#Opinión: Si Peso Pluma promueve la narcocultura, entonces Iron Maiden introdujo a satanás en las poblaciones



Todos tienen razón, pero nadie da con la solución. Alberto Mayol cuando dice "Frente a nuestras narices, nuestras autoridades que se empeñan en acabar con el narcotráfico, tendrán un lleno total en el público: unos, creyendo que cualquier cosa que se diga y que esté de moda debe ser elogiada y aceptada (los ingenuos), y otros, probablemente con carteles alusivos que la televisión quizás censure, que ven en el escenario a su estrella favorita, al cantante que simboliza su propia cultura, su trabajo, su riesgo, sus pistolas, su sueño de grandeza de dinero y las penas del crimen organizado", y también la columna de Javiera Tapia en POTQ Magazine donde refuta en parte al sociólogo excandidato presidencial diciendo: "Tengo una noticia para Alberto Mayol, pero asumo que él ya lo sabe, porque su trabajo es observar y pensar. El pacto social mínimo de Chile, ese que nos dice que está en peligro, no lo va a destruir Peso Pluma en el escenario de Viña del Mar. Ese pacto se rompió hace mucho tiempo. La cultura narco es un objeto de deseo, un modelo de vida al que se aspira, desde hace un buen rato ya. El recrudecimiento de las políticas neoliberales de Chile lo hicieron algo cool. El abandono lo convirtió en una alternativa posible para la sobrevivencia". Qué durísimo primer párrafo. Muchísimo texto para esta época en donde, al menos hasta 2011, un estudio del Consejo de la Cultura aseguraba que el 84% de los chilenos no entendía lo que leía. Quizá esa cifra cambió. Desconozco. Pero ese no es el punto de este "mucho texto". 

Esta semana, el excandidato a la presidencia Alberto Mayol, escribió una columna de opinión que causó gran debate tomándose la pauta periodística de todos los medios. Dentro de su escrito, Mayol apuntó a autoridades encargadas de la organización del Festival de Viña del Mar por la presentación del archirreconocido Peso Pluma, cantante de corridos que han causado gran impacto en lo que se considera como "música urbana". 

¿Cuál es el problema de Mayol con Peso Pluma? Que promueve la cultura narco, o narcocultura, término que estos días ha estado muy de moda. Bueno, hace tiempo, pero hoy más que antes. Y para Mayol, permitir que artistas que exaltan esta cultura se presenten en el escenario más importante de América Latina, es prácticamente inaceptable. 

Pues bien. Creo que Alberto Mayol tiene razón como dije desde un principio. Javiera Tapia de POTQ Magazine también tiene razón al, a grandes rasgos, delegar también la responsabilidad en actores políticos que, no solo no han tenido éxito en su "lucha contra el narcotráfico", sino que, peor aún, terminan vinculados con dichas bandas como fue el caso del exalcalde de San Ramón Miguel Ángel Aguilera (PS). 

¿Pero en qué carajo tienen razón, entonces? Tienen razón en que la cultura narco está siendo cada vez más aceptada. El catálogo de Netflix está lleno de series en donde, paradójicamente, uno hasta empatiza con personajes como Pablo Escobar, el Chapo Guzmán, la Reina del Sur y hasta Heisenberg. Unos serán ficticios, otros reales, pero sus labores son prácticamente las mismas y no pienso relativizar ese tema. 

Los académicos, doctores, sociólogos, políticos, magísteres, másteres, estudiantes, todos letrados en general, hablan sobre este y otros temas de cancelación. Que la culpa es de este. Que la culpa es de este otro. Que Iron Maiden no debió cancelarse el 92 en Chile cuando el cura Jorge Medina llamó al entonces subsecretario del interior, Belisario Velasco, para impedir la presentación de la "Doncella de Hierro" por su "flor de onda satánica" como lo calificaba la prensa en aquellos años y muuuuucho más. 

