#LiveReview - Baroness en Chile: Arcoiris cósmico

  
  En una entrevista reciente a un conocido medio local, John Dyer Baizley admitía la evidente influencia del maestro Roger Dean en lo que refiere a su obra como ilustrador, aunque con el reparo de su aversión a Yes, la mítica banda británica para quien Dean diseñó sus icónicas portadas espaciales. De cualquier forma, Y guste o no al oriundo de Pittsburgh, Baroness emula ese sentimiento cósmico con que se desmarcan de toda etiqueta para pintar su propio lienzo, todo posible gracias a la infinita paleta de colores del que se ha valido el cuarteto en todo su catálogo discográfico. Emoción, fuego, pasión hasta por sobre lo imaginable, la lujuria proyectada a través de los seres mitológicos que cobran vida con la música, sin necesidad de ningún aditivo "pa' la mente" porque lo que genera Baroness en vivo es pura magia de verdad, avivada con una puesta en escena acojonante y un sonido cuya calidez es imposible de resistir.


   Puntual, y previo al acto principal, el ritual partiría de la mano de los nacionales Bagual, quizás la agrupación más exitosa del circuito local en lo que respecta a un particular estilo. 40' bastó para exponer sus credenciales como referentes actuales del post-Metal nacional, con la influencia de Deftones y Deafheaven convergiendo en una fuerza purificadora y una identidad arraigada en los sonidos extremos sin caer en el cliché. De ahí que un set compuesto por pasajes de la talla de "Amanecer", "San Sebastián" y "Fraters", logre sumergirnos en la tormenta solar con que nuestra galaxia se conmueve hasta el último rincón. Soberbia e intimidante presentación de un acto local que, en cuanto a calidad y profesionalismo, pavimentan el camino astral con que su sello se convierte en ley universal.


   22 horas, puntualidad milimétrica y que comience el viaje esperado durante más de una década. Partiendo con la cabalgata flameante de "A Horse Called Golgotha", Baroness inicia su primera presentación en suelo chileno, con el público presente entregado a la euforia inmediata y entablando ese sentimiento de comunión con que los años de espera derivan en un estallido de energía y lujuria por toneladas. Apoteósico comienzo, con John Dyer Baizley capitaneando una alineación que sale a matar o morir, de frente y abrazando la muerte como un premio a la bravura de su ataque. Bajo ese precepto es que la siguiente "Morningstar" llega de pronto como un monstruo cuya sensualidad te atrapa sin que nada puedas hacer por evitarlo. 


  El hecho de que la gira latinoamericana coincidiera con el lanzamiento del flamante "Gold & Grey" hace una semana, derivó en la curiosidad por saber qué tal funcionaría en sus directos, pero bastó con la aparición de "Borderlines" para encontrarnos con el fructífero presente del que gozan los de Savannah durante estos días. Quizás la reacción del público disminuye a nivel de intensidad, pero es comprensible tomando en cuenta que una institución como Baroness se debe a su presente con su propuesta atemporal y rica en variedad. Por otro lado, la emoción que fluye en la siguiente "March Of The Sea" resulta tan sobrecogedora como en el estudio. El encanto de Baroness es global, no sabe de reglas que no sean las suyas y nos recuerda constantemente cuál es el propósito de la música en la humanidad.


   La abismal "Green Theme" se hermana espontáneamente con la más reciente "I'm Already Gone", denotando la maestría con que Baroness transmite en vivo su poder sanador. De igual forma, "Tourniquet" reluce con aire triunfal pero sin renegar de su naturaleza, siempre respondiendo a la visión de mundo y necesidad de sus creadores. En tanto, la cabalgata cósmica de "Shock Me" y su coro grabado a fuego en la mente, ¡qué manera de hacerte arder la sangre! No puedes permanecer impávido ante tamaña muestra de calidad, imposible ante un corte que te agarra derechamente de las pelotas y te transporta hacia las orillas de la bóveda celeste.


   Las revoluciones disminuyen con "Eula" pero no por ello decae el misticismo con que Baroness se erige como una bestia de inigualable hermosura, como también podemos apreciar en la siguiente "Chlorine & Wine", cuyo groove montañoso construye el paisaje con que la música logra proyectarnos los misterios de una tierra de la que aún desconocemos la totalidad de sus secretos. Y todas esas sensaciones, además del genio de John Dyer Baizley, le deben su concreción a la tremenda labor de Gina Gleason en la guitarra, cuya experticia en las seis cuerdas resulta tan escalofriante como su presencia escénica -notable el hecho de vestir una polera de Bagual, alto y merecido reconocimiento-, dejando la vida en sacrificar su alma. Mención similar para el baterista Sebastian Thomson -una bestia en los tarros, todo lo que es inventar la vida y dejarla en cada golpe- y el bajista Nick Jost -cuánta presencia en las bajas frecuencias sin opacar a sus compañeros!, imprescindible en el ensamblaje de los de Georgia-, ambos encargados de echar a andar el motor del que se vale Baroness para desplegar su lisérgico espectáculo.


  El vuelo sincopado de "Seasons" sería la última cita al recién estrenado "Gold & Grey", culminando el set con "The Gnashing", esta última original del supremo "Blue Record" (2009), el trabajo que catapultó a Baroness como revelación planetaria hace una década. Y para el final, una dupla letal, en todo sentido de la frase; la marcha infecciosa de "Isak" -original del primigenio "Red Album", el LP debut del 2007-, con ese martilleo que rememora los inicios ligados al Metal más pesado, culminando con la catártica "Take My Bones Away" -del doble "Yellow & Green" (2012)- y su coro que acaricia los extremos del Sistema Solar en un abrir y cerrar de ojos, con el recinto desplomándose y desapareciendo con la centrífuga humana que responde al arcoiris cósmico con que son develados los misterios de la naturaleza humana. Eso es Baroness en todo su esplendor: una idea, un pensamiento, una forma de ver el mundo real en todos los colores existentes y por haber.

Fotos: Diego Pino
Escrito por: Claudio Miranda
   

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