Legacy of Kings de HammerFall: 27 años de un clásico inoxidable del power metal

Javier Pardo30 de septiembre de 2025



En 1998, cuando muchos daban por muerto al heavy metal clásico y las radios preferían grunge o nu-metal, un grupo de suecos decidió blandir la espada y recordar que la llama seguía encendida.

HammerFall tomó la nostalgia de los 80 y la transformó en futuro con Legacy of Kings, un disco que no solo alcanzó el número uno en Suecia, sino que también devolvió la fe a toda una generación de metaleros que necesitaba volver a creer en la épica, los coros de estadio y las guitarras que sonaban como himnos de guerra.

Si el debut Glory to the Brave (1997) les abrió las puertas, Legacy of Kings (1998) los consolidó. Publicado el 28 de septiembre de ese año bajo el sello Nuclear Blast, el disco no solo impulsó a HammerFall al número 1 en Suecia, sino que también redefinió el rumbo del sello, hasta entonces centrado en el metal extremo. La portada de Andreas Marschall (legendario ilustrador alemán, autor de múltiples portadas de bandas como Blind Guardian, Kreator o Sodom), cargada de tópicos medievales y guerreros, y la entrada en escena del virtuoso bajista Magnus Rosén completaron la fórmula ganadora.

Justamente, hace pocos días, este tremendo disco cumplió 27 años, y acá en Resistance, hacemos un breve repaso de lo que dejó el segundo álbum de estudio de HammerFall.

El disco, tema a tema


“Heeding the Call” arranca con la batería de Patrik Räfling y un coro inmortal, convirtiéndose de inmediato en un clásico de apertura al nivel de “The Dragon Lies Bleeding”. Himno total, con uno de los solos más recordados de Stefan Elmgren y esos “uoo, uoo” que todavía resuenan en estadios.

El tema homónimo, “Legacy of Kings”, reafirma el carácter épico con estribillo monumental y subidas de tono que remiten a la escuela de Kai Hansen. A la trilogía inicial se suma “Let the Hammer Fall”, donde la influencia de Accept se hace notar en el riff, mientras el puente y la variación rítmica en el tramo final lo elevan como un favorito de los directos.

Más adelante, “Dreamland” refleja la herencia feliz de Helloween y el espíritu idealista del power metal de fines de los 90, con coros luminosos y guitarras melódicas que muchas bandas hubiesen querido firmar. En contraste, la semibalada “Remember Yesterday” baja la intensidad con un lucimiento vocal de Joacim, aunque sin alcanzar la trascendencia de otras composiciones.

“At the End of the Rainbow” es una joya escondida: hímnica, poderosa y con un aire experimental que mostraba el potencial evolutivo de HammerFall más allá de los clichés. La banda también se da el lujo de versionar “Back to Back” de Pretty Maids, respetando la esencia original pero logrando apropiarse del tema al punto de convertirlo en un infaltable en vivo.

La recta final no baja el nivel. “Stronger Than All” y “Warriors of Faith” mantienen la vara en lo alto, con estructuras directas, riffs contagiosos y un espíritu combativo que sigue emocionando a la vieja guardia. Finalmente, “The Fallen One” cierra con un baladón a piano de atmósfera melancólica, heredero de “Glory to the Brave”, aunque sin la misma fuerza.



El legado

Escuchado en perspectiva, Legacy of Kings fue un punto de inflexión. En 1998, mientras bandas como Angra, Rhapsody o Labÿrinth apostaban por la complejidad técnica, HammerFall rescató la esencia del heavy metal más clásico, devolviendo la fe a muchos fans que creían que ese sonido había muerto con los 80.

Su accesibilidad nunca fue sinónimo de superficialidad: los riffs afilados, los coros heroicos y la producción cristalina hicieron del disco una obra fresca y vital, un manual de cómo hacer power metal sin perder autenticidad. Joacim Cans entregó quizá la mejor performance de su carrera, y la banda consolidó un estilo que —aunque con altibajos— les permitió sobrevivir a la sobreexposición del género en los 2000.

Hoy, 27 años después, Legacy of Kings sigue siendo insuperable dentro del catálogo de HammerFall. Más allá de lo que vendría después, este álbum permanece como el testimonio de un tiempo en que el power metal era sinónimo de esperanza, épica y melodía. Un clásico inoxidable que aún logra que levantemos el puño y gritemos: “Let the hammer fall!”

Recuerda que este próximo 14 de noviembre, HammerFall se estará presentando en Santiago de Chile en el Teatro Coliseo. Las entradas puedes adquirirlas a través del sistema de Punto Ticket. Produce Transistor.



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