Increíble y vergonzosamente, el show de los británicos, que iba a ser su debut en nuestro país, terminó cancelándose por las presiones ejercidas por la Iglesia Católica, que, paradojalmente gracias a Dios(?) hoy tiene menos peso que el mismísimo Peso Pluma en la toma de decisiones. Eso sí, el dogma no ha muerto, sino pregúntenle al pastor Soto. 

Pese a que aquella visita se canceló, Iron Maiden tiene solo este año casi dos estadios nacionales completamente casi vendidos. Uno de esos shows ya es sold out; es decir, todo vendido. Para qué hablar de sus anteriores visitas. Recinto donde hayan tocado, ya sea en arenas, lugares donde corren los caballos o estadios, la banda encabezada por el multifacético Bruce Dickinson y el vocalista de Anthrax según José Miguel Viñuela  el bajista Steve Harris ha sido un éxito rotundo. 

Aquello da muestra de que cancelar a ciertos artistas por cualquier tema moral no es la solución a ningún problema. Es más, hasta lo "empeora", porque es evidente que Iron Maiden no sólo es un éxito absoluto en el país vendiendo entradas, sino que, si existieran censos metaleros, de seguro más del 90% de quienes disfrutamos de esta música en Chile estaríamos de acuerdo en que la "Doncella" es, por lejos, una de las más grandes de la historia en su género, el heavy metal. Así que bajo ese punto, sí, perfectamente podemos decir que Iron Maiden introdujo a satanás en las poblaciones. ¿Eso quiso evitar la iglesia no? Bueno. No lo lograron. 

No creo que cancelar a Byron Fire ni a ninguno de los artistas urbanos sea el foco. Es cierto que es fácil atacarlos a ellos. No los exculpo, pero creo son el menor de todos los males. Y no pretendo quedarme con eso, sino con lo positivo que ellos han hecho, es decir; salir de la población (no de forma literal quizás) y triunfar, tener dinero, autos lujosos, casas grandes y dientes radiantemente blancos. 

Es más, hasta me gusta la canción "Choro ké" de Byron Fire. Sobre todo esa parte donde dice, "el camino es difícil pero yo lo intenté, muchos se burlaron pero yo les demostré, que pa ser vio completo de pequeño me paquée y a mi madre ayudé, no aparento de choro ke". Quizás lo escribí mal, pero lo que menos importa acá es la ortografía. 

Ahora bien ¿me gusta tanto esa canción como para convertirla en un himno de mi vida? no. No porque no me guste el reggaetón, sino porque quien canta esa estrofa es un niño pequeñito que creo tiene relación familiar con Byron Fire. Eso sí, es un fiel reflejo de lo que muchos niños y niñas buscan en sus poblaciones, que es precisamente "paquearse de pequeño y ayudar a sus madres", muchas veces las jóvenes solteras que otros hombres irresponsables dejaron a su suerte junto con un niño o niña. Sé que podría decir NNA (niños, niñas y adolescentes, pero insisto, no quiero tecnicismos en mi columna). 

Bajo este último punto, estoy 100% de acuerdo de que la música urbana es un fiel reflejo de lo que ocurre no solo en La Victoria, La Pincoya, La Legua, La Bandera o la Angela Davis. Es muy cierto que "el camino es difícil" como dice Byron Fire, así como también es real cuando Marcianeke dice "hoy nos vamos pa'l party Traje tussi, traje code, traje mari, mari". Pero ninguna de las dos cosas está bien y tampoco nos pongamos quisquillosos y a relativizar este tema. 

Bueno, no quería tecnicismos acá. Quizá esto no sea tan técnico, sino más bien un dato "La Convención sobre los Derechos del Niño fue aprobada el 20 de noviembre de 1989 por Naciones Unidas y busca promover en el mundo los derechos de los niños y niñas, cambiando definitivamente la concepción de la infancia. Chile ratificó este convenio internacional el 14 de agosto de 1990, el que se rige por cuatro principios fundamentales: la no discriminación, el interés superior del niño, su supervivencia, desarrollo y protección, así como su participación en decisiones que les afecten". 


