#LiveReview - Deck: "La libertad del buen gusto"


 El caso de Deck supera todo tipo de etiquetas a la hora de salir al escenario, incluso a pesar de que sus propios componentes se autodefinen dentro de la corriente post-grunge con que el género surgido en Seattle durante los '90 se consagró como una entidad que se forjó como una tendencia destinada a perdurar hasta hoy. No solo se trata de preservar los valores de un movimiento que le devolvió a la música su pureza artística, sino también demostrar que no hay imposibles ni dogmas que valgan cuando el espectáculo debe ser total y sin restricciones. "Contra el Destino" se titulaba la jornada en que la sala SCD de Bellavista se inundó de Rock, emoción, potencia y música forjada en base a trabajo duro, inspiración y profesionalismo. Nada de dobles lecturas ni análisis rebuscados al momento de repasar una jornada ganadora en todas sus líneas.

 21 horas puntual y la primera descarga de Rock duro llegaría con Soldierwings, agrupación cultora de un Hard Rock simple en su fórmula pero que le hace honor a su nombre cuando se trata de extender sus propias alas y volar hacia lo alto. Un comienzo accidentado debido a los problemas de sonido que obligó a una pequeña interrupción, pero que no logró empañar en absoluto la realización de un show que, pese a su sobriedad escénica, defiende y ataca en base a un excelso dominio técnico e implacables ráfagas guitarreras, con la guitarra de José Guerrero echando fuego luego del traspié inicial. Cuestión de profesionalismo y pelotas cuando hay que sobreponerse a los baches que surgen sin aviso, porque de eso se trata el Rock -y la vida- en gran parte. 


 Dentro de todo lo que caracteriza la propuesta de Soldierwings en vivo, menester recalcar la fluidez con que la música se conduce, intercalando matices que van entre el puñete rockero y la sutileza con que cada componente inventa la vida y la deja en cada nota o riff. Desde el mensaje ineludible de "Creer" hasta la grandeza innata de "Destino", pasando por el veneno letal de "Mientes" y una sublime versión de "Suspiro", esta última con Franco Jofré de Deck como invitado, suficiente como para ponerte los pelos de gallina y, porqué no, dejar caer alguna lágrima ante algo tan mágico como inexplicable. En eso y más se arraiga Soldierwings al momento de extender sus alas para emprender su vuelo y esparcir Rock a chorros, sin perder el propósito honesto con que la música se erige con sentido y razón. 

 Pasadas las 22 horas, y con "Save Me" dando el puntapie inicial luego del video animado introductorio, el vendaval post-grunge de Deck no tardó en mutar hacia un tornado musical que hace del Rock una forma de expresión sin colorantes ni saborizantes. Con Franco Jofré a la cabeza, el quinteto nacional salió a atacar desde el primer minuto, gustando y disparando llamaradas de Rock duro sin contrapeso alguno, como quedó remarcado con la siguiente "Leave All Behind". Si en el estudio la energía exudada alcanza ribetes mastodónticos, en vivo resulta una brisa de aire suficiente como para despejar los sentidos y la mente.

 "Chance", "Listen" y "Sober" no solo mantuvieron en alto la temperatura, sino también nos permitieron apreciar el nivel con que el ensamblaje de las piezas conforma una fuerza única. Así como Pablo Abreu hace arder su sangre 'van haliana' en la seis cuerdas, la presencia de Juan Pablo Fuentealba se consolida como pieza vital en la vibra electrizante de Deck, mientras el baterista Felipe Escalona y el bajista Juan José Ortega unen fuerzas como obreros y artífices del groove con que el combo se mueve a sus anchas sobre un escenario que queda chico ante tamaña muestra de categoría. Y de Franco Jofré... mucho y nada que decir de una voz prodigiosa que no sacrifica un ápice de su naturaleza humana cuando se trata de complementar la identidad de una agrupación que se muestra en plena forma ante un público entregado.


 Así como obtenemos la dosis siempre necesaria de Rock duro hecho para cabecear y disfrutar con puño en alto, también es bienvenido el mensaje con que "Dream" nos revela lo que mueve a Deck más allá de la música. Las vivencias de una humanidad que se refugia en sus sueños para escapar de la dura realidad, suficiente como para encontrarnos con el sentido detrás del sonido y la experticia técnica con que cada componente se anota en esta historia que, como diría Weichafe, no para de escribirse en la calle. Y eso se hace con gente de verdad. Rematando la primera parte del show, una sincera "Yellow Ledbetter" –original de Pearl Jam, influencia innegable y que la misma banda remarca con la soltura propia de la experiencia- que se entrelaza a la perfección con la anterior mencionada, y "My Own Shell" cerrando el primer acto de un espectáculo apoteósico en todo sentido.


 Luego de un intermedio de 15' en que se aprovechó de invitar al público a un concurso, otro video animado nos alertaba para el inicio del 2do acto, arrancando de entrada con "Our Voice". A estas alturas, el espectáculo es total, incluyendo más de una sorpresa a nivel de repertorio. Como pasó, por ejemplo, con la potente versión de "I Want It That Way", original de los recordados Backstreet Boys y cuya inclusión en el set puede ser analizada desde dos puntos de vista: el del prejuicio respecto a "lo que no debe ser el Rock" y el de la libertad para interpretar y arreglar aquellos clásicos de la música popular sin importar el estilo. Tomando en cuenta lo segundo, la libertad que proyecta Deck en sus directos no es más que el fiel reflejo de la integridad artística propia de cinco músicos que barren con todo límite impuesto desde afuera. Y cualquier duda al respecto, la aclara Felipe Escalona con su descomunal y exquisito solo de batería, una bestia en los tarros que imprime su sello en los tarros al más puro estilo de leyendas como John Bonham y Roger Taylor. Lo que es inventar la vida y dejarla en cada golpe. 

 Llegando a la recta final, un bombazo tras otro. Los coros grabados a fuego de "Distant Soul", con el público adueñándose de éstos como himno de toda la vida, ni el metalero más duro puede abstraerse de tamaña muestra de comunión, como también ocurre en “Hope”. Tripa y corazón canalizadas con una maestría a la altura de del golpe liberador con que el Rock reluce con brillo propio. El recuerdo de Freddie Mercury en la pesada “I Want It All” de Queen –introducida por Franco Jofré emulando el clásico juego vocal del legendario cantante británico con el público-, de la mano con la oceánica “Call The Stone”, muestra suprema de un sello que bebe, sin empacho alguno, de la oleada musical surgida en Seattle durante los ’90 y sin morir en ello. 

 Para el remate, la fiesta total con “It’s My Life” –original de Bon Jovi- y el epílogo perfecto para casi 120' de música y emociones a flor de piel. Eso y más encarna Deck en vivo: buen gusto, fiereza y convicción en sus ideas y objetivos. De ahí el nombre del evento, encajando como anillo al dedo en este país tan ingrato y castigador con sus artistas. Siempre contra el destino que le depara a sus hijos que se entregan en cuerpo y alma a su espíritu libre, la música flameará cual estandarte de guerra. Ante la duda, Deck se encargará de recordarnos ese propósito de lucha constante en base a sus propias armas. 

Escrito por: Claudio Miranda
Fotos cortesía de: Sebastián Dominguez

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