Corrosion of Conformity: El peso no envejece

René Canales13 de enero de 2026


 

Sala Metrónomo ya estaba tomada antes de que Corrosion of Conformity apareciera. No como un lugar expectante, sino como un espacio en tensión. El aire denso, el murmullo cargado, el nombre de la banda sonaba desde distintos puntos del recinto como una contraseña compartida: COC, COC. No había ansiedad liviana ni celebración anticipada. Había hambre. Una necesidad corporal de sonido pesado, de volumen que no adorne, de riffs que caigan como escombros. Cuando las luces bajaron y la banda subió al escenario, la transición fue inmediata: del ruido de la espera al impacto directo, sin cortes, sin presentación, sin concesiones.

Desde los primeros acordes, el sonido se impuso como una masa espesa y terrosa. No fue un golpe seco, sino una presión constante que fue empujando a la sala hacia adentro. El pogo se armó lento y sostenido, más cercano a un vaivén pesado que a la explosión caótica: cuerpos chocando y empujones que no buscan el estallido sino la permanencia. Un movimiento casi hipnótico, que acompañó a Corrosion of Conformity durante buena parte del show y convirtió la Sala Metrónomo en una extensión física del sonido.

El set se desplazó con claridad por la era sludge–southern metal, ese período en que COC encontró su forma más pesada y abrasiva. “Bottom Feeder” abrió el camino como una declaración de principios, seguida por “Paranoid Opioid” y “Seven Days”, que terminaron de fijar el tono: riffs densos, tempo medio, una sensación constante de arrastre. Canciones como “Broken Man”, “Stonebreaker” y “King of the Rotten” funcionaron como bloques sólidos, sin adornos, reforzando una estética que no busca velocidad ni virtuosismo, sino fricción sostenida.



El sonido fue grueso, saturado, deliberadamente opaco. No hubo limpieza ni separación quirúrgica entre instrumentos: todo se fundió en una sola pared compacta, diseñada para golpear el cuerpo más que para destacar detalles técnicos. En ese contexto, “Wiseblood” y “Vote With a Bullet” emergieron no como clásicos de catálogo, sino como recordatorios incómodos de que la rabia de Corrosion of Conformity nunca fue una pose. Son canciones que siguen sonando actuales no porque se adapten a los tiempos, sino porque se niegan a hacerlo.

Sobre el escenario, la banda se mostró sólida y pesada, con una actitud rabiosa que no necesitó exageraciones. No hubo discursos largos ni intentos de cercanía forzada. La comunicación fue mínima, casi inexistente, como si todo el énfasis estuviera puesto en sostener la intensidad sin distracciones. Esa austeridad reforzó la sensación de estar frente a una banda histórica que no necesita explicarse ni justificarse: su identidad está en el sonido, no en el relato.

El público respondió desde ese mismo lugar. Una mezcla generacional marcada principalmente por la vieja guardia, cuerpos curtidos que no buscan espectáculo ni épica, sino consistencia. Gente que entiende este tipo de shows como un ejercicio de resistencia más que como una celebración. A su alrededor, una generación más joven se integró sin fricción, aceptando las reglas implícitas del ritual: aguantar el peso, moverse con el pulso, dejarse empujar sin dramatizar.



Uno de los momentos más significativos de la noche llegó con la presentación de un tema inédito, parte del próximo disco de la banda. Lejos de funcionar como una pausa o una curiosidad, la canción se integró con naturalidad al set, confirmando que Corrosion of Conformity sigue operando desde el mismo registro estético. No hubo intento de modernización ni guiños externos: el nuevo material sonó coherente, denso, fiel a una lógica que la banda viene construyendo desde hace décadas. Fue menos una promesa futura que una afirmación presente.

El tramo final del show consolidó todo lo anterior. “Albatross” y “Clean My Wounds” aparecieron en el encore no como gestos nostálgicos, sino como piezas que todavía conservan capacidad de daño. Son canciones que han sobrevivido al paso del tiempo porque no dependen de la época en que fueron escritas, sino de una manera de entender el metal como confrontación física y emocional. En Sala Metrónomo, funcionaron exactamente así: cerrando el show con el mismo peso con que había comenzado.

Corrosion of Conformity dejó el escenario sin épica ni ceremonia. La sala quedó sudada, golpeada, cansada. No hubo sensación de homenaje ni de despedida, sino de continuidad. En un circuito cada vez más inclinado a la nostalgia y al reciclaje amable del pasado, el paso de COC por Chile se sintió como algo distinto: una banda que sigue tocando desde el barro, sosteniendo el peso, sin pedir permiso ni ofrecer consuelo. El metal, cuando es honesto, todavía puede sonar así.

Setlist 
 Bottom Feeder

Paranoid Opioid

Seven Days

Broken Man

Wiseblood

Born Again for the Last Time

Stonebreaker

Who’s Got the Fire

My Grain

Shake Like You

It Is That Way

King of the Rotten

Gimme Some Moore

Vote With a Bullet

Mad World

Albatross

 Clean My Wounds
Publicidad
Cargando anuncio...