Desde hace más de una década se viene repitiendo el mismo debate: ¿quién será la banda que tome la posta en el metal moderno? Mientras algunos apuntan a nombres ya consolidados como Bring Me The Horizon o Architects, otros han visto en Spiritbox a los verdaderos herederos de una escena que parecía necesitar sangre fresca.
Formados en 2017 por Courtney LaPlante y Mike Stringer, exintegrantes de iwrestledabearonce, Spiritbox nació como un proyecto independiente casi experimental. El nombre mismo proviene de un dispositivo usado para “comunicarse con los muertos”, algo que refleja muy bien la dualidad entre lo espiritual y lo brutal en su música. Lo que partió como un experimento, en pocos años se transformó en una de las propuestas más sólidas y comentadas dentro del metal contemporáneo.
La clave está en su sonido. Spiritbox no teme combinar atmósferas etéreas con riffs pesados y breakdowns de metalcore. La voz de Courtney oscila entre susurros melódicos que recuerdan a Deftones y gritos guturales que podrían rivalizar con cualquier banda extrema. Esa mezcla ha logrado conectar tanto con fanáticos del metal progresivo como con oyentes que vienen de géneros alternativos. No es exagerado decir que Spiritbox habla un idioma propio.
El gran punto de quiebre fue el álbum Eternal Blue (2021). El disco no solo debutó en el Top 20 de Billboard, sino que rápidamente acumuló millones de reproducciones en plataformas digitales. Canciones como Holy Roller y Constance no tardaron en viralizarse en TikTok y YouTube, demostrando que Spiritbox entendió mejor que muchos veteranos cómo moverse en la era digital. Medios especializados como Metal Hammer y Revolver lo incluyeron entre lo mejor del año, consolidando a la banda como algo más que una simple promesa.
Pero hablar de Spiritbox es también hablar de Courtney LaPlante. En un género donde históricamente el protagonismo vocal ha sido masculino, su figura es un golpe en la mesa. No solo por su rango vocal, capaz de pasar de lo angelical a lo demencial en segundos, sino también por la manera en que aborda sus letras. Ansiedad, vulnerabilidad y salud mental son temas recurrentes, y eso explica por qué tantos jóvenes se sienten identificados. Courtney no solo canta sobre oscuridad, sino sobre cómo habitarla.
El fenómeno también tiene una arista cultural: Spiritbox se ha convertido en la primera banda de metal de esta generación que logra crecer de forma orgánica gracias a TikTok, Twitch y YouTube. Mientras muchos grupos siguen viendo las redes sociales como un mal necesario, ellos las convirtieron en terreno fértil para fidelizar fans. Es un cambio de paradigma que, guste o no, marcará el futuro del género.
¿Significa todo esto que Spiritbox está “salvando” al metal? Probablemente no, porque el metal nunca estuvo muerto. Lo que sí es cierto es que la banda canadiense está renovando la conversación, trayendo nuevas audiencias y demostrando que el género aún puede evolucionar. En ese sentido, más que salvadores, son constructores de un nuevo camino.
Y aquí la pregunta final queda abierta: ¿estamos frente a la banda que definirá al metal en esta década o simplemente ante un fenómeno pasajero que la historia pondrá en perspectiva?

