Luego de toda una vida dedicándose al sonido más moderno del metal, Avenged Sevenfold llegó a un punto en su carrera donde repetir la fórmula ya no tenía sentido. Ya no existía un desafío técnico real, sino más bien un giro en su lado artístico. Querían explorar y no verse atados a la necesidad de complacer expectativas de la crítica.
Nada ocurrió subrepticia ni accidentalmente, fue una evolución completamente consciente. Sabían que había una necesidad de incomodar, al punto de generar separaciones o generar un cisma con su pasado, lo que podía afectar a su propia audiencia y fieles seguidores. A partir de este momento, el ejercicio creativo fue una búsqueda constante, una ruptura necesaria y una innovación completa de su identidad
A pesar que en el disco “Hail To The King” es donde comenzaron los primeros atisbos, es con su trabajo “The Stage” en que A7X rompió por completo su pasado, su mochila y toda su historia musical que los hizo reconocibles. reconocible. Acá se pierde el metalcore y comienzan los experimentos ambientes, estructuras muy cercanas al progresivo y una técnica impecable. Se rompe con el virtuosismo como exhibición dentro de una canción y pasó a formar parte del relato necesario de la misma, involucrándose en la creación más mínima del detalle de cada composición.
El trabajo es mucho más atmosférico, envolvente y menos pensado en un riff o coro memorable, pegadizos o icónicos. Con una propuesta futurista centrada en la IA, la exploración espacial y el futuro. Es un disco complejo, no solo en estructura, sino que de una escucha detenida, extenuante y reflexiva.
Desde “The Stage” Avenged Sevenfold terminó por abandonar la lógica del “mainstream” con singles fáciles y estribillos pegajosos. Ahora tenemos pasajes con constantes cambios de ritmo y tono, sumado a silencios y atmósferas instrumentales que vuelven completamente densa la capa sonora de la agrupación.
Esto muestra el nuevo espectro en el que comienza a circular Avenged Sevenfold. Ya no es puro metalcore y hard rock, sino que volamos a lugares inhóspitos para la banda como el rock progresivo, los arreglos orquestales y los elementos electrónicos. Alejándose completamente de una experimentación como recurso y pasando a una postura completamente artística y permanente.
Todo se lleva al siguiente nivel con “Life Is But a Dream…”. Avenged Sevenfold radicalizó completamente su propuesta experimental a un nivel insospechado. Ya no solo tenemos progresivo, ahora se suman sonidos de jazz, disonancias, indie, y estructuras fragmentadas que desafiaron a cualquier oyente. Si bien sigue presente el sonido del metal, ya no es el punto relevante del sonido.
Una suma entre incomodidad, caos y la profundidad de la expresión. Canciones que parecen recortes de ideas, movimientos disonantes y sin una línea argumentativa. Acá no se buscó una coherencia del disco clásico, sino que entregar una experiencia como un verdadero sueño: onírico, angustia, ironía, desesperante y completamente existencial.
Estos discos son una muestra de la huída del género y etiqueta del metal. Avenged Sevenfold dejó de sentirse preso y coartado en su libertad creativa por mantener una identidad innecesaria para sus fines artísticos.
Esta experimentación genera un poderoso cisma musical, que superó el medio de repetir y mantenerse con lo mismo siempre. Así se reflejan en estos últimos trabajos, hechos para perder toda comodidad. La experimentación, en este punto, se vuelve una forma completa de honestidad y nobleza creativa.
Todo en una sola declaración: A7X no quiere ser predecible ni común. Quiere una identidad incómoda, explorativa y llena de convicción. Todo esto dispuesto a desafiar todo los límites posibles.

