Hablar del punk siempre es algo interesante. Es un subgénero con un ideal tan marcado y al mismo tiempo tan mal comprendido por algunos, debido a que fuera del mundo europeo este fue simplemente replicado (más no teorizado) por los fanáticos locales que a través de revistas y discos buscaban darle un sentido a este movimiento rupturista. 

Latinoamérica claramente no fue la excepción, surgieron muchas proto bandas de este subgénero como Los Saico en Perú y Los Testículos en Argentina, pero en este último país existió una vuelta de tuerca necesaria y que hasta el día de hoy no pierde su magia y fue el punk del barrio (claramente este subgénero no existe, pero lo iré explicando), impulsado por conjuntos como 2 Minutos y Flema.

Sí, lo sé, esto no es descubrir la rueda, incluso Los Prisioneros hablaban de sus barrios y son mucho más antiguos, pero entonces ¿por qué dedicarle estas palabras al punk argentino? Por un simple motivo, la autenticidad y que fue muy bien encarnada por un líder totalmente anticarismático y de poco liderzgo, el Ricky Espinoza.

Así es vamos a hablar de Flema y del Ricky, que son pilares claves en el punk latino y mucho más importante, son el claro ejemplo del "desgaste argentino".

Antes de generar polémica con la frase anterior simplemente recordemos atrás. Argentina en la década de los 80's dejaba atrás un periodo dictatorial y además una derrota militar que perfectamente pudo haber sido evitada - pero todos sabemos el interés de los militares de alardear quién tiene más poder de fuego - que dejó una sensación de desazón en los hermanos trasandinos. De esa Argentina vamos a hablar, la que tomó Raúl Alfonsín, que a punta de socialismo buscó levantar un país que estaba en un hoyo, la crisis económica era totalmente inevitable (más después de una guerra), pero trató de cambiar las cosas con su lema "con la democracia se come, se educa y se cura".

Efectivamente fue así, Alfonsín y su gobierno lograron estabilizar la cosa por unos años, pero el declive era inminente y la población lo sabía. El espacio de agruparse y organizarse le dio a la gente un boom cultural del cual argentina aún vive, pero esto también fue mucho tapar la mugre con la alfombra. Ahí es donde entró el punk (algo tardio a finales de los 80's).

Fernando Cordera junto a Ricky Espinoza levantaron un proyecto medio muerto que era Flema, en el 86'. El vocalista venía de varios otros proyectos de metal que no generaron un mayor impacto en la enorme escena musical argentina. Pero entonces, ¿por qué irse al punk? Porque había algo de lo que nadie estaba hablando, de la gente.

Mucho Soda Stereo, mucho Fito Páez y demasiado Charly García, todos con letras graciosas, pulidas verbalmente y llenas de frases preciosas, pero ¿cómo era la realidad? En esos años, era un desafío vivir la inminente caída de la economía argentina, ahí estaba el desafío y no había quizás nada más rebelde que hablar desde la gente, no desde los hoteles y las giras, sino que desde el barrio mismo, ya fuera Lanús o Buenos Aires.

Ricky Espinoza encarnó eso con sus letras en un punk rock de barrio, pero de ese honesto. No eran los Clash hablando de la clase obrera, mucho menos los Sex Pistols riéndose de la Reina, eran ellos hablando de sus aburridas vidas, de la esquina del barrio, del abuso policial con los pobres, de una juventud que sabía que estaba perdida.

El excesoy/o abuso de drogas y alcohol es perjudicial para tu salud ... fue la carta presentación de Flema, y si bien algunos lo entendieron mal llamando a hacer uso de estas sustancias, la idea era todo lo contrario. Sabemos que estas cosas son malas y dañinas, probablemente los detonantes de muchos problemas del día a día, pero es lo único que hay acá o es lo único que me permite calmar mi mente. 

Flema no le hablaba a toda Argentina, nunca fue su target, sino que le hablaba al cabro que estaba solo en la casa, que se sentía mal, abandonado por la sociedad, le hablaba al hueón que no podía dejar el copete por alcholismo, le hablaba al que buscaba un futuro pero no tenía pega. Dime si no hay algo más punk que eso, algo más punk que el barrio.

A veces el puro hecho de existir en una sociedad que es tan violenta (en muchos sentidos) que hace tu propia existencia sea el mayor acto de rebeldía. Sí, había un sentido nihilista muchas veces en las letras, porque al final todo esto va a quedar en nada (de ahí el slogan de "Flema es una mierda"), pero si vamos a ir pa allá, al menos que el viaje lo valga y saber que no voy solo.

Cordera y Espinoza entendieron esa idea, la abrazaron como una herramienta de sentirse parte de su barrio, de su tierra, esa que los rechaza por no cumplir con el estereotipo, pero que al mismo tiempo con su música le dieron un hogar musical a miles de jóvenes en Latinoamérica.

Te estaban hablando a ti, pero no ese que muestras en Instagram viviendo la gran vida, le hablan al que está solito, al que cuando no sabe que hacer se toma una chela, el que está dando vueltas en la cama por una pena de amor, ese que salió a dar vueltas por el barrio y dieron por perdido o ese que tiene rabia porque a veces la vida es una mierda no más. A veces no está mal sentirse solo, a veces sólo hace falta botar esa angustia con un buen punkcito de fondo dando vueltas por donde uno vive, probablemente no hay nada más reponedor.

Han pasado los años, ni Cordera ni el Ricky están, esto genera harta polémica, pero el barrio está ahí y sigue existiendo, sea en Buenos Aires o Santiago, esa identidad local no la pierdes. Mientras te quede algo con lo que ser distinto, algo con lo que sentirte tú el punk va a estar, y si eso es tu barrio, salú por eso, porque tenemos música de Flema pa' celebrar y el barrio y su gente nunca se va a acabar.

Por Felipe Pino Guerrero

 

Recuerda que Flema se presentará este 14 de enero en el Arena Recoleta, junto a las bandas: Muerte Akción, Rojo Vivo y La Dolce Vita. Las entradas están disponibles a través del sistema Eventrid.