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#LiveReview Steve Harris's British Lion: Lujo exclusivo


  A estas alturas, el nombre de Steve Harris habla por sí solo. El 'jefe', motor y cerebro de Iron Maiden, se encuentra en una etapa en que, al menos fuera de la banda que lideró en el camino al éxito, puede darse ciertos lujos que, de alguna forma, dan cuenta de la necesidad de diversión con que la música recobra su esencia primaria. Es lógico si tomamos en cuenta que al propio Harris le gusta pasarla bien tocando en lugares de muy reducida capacidad respecto a los estadios que llena al frente de Maiden; tocar en bares te devuelve el alma en lo que te apasiona e impide que esa misma pