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24 de enero de 2019

#Columna: Triste pero cierto


  Sabemos de sobra que el Festival de Viña no es un evento de Rock ni jamás lo será. Asumimos también que que eso que llaman "diversidad musical" es algo tan jodido como ubicuo, como lo es, obviamente, la preferencia personal y el respeto por los gustos de otros. Por último, sabemos que, alguna vez, el Festival de Viña, a diferencia del programa de TV en que se convirtió desde hace unos cuantos lustros, era realmente un festival y que muchos de los grandes artistas de todos los tiempos pasaron por la Ciudad Jardín, ya sea en su apogeo, antes de consagrarse o disfrutando de la vigencia de un legado inmortal.

  Para alguien que fue niño/adolescente en los '90, la confirmación de los Backstreet Boys en la próxima edición del festival puede verse desde dos aristas: una brutal caída de carnet o una revisión al cáncer musical de una era: las "boy bands". Para un niño de 14 años que se metía de lleno en la música más pesada y alucinaba con los inefables cassettes de Iron Maiden, Megadeth y Pantera fijos en el Walkman Sony, imposible no rememorar -a veces con desagrado, otras con un dejo de humor y nostalgia (?)- la imagen de tus compañeras de curso suspirando y gritando, a veces rozando la histeria y el llanto, por un grupo de adolescentes bien vestidos y sonrientes, moldeados por una industria musical que, en su momento, hizo de las boy-bands un recurso perfecto para llenar sus bolsillos en base a música barata y hueca, sin contenido y hecha para el rato. De ahí a hablar seriamente de "calidad musical", hay un solo paso para iniciar una carrera como comediante (?).

 Retomando el asunto del Festival de Viña, cuando hablamos de número anglo, los nombres que se nos viene a la mente ni siquiera necesitan presentación: The Police -en pleno auge, antes de llegar a la cima del universo con el superventas "Synchronicity"-, Krokus -cuando el Heavy Metal era sinónimo de cultura popular a nivel global, allá en los dorados '80-, Europe -en dos ocasiones y en ambas promocionando discos de alta factura y con formación estelar-, Cheap Trick, Faith No More -el acto más "freak" de todos los nombrados, incluso más allá de la categoría anglo-, Heart -sí, alguna vez las hermanas Wilson pisaron suelo chileno-, Creedence Clearwater Revisited -la versión sin los hermanos Fogerty-, Toto, Kansas, Journey, Peter Frampton, Santana, Rod Stewart, Earth Wind & Fire, Elton John,  Roger Hodgson, el propio Sting como solista. A esos nombres relacionados habitualmente con el Rock debemos sumar a Mr. Mister -su cantante, el bajista Richard Page, leyó un recordado mensaje que, en plena dictadura, fue un dolor de cabeza enmendado con el propio artista pidiendo disculpas después de su presentación- Cat Stevens, Albert Hammond, Lionel Ritchie y, en especial, una eminencia del siglo pasado: Ray Conniff, fallecido en 2002 debido a un lamentable accidente casero.

  Con los nombres mencionados anteriormente -si se me fue alguno, pido disculpas-, la confirmación de Backstreet Boys como EL número anglo de la sexagésima edición del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar -y su regreso a la Quinta Vergara desde 1998- parece una broma que hay que tomar con humor y para la cual, ya debe haber un centenar de memes circulando sobre el flamante anuncio. Reitero: sabemos hace rato que el Festival de Viña no tiene porqué dirigirse, exclusivamente, al público rockero y jamás será así. Pero cuando se trata de un evento internacional cada vez más venido a menos, este tipo de noticias da a pensar respecto al nivel cultural en el que estamos sumergidos desde hace un buen rato, al menos a nivel local.

  Las palabras sobran cuando nos damos cuenta de que el máximo evento veraniego glorifica como "el número anglo de primer nivel" a un producto salido de cualquier "fábrica de talentos" y lo erige a la altura de los nombres mencionados un par de párrafos más arriba. Puede que Peter Cetera fuera una excepción por sus baladas cursiloides en la época de los peinados cardados, las hombreras y las películas taquilleras para adolescentes tipo "Porky's", pero su pasado como bajista y voz de Chicago -sus primeros 6 discos, un deber para todo amante del Jazz-Rock de los '70- le da un respeto merecido aquí y en la quebrá' del ají.

  No hay nada más que agregar. Solo preguntarnos: "qué te hicieron, número anglo?" y resignarnos a ver cómo lo que alguna vez fue un prestigioso evento musical de alcance internacional, hoy no es más que un programa de TV de poca monta. Una cosa es el negocio, otra bien distinta limpiarse el culo con la historia cuando lo que importa son las lucas y el rating. La dignidad no es un valor que vaya de la mano con el negocio. Como dice ese clásico de Metallica: Triste pero cierto.

Escrito por. Claudio Miranda
#Columna: Triste pero cierto
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