En el relato habitual del death metal, la década de los noventa suele aparecer como uns de explosión: velocidad, virtuosismo, técnica llevada al límite. Cause of Death, sin embargo, parece existir en contra de ese impulso. Mientras el género se aceleraba, Obituary decidió detenerse, hundirse y dejar que el sonido fermentara. El resultado no fue un disco más lento, sino uno más pesado en un sentido casi físico.
Porque Cause of Death no busca aplastar por saturación ni por exceso de notas. Lo hace por acumulación. Cada riff cae como una losa, cada pausa se vuelve amenaza, cada silencio parece anticipar algo peor. El death metal de Obituary no corre: acecha. Y ahí está su rareza, incluso dentro de su propia escena.
Hay algo deliberadamente antiheroico en este disco. No hay exhibición técnica, no hay narrativas épicas ni complejidades artificiales. Lo que hay es un groove malsano, repetitivo, casi hipnótico, que termina funcionando como una trampa. Cuando el oyente se acostumbra al tempo medio, llega el golpe: un quiebre, un acelerón breve, un solo que corta como bisturí. James Murphy aporta aquí una musicalidad extraña para el género, más cercana al heavy metal clásico que al frenesí extremo, lo que refuerza esa sensación de contraste permanente.
John Tardy, por su parte, termina de romper cualquier expectativa convencional. Su voz no comunica: irrumpe. No articula mensajes ni relatos; se comporta como otro instrumento rítmico, una masa sonora informe que refuerza la atmósfera de descomposición. No es casual que su estilo haya sido imitado hasta el cansancio: Cause of Death fija un estándar vocal que ya no se mide por claridad ni agresividad, sino por carácter.
La producción de Scott Burns juega un rol clave en esta identidad. Todo suena grueso, húmedo, encerrado. El bajo de Frank Watkins no acompaña: empuja. La batería de Donald Tardy no decora: aplasta. Incluso cuando aparecen elementos menos esperables —como los teclados en “Memories Remain”— no hay intención de embellecer, sino de volver el paisaje todavía más opresivo.
La inclusión de “Circle of the Tyrants” no es un guiño nostálgico ni un homenaje gratuito. Es una declaración de filiación. Obituary no se siente heredero del thrash acelerado, sino de algo más primitivo, más ritualista, más cercano a Celtic Frost y Hellhammer que a la carrera armamentista del death metal técnico. Esa elección estética explica por qué Cause of Death sigue sonando distinto incluso hoy.
Con el paso del tiempo, el disco terminó ocupando un lugar extraño: es clásico, pero nunca fue cómodo; es influyente, pero no fundó una escuela masiva; es celebrado, pero sigue sintiéndose ajeno. Tal vez por eso envejeció tan bien. Porque no dependía de modas ni de extremos pasajeros, sino de una idea clara: la brutalidad no está en la velocidad, sino en el peso.
Cause of Death no es el disco que empujó al death metal hacia adelante. Es el que lo obligó a mirar hacia abajo, hacia el barro, y reconocer que ahí también había un camino posible. Y quizá más perturbador.
Recuerda que Obituary estará repasando Cause of Death en el marco de su 35 aniversario en un pequeño tour por nuestro país el próximo 13, 14 y 15 de febrero, entre Valparaíso, Santiago y Concepción respectivamente. Para el caso de Santiago, la cita es en el Teatro Cariola. Venta de entradas a través de sistema ticketplus.