#LiveReview: Opeth en Chie - Todo el "Sorrow" de los Backstreet Boys suecos



Después de varios intentos y una que otra reprogramaión, la noche del 10 de febrero finalmente Opeth logró saldar su deuda con el público chileno en un show de larga duración y que era el primer encuentro de dos jornadas que prometen mostrar lo mejor del repertorio del conjunto de Suecia.

Con un Teatro Caupolicán que comenzó a llenarse desde muy temprano es que inició la jornada, con Saken abriendo los fuegos a las 20:00 hrs y sacando al cuarteto nacional a mostrar toda su potencia y lo mejor de su catálogo musical.

Era un temor de varios y es que quizás Saken no era el nombre más óptimo para esta jornada, pero los liderados por Carlos Quezada no sólo supieron hacer la pega, sino que salieron jugando con los años de expertiz que tienen. Comenzando con un setlist pesado y que dio paso al headbang, para poco a poco ir cambiando el ritmo a su ya conocido Death Thrash

Destaco mucho la preparación de los nacionales, que sabiendo que son de un subgénero distante, supieron estructurar su show, buscaron acercarse lo justo y necesario al público y complementaron con elementos visuales como el apoyo de lanzadores de humo. Fue entretenido y efectivo para esta primera jornada, por lo  que los asistentes del día sábado pueden ir tranquilos respecto al telonero, porque calidad hay.

Sin embargo, cuando el Caupolicán ya no da para meter un alma más es que comienzan los gritos y vitoreos por Opeth. La banda de Mikael Akerfeldt y compañía regresa al país con una gira que se ha postergado muchísimo por estallido social y covid, ni ellos saben que tour es el que realizan hoy en día (debido a que en ese periodo han hecho tres giras distintas), pero una vez que salen al escenario lo van a dar todo.

No me detendré en describir cada tema, porque hay unos que son en extremo largos y es que este set tomó lo mejor de cada disco, una canción por LP, y comenzaron de lleno con "Ghost Of Perdition" y "Demon Of The Fall".

El querido "Miguelito" se toma su tiempo al micrófono mientras va afinando la guitarra y comienza a contar lo que se viene esta noche, una jornada que tendrá blues reggae, tecno, death metal, jazz, soul, Manchester (sí, dijo eso)  y más, porque repasarán un poco de todo el catálogo. Siempre en un estilo lleno de humor y sarcasmo, donde las risas y aplausos no paran ante cada una de sus gracias.

El show continuó con "Eternal Rains Will Come", probablemente la canción más afectada de todo el catálogo por problemas de audio y que el conjunto supo sortear de buena forma al ir cambiando sus posiciones para cantar. No obstante, hubo que tomar un interludio de casi 15 minutos para recablear gran parte del escenario, una espera un poco larga, pero que valió la pena.

Akerfeldt se toma su tiempo de bromear y no, dice que está contento y que su equipaje se perdió, motivo por el cual está vestido como un Backstreet Boys y comienza a cantar "Show Me The Meaning Of Being Lonely" entre risas (la tocó dos veces y el público no se sabía la letra para acompañar). Las risas rapidamente se convirtieron en aplausos y gritos eufóricos al cielo cuando anunció un clásico de Orchid, "Under The Weeping Moon".

Si bien estos primeros temas de Opeth son oscuros y muy brutales, también hubo espacio para baladas, algo que así anunció el cantante en la previa de "Windowpane" y "Harvest", que desataron el canto de todo un teatro que miraba atónito al conjunto sueco mientras aplaudian y coreaban sus temas.

Sin duda alguna había un momento muy esperado de esta gira y es que esta canción es normalmente muy solicitada para la banda, "Black Rose Immortal". Una épica epoya de 20 minutos y que en vivo se nota porqué no la tocan mucho. La complejidad de tocar este track es de otro nivel, si hay varios grupos que tienen temas largos, pero la cantidad de cambios de tempo, de tonos, de pedales y técnicas... Wow, se nota que esto no era para cualquiera y el público se ganó una estrellita, porque saltó y cantó todos los 20 minutos, notable.



Como si esto fuera un paseo en el parque, la banda como si nada sigue sin pausas y desata todo el "sorrow" del recinto con "Burden", una balada clásica del conjunto que demuestra que aún quedan energías, cuando los suecos desatan la locura de todo el recinto al ritmo de "The Moor". Un tema más death metal y que les permitió tener una mayor movilidad en el escenario, siendo "El Capitán" Martín Méndez quien se apoderó del recinto en dicho momento.

Se prepara el cierre de la primera jornada y estos son otros 20 minutos más, donde el conjunto golpea con fuerza al publico con su clásica "The Devil's Orchard" y que rebota en todo el recinto bajo la línea "God is Dead" y luego el remate con parte de su disco In Cauda Venenum  "Alting Tar Slut".

Tras unos cinco minutos de descanso el conjunto vuelve por tramos, debido a que uno a uno se van sumando para lucir con todo la potencia de "Sorceress", un clásico moderno que fue cantado y coreado en todo momento en la previa del cierre con "Deliverance". Una despedida en lo alto con una épica pieza del conjunto y que fue complementada por la infaltable presentación de los miembros al estilo de "Miguelito Piñata", lleno de apodos y risas (sn duda es el momento que más disfruta de tocar en Chile).

Es súper difícil decir algo que no se haya dicho de Opeth, porque son simplemente alucinantes. El conjunto de Suecia no sólo hace su pega, sino que lo lleva un paso más allá con un show oscuro, emotivo, envolvente y cercano.

Quizás para muchos que no hayan estado antes piensan en un mosh pit lleno de sorrow (Como el meme) o una banda más apática, pero es todo lo contrario. Mikael siempre interactúa demasiado con el público chileno y muchas veces aprovecha estos chistes y ventanas para tocar temas totalmente nada que ver como en este caso con los Backstreet Boys y que fue su chiste de la noche.

Efectivamente la promesa se cumplió, tocaron un poco de todo y es que a medida que el show progresa te vas dando cuenta amplia gama de recursos que tiene Opeth, porque sí había Jazz, Reggae, Black Metal, Funk y mucho más. Es un conjunto que te puede hacer saltar dos horas y treinta sin parar en la cancha, te va hacer cantar y te dejará una sonrisa de oreja a oreja porque la entrega es innegable. 

Opeth sigue siendo un conjunto que siempre es sinónimo de calidad y oscuridad, su sello característico, con un humor único y una ejecución impecabe. Miguelito nunca nos defrauda y por eso se le extraña tanto cuando no está. Ahora dijeron que querían tomarse un break luego de la gira para jugar PlayStation y tomar cerveza, pero que quizás podrían volver con un nuevo disco. Como él dijo, ya tiene .... treinta .... pero la potencia y el legado  de los Backstreet Boys suecos está lejos de acabar.

PD: Miguelito dejó como tarea encontrarle un apodo al baterista Walttery Vayrynen, para que vayan pensando y preparado sus propuestas para este día sábado.

Por Felipe Pino Guerrero
Fotografías de Diego Pino "Tío R"


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