Con esto niños y niñas tienen derecho a:

  • La identidad y a la Familia
  • A expresarse libremente y el acceso a la información
  • A la protección contra el abuso y la discriminación
  • A la educación
  • A una vida sana y segura
  • A recibir una atención especial
Cada uno de esos derechos tiene un gran desglose y pueden verlos en este enlace. 

Claramente cuando un niño dice "el camino es difícil" es evidente que sus derechos están siendo gravemente vulnerados. Con ello puede referirse a muchos problemas de un camino difícil que uno como adulto puede entenderlo, pero ¿En serio un niño de entre 5 y 10 años ya sabe que la vida es tan difícil? ¿No debería estar jugando?

Sin ir más lejos en todas las repercusiones que ha generado esta columna de Alberto Mayol, Carla Pinochet y Laura Jordán publicaron otra réplica en Ciper. Dentro de todo lo expuesto en su texto, me quedo con esto: "es más que legítimo repudiar la proliferación de estas problemáticas sociales, pero otra cosa es asumir la continuidad irreflexiva entre ellas y los productos culturales que las abordan. Mayol es enfático en señalar que las letras de Peso Pluma «no guardan nada. No admiten misterios. No son metafóricas». Desconoce con ello la capacidad de las artes de mediar y reelaborar lo social, y la agencia de los creadores para transitar productivamente entre ficción y realidad, entre arte y vida. La historia completa de la canción popular muestra ejemplos de aquello. En América Latina, de hecho, existe una vasta genealogía de producciones musicales que han narrado desde diferentes ángulos las complejas condiciones de vida del mundo popular, muchas de las cuales retratan escenas y realidades que de seguro habrán resultado escandalosas para la moralidad de la época. En México, de hecho, los narcotumbados encuentran antecedentes en los narcocorridos, y éstos a su vez en los corridos revolucionarios".

Creo también tienen algo de razón y podrá haber mil reacciones más. De hecho, esta última, fue de dos mujeres con muchos estudios y todas esas cosas que a la gente que suele no tener muchos estudios les encanta elogiar también. Carla Pinochet se describe así: Antropóloga social (Universidad de Chile) y doctora en Antropología de la Cultura (UNAM, México). Académica del Departamento de Antropología de la Universidad Alberto Hurtado, e investigadora del Nucleo MIlenio en Culturas Musicales y Sonoras (CMUS). Laura Jordán asá: Doctora (PhD) en musicología, Université Laval, Quebec, Canadá. Profesora del Instituto de Música de la PUCV y presidenta de la Sociedad Chilena de Musicología. Investigadora del Nucleo MIlenio en Culturas Musicales y Sonoras (CMUS). Tienen tantos títulos como muertos han habido en Pedro Aguirre Cerda en las últimas tres semanas. 

¿Qué tienen en común todos estos actores que se han llenado la boca con la narcocultura y blablabla? Que muy probablemente estén todos ahora muy cómodos tomando café en un Starbucks con el vaso con sus nombres. Y eso no tiene nada de malo la verdad. Es más, hasta me gustaría en este entonces estar tomando ese mismo café con uno de esos queques que venden en esos locales caros. Lo malo es que sus palabras no sirven de mucho y no porque no vivan esa realidad tampoco, sino que cada vez pierden más el foco y solo se remiten a tirarse las mechas entre ustedes. 

Recordé una entrevista para este mismo medio que realicé hace unos meses al baterista de Soen Martín López: "Es Anuel quien les está diciendo a nuestros hijos cómo tiene que ser el mundo". Dijo en aquella ocasión. Sin ahondar en la carrera de Anuel, el contenido de sus letras no dista mucho de lo que hacen la gran cantidad de artistas mencionados en estas letras. 

No leí ningún libro para hacer este análisis. Solo estas cuatro o cinco reacciones que se suman a la ya polémica columna de Mayol. Solo hablo de lo que veo todos los días. 

Veo niños y niñas siendo padres y madres desde muy jóvenes. Aquel niño que nace, muchas veces sigue su vida solo con su madre muy joven también. En muchas de esas ocasiones el niño o niña crece en total abandono si es que no tiene una abuela que lo críe. Aquellos niños crecen viendo a narcos en todos lados, y escuchando a tipos como Peso Pluma, Jere Klein, el Jordan 23 y más que también son promotores de la narcocultura. Acto seguido no terminan la enseñanza media. Van, con mucha suerte, al colegio del barrio con nombre de submarino ruso en donde sus profesores les ruegan que no asistan a clases los días en donde se toma la prueba SIMCE porque su paupérrimo desempeño les podría quitar la excelencia académica que les permite poner un lienzo gigante afuera con tal mensaje con el fin de subir las matrículas. 

En muchas de esas ocasiones (y me encantaría tener un número exacto para publicar esta columna en medios como Ciper o La Tercera), esos niños terminan siendo consumidores de pasta base de cocaína, droga que Ciper da a entender que fue introducida por Pinochet y sus hijos en las poblaciones.  Ese consumidor, muchas veces termina siendo soldado (o perro como le llaman los narcos) y su más probable desenlace sea o la cárcel o la muerte. 

Lamentablemente los niños terminan siendo "soldados de la droga" como dijo el senador Manuel José Ossandón (RN). Pero, señor Ossandón, déjeme decirle que desde acá en La Victoria, desde la José María Caro, la Santa Adriana (donde estudié y forjé muchos lazos), todos esos niños y niñas que terminaron siendo soldados, tenían ganas de ser futbolistas, jinetes, pilotos de carrera, deportistas en general, profesores, arquitectos, astrónomos, astronautas y hasta carabineros o militares. No lo supuse según lo que veo en las noticias como usted o que ve de pasada en los veinte minutos que está en alguna población marginal por alguna actividad de su agenda. Me lo dijo el "pelao" que murió en la cárcel de San Miguel, excompañero de la básica en la Escuela N°27. Ser profesional en alguno de los trabajos recién mencionados también era el sueño del Bryan Chinchón, un gran amigo de mi infancia con quien vendía bolitas en la feria quien fue asesinado tras terminar siendo narcotraficante. Tenía sueños, esperanzas, metas. Las tuvimos juntos. Lo quería un montón y aún lo quiero y lo recuerdo con cariño y alegría. 

Ser futbolista era el sueño del primo de un reconocido futbolista bicampeón con La Roja y de quien se debate si es el mejor de la historia de nuestro fútbol. Fl primo de ese jugador fue mi compañero también. Lástima que no fue como su primo pese a que tenía (y sigue teniendo) enormes condiciones y habilidades con el balón. Hoy es comerciante, pero llegar a ello le costó su libertad por varios años. 

Soy Bastián Gómez. Escucho metal desde niño. Soy periodista y no tengo el título porque gano poco más de 500 lucas y el cartón es muy caro. Vivo en la Población La Victoria desde hace más de 20 años. Hoy tengo 30. Mayra Castillo, la niña asesinada el día 29 de diciembre en esta población, era amiga muy cercana de mi sobrina de 14. Días antes de ese hecho, mi hijo debió lanzarse al suelo y encerrarse en casa mientras se comía una papa frita en el patio. No mucho antes de este último hecho, mi prima debió correr por su vida junto a su hija de nueve años para escapar del fuego cruzado entre dos bandas narcos. De hecho, todo lo recién expuesto fue producto de balaceras entre narcos. 

Sigan hablando y haciendo sus análisis con mataburros enormes de cinco tomos cada uno que casi nadie va a entender. Mientras entre gente acomodada con su Mac buscan las palabras más rebuscadas para difamarse entre sí y unos apoyan a Mayol y otros a "X" columna en la exred social del pajarito como dicen en la tele, los muertos los seguimos poniendo nosotros. 


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