decir que por sus filas pasaron un futuro baterista de Slayer y el fundador de Machine Head.


5. Separaciones, regresos y esa mística de culto que nunca muere
La historia de Forbidden no es una línea recta, es una serie de apariciones y silencios. Se separaron en 1997, cuando el metal atravesaba uno de sus momentos más ingratos y muchas bandas del thrash simplemente no encontraron espacio para existir. No hubo despedidas grandilocuentes ni comunicados épicos: Forbidden se desvaneció, como tantas otras… pero dejó una huella que siguió circulando bajo tierra. Cuando regresaron en los 2000, no lo hicieron como un acto nostálgico ni como una banda tratando de subirse a una ola retro. El recibimiento fue distinto. Cada anuncio, cada show, se sentía como si alguien hubiera sacado de una caja un vinilo que sólo conocían los iniciados. No había sobreexposición, no había desgaste. Su nombre todavía conservaba misterio.

Y es que Forbidden nunca fue moda, y por eso tampoco envejeció. Sus discos no están amarrados a una época específica ni a un truco sonoro pasajero. Siguen sonando tensos, afilados, exigentes. No apelan a la memoria emotiva, sino a la curiosidad. No te dicen “acuérdate de cuando…”, te dicen “escucha esto con atención”.Por eso su público se renueva sin proponérselo. Cada tanto, una nueva generación los descubre como quien encuentra una cinta vieja en una caja polvorienta, la pone por azar y queda atrapado. No es un legado heredado, es un hallazgo personal. Y esa es la base de toda banda de culto: no se impone, se descubre.



Forbidden no vive del pasado.
Vive en ese instante preciso en que alguien, por primera vez, se pregunta:
¿cómo nadie me habló de esta banda antes?


Forbidden se presentará este 06 de febrero rememorando su legado junto a Vio-Lence y Venom INC. en sala metronomo, las entradas están disponibles a través de puntoticket.cl.


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