#DeCulto - "Highway To Hell": En su propia ley


 Es complicado hablar de una banda de la que se ha dicho todo, supuestamente. Pero al menos, en el anochecer de la década del '70, AC/DC emprendía un apasionado recorrido por la autopista que empezó a pavimentar desde sus inicios en 1973, sin opción de retorno y en base a una fórmula que, pese a la dura crítica por parte de quienes pensaban que no era más que un fenómeno, les resultó y, les valió la inmortalidad. Una propuesta que no necesitaba ser "original" para impartir cátedra de lo que significa llegar a la cima, un largo camino a tomar si queremos Rock n' Roll. Conquistar el mundo no estaba precisamente en los planes de Malcolm y Angus, pero la seriedad con que la banda australiana se paró durante una era de revoluciones para el Rock, fue vital.

  Al ataque riffero de Malcolm Young -el cerebro- y y los electrizantes solos bluesy del querido Angus -la acción y el espectáculo-, debemos sumar la dupla rítmica compuesta poir el bajista Cliff Williams y el baterista Phil Rudd, ambos encargados de la solidez con que el quinteto construía su muralla de Rock n' Roll sin apellidos ni dobles intenciones. Creíble, brutalmente sincero, fiel a sus principios y mandando al carajo lo que digan los críticos y a toda esa gente que se escuda en el snobismo para denostar algo que, simplemente, no entienden. AC/DC era una máquina bien aceitada, sin errores ni fisuras y capaz de echar fuego sin que nada ni nadie pudiera apagar ese incendio voraz.


   Además de la sección instrumental, necesario resaltar la figura de un ícono como Bon Scott. Un sujeto entrañable, dotado en un carisma del que pocos cantantes podían jactarse. Una personalidad afable y canalla a la vez, canalizada con una voz repleta de onda y licor barato. Un borracho decadente, propenso a las peleas callejeras y dueño de un humor negro que superaba la raya del sarcasmo. Al frente de AC/DC, el tipo dando clase de lo que significa encarnar los valores del Rock n' Roll dentro y fuera del escenario, plasmando en el estudio un 'estilo de vida' que terminaría llevándolo al infierno.

  El panorama del Rock en 1979 no era precisamente muy alentador. A nivel de popularidad y ventas, la onda disco era tendencia imperante a nivel mundial, potenciada tras el éxito en taquilla de la película "Saturday Night Fever". El Hard Rock, a diferencia de comienzos de la década, dejó de ser rentable para los grandes sellos: Deep Purple se había disuelto unos años antes y unos cansados Led Zeppelin se encontraban quemando sus últimos cartuchos sin saberlo (?). El punk arrasaba en las listas como un fenómeno que, contrario a lo que se cree, abrazó la evolución de manera natural y señaló la ruta a tomar para toda una generación durante la década del '80.

 El fenómeno encarnado por AC/DC parecía un hecho aislado, a pesar de que numerosas bandas que hacían sus pinitos en la sala de ensayo y recintos de reducida capacidad acusaban su influencia. ¿Se puede hablar del Metal sin la firma de los Young y cía? Poco probable, porque fue gracias a los australianos que los valores impuestos por los Zep, Purple y Sabs a comienzos del '70 adquirió nuevos bríos. Recargado, "in-your-face" y con ganas de patearle el culo al mundo.


   Regresando a 1979, AC/DC estaba apunto de estallar a nivel planetario. Con cuatro discos en estudio a su haber -tomando en cuenta su catálogo editado fuera de Australia- y un apabullante directo -"If You Want Blood You've Got It" (1978), un registro obligatorio y necesario para entender la naturaleza de la legendaria banda australiana-, era tiempo de dar el paso en grande, la conquista del mundo. "Powerage" (1978) fue el último trabajo producido por Harry Vanda y George Young -el hermano mayor de Malcolm y Angus, pilar fundamental desde los inicios de la banda-, los responsables de la marca puñetera y cruda de su sonido, elemento indispensable en la identidad de los australianos.

    Conquistar USA -o el mundo, que es lo mismo-, es prácticamente imposible cuando la difusión en los medios es escasa, por no decir nula. A menos que te hicieras de un productor que te transforme en un producto hecho para la radio, idea que no encajaba en lo absoluto en los planes de Malcolm y Angus, ambos leales a muerte a su hermano George. Por otro lado, la presión del sello Atlantic ya era insostenible: a pesar del éxito a nivel de giras y rankings de discos, había que apuntar hacia algo más grande. Finalmente, se optó por los servicios del destacado productor Robert "Mutt" Lange", responsable de los mejores trabajos de The Boomtown Rats y hombre clave en el triunfo mundial de Foreigner y Def Leppard como fábricas de éxitos. Cabe destacar que, contrario a lo que se pensó en un comienzo, la relación entre Lange y la banda fue fructífera en todo sentido. Entre otras cosas, Bon Scott alcanzó un nivel superior como cantante, gracias a las técnicas de respiración enseñadas por el productor sudafricano, un cantante bien dotado.

  A diferencia de los trabajos editados anteriormente, "Highway To Hell" fue un trabajo cocinado a fuego lento. "Mutt" Lange disfrutaba de la simpleza con que AC/DC imponía su sello, pero también vio en el quinteto una potencia que aún no relucía en toda su forma. Y eso se nota a lo largo de la placa: una banda mucho más pulida, preparada para debutar en Primera División y, te guste o no, hacer mover el cuerpo hasta al más escéptico. Esa es la idea del Rock n' Roll como tiene que ser: repleto de blues, humor, sensualidad y peligro. Todo en un trabajo de antología en su producción, nada al azar pero sin perder la espontaneidad con que los australianos se ganaban -a combos y patadas- un lugar en el Olimpo.

  Ponerle play al vinilo/cassette/ y encontrarte con EL riff inicial por antonomasia, el del track que titula el álbum. Irresistible, pendenciero, constante... Un coro que se canta con puño en alto sí o sí, destinado a la leyenda. Una batería que se mantiene firme, no hay pirotecnia que valga. Un éxito rotundo, puedes ponerle play en la intimidad de tu espacio o en alguna fiesta, en un bar, donde sea. Es AC/DC en todo su esplendor, un himno para la cultura pop y una fórmula imitada posteriormente por millones, pero jamás superada. "Living easy, living free, season ticket on a one-way ride", pregona un Bon Scott como si profetizara su lúgubre destino, pero con ese tono canalla que le valió amor y odio por partes iguales. Un detalle respecto al solo de Angus tiene que ver con el aporte de Lange como productor y guía: el sudafricano le enseñó al menor de los Young que sus solos podían lograr algo único y mágico. ¡Y vaya que se siente en cada nota!

Tras el clásico de clásicos, el vacilón de "Girls Got Rhythm" llega para echar fuego y animar la fiesta a lo grande. No hay competencia ni debate que valga cuando hablamos de AC/DC, una banda cuya credibilidad resultaba tan escalofriante como bienvenida en una generación que solo quería pasarla bien en todo momento. Bon Scott, qué pedazo de cantante... esa voz, destilando alegría y sarcasmo hasta arder en llamas, cual poseído por su propio espíritu de forajido intratable. ¿Te gusta AC/DC? Excelente. ¿No te gusta? También porque aquí hay algo que trasciende más allá de todo.

  Luego del incendiario inicio, "Walk Over You" pone la cuota de mala leche con que los australianos barrieron con la opinión de sus detractores. El espíritu heavy conectado con la agresividad propia del punk, aunque sin sacrificar un ápice de su esencia blusera. Necesario recalcar el trabajo de Cliff Williams en las bajas frecuencias, un bajista cuya labor en la profundidad del sonido de AC/DC es invaluable. Cada golpe de guitarra es como un puñetazo en la cara, un zamarreo que termina dejándote K.O... y solo es el principio del álbum. Dios...

  La sensualidad lasciva de "Touch Too Much", una característica presente en trabajos anteriores, pero sin la clase presente en "Highway To Hell". Ojo, no desmerecemos en absoluto el legado de un "High Voltage" (1976) o un "Let There Be Rock" (1977), pero acá es otro nivel. AC/DC aprendió que es posible componer recurrir al buen gusto sin dejar de ser tú mismo. Bien lo supo el propio Bon Scott, un tipo que le saca a su voz todo el provecho, desgañitándose sin perder el control.

   Cerrando la cara A del vinilo, el acelerador hasta el fondo en "Beating Around The Bush". Si hablamos de puñetazos sonoros, acá te encuentras con una patada al tabique. Se habla mucho de la "madurez" de AC/DC en este trabajo, pero poco se habla de lo electrizante que puede ser la música ejecutada por cinco sujetos que no tienen otra intención que tocar Rock n' Roll sin dar explicaciones a nadie. Podríamos hablar de Motörhead, Aerosmith, Guns N' Roses y todos los que se nos venga a la mente, pero acá queda demostrado quién golpea la mesa, de aquí a la eternidad. 

  Si el lado A del disco empieza con un clásico inmediato, "Shot Down In Flames" le da cara a su manera. Con semejante título, podemos hacernos una idea que no tarda en ser superada al ponerle 'play'. Entre otras virtudes, podemos notar lo compenetrada de esta alineación, todos apuntando hacia la misma dirección; nadie opaca al otro porque todos la rompen por igual. Épico, honesto, suficiente para desatar tu imaginación..y tus sentidos, era que no.

  Una particularidad respecto a "Get It Hot" es que, pese a no poseer la fogosidad de "Touch Too Much", funciona de igual forma respecto a su intención. El humor con doble sentido de Bonny salpica a su alrededor como un gran chapuzón, mientras el riff principal de Malcolm se manifiesta como una fuerza omnipresente, siempre fiel a sus principios. Puede que no sea una de las más "conocidas" del repertorio de AC/DC, pero las ganas de pasarla bien -sobretodo en 'buena compañía'- pueden más que cualquier prejuicio.

  Si hablamos de música con personalidad camorrera y diseñada para hacer frente a quien se te cruce en el camino, "If You Want Blood (You've Got It)" es un himno por derecho propio. Al grano, sin pelos en la lengua y en la cara, como los de verdad. Para quien escribe, "Highway To Hell" pierde un poco el toque cuma y pichulero de favoritos como "Let There Be Rock"... o al menos eso es lo que uno cree, porque el 8vo track del álbum es toda una Declaración de Principios. Y pensar que hay genios por doquier que le tiran toneladas de feca a AC/DC porque "son monótonos y aburridos". Para ellos y muchos más les va este cariñito.

  Respecto a "Love Hungry Man", podemos hablar de ella como una rareza, una incursión en ritmos ligados al funk. Quizás la "menos buena" del LP, aunque interesante para los fans más recalcitrantes. Y culminando la placa, el blues reptante de "Night Prowler", una muestra de cómo el miedo y el odio conforman una amalgama efectiva cuando se trata de componer canciones de tamaño calibre. Inquietante por su lentitud, con Bon Scott encarnando a una suerte de merodeador nocturno que se mete por la ventana a la pieza de su chica. Increíble la sensación de grandeza que proyecta la música, acechando a su víctima, no importa dónde se esconda o cuánto corra. "There ain't nothing, nothing you can do!!!". Asúmelo.

El batatazo de "Highway To Hell" fue total. Como mencionábamos unos párrafos más arriba, le valió el ascenso de AC/DC a las ligas mayores, al punto de encabezar su primera gira mundial, la cual fue registrada en la película "Let There Be Rock", registrada durante su concierto en París, en diciembre de 1979. Un éxito rotundo que había que capitalizar en su siguiente LP, aunque en medio hubo que lidiar con la tragedia: luego de una borrachera infernal -una más en su historial-, Bon Scott muere ahogado en su vómito un 19 de Febrero de 1980, en confusas circunstancias. Tenía 33 años.

   Puede que el siguiente "Back In Black" (1980) -con Brian Johnson ocupando la vacante del malogrado frontman- haya marcado la consagración definitiva -tanto de AC/DC  como del Hard Rock y el Metal en toda su extensión-, pero la figura de Bon Scott como un hombre común que rechazó infinitas veces el título de "celebridad" es la que prima hasta hoy. Una historia que va más allá del mito y que puso en práctica aquella cita de Neil Young: "es mejor arder que desvanecerse". Para recorrer la autopista que te lleva al infierno, hay que estar dispuesto a la consecuencia y abrazar este estilo de vida que pocos son capaces de llevar a cabo sin mirar atrás. En su propia ley, Bon Scott nos dejó un legado destinado a perdurar en la vida cotidiana.


Escrito por: Claudio Miranda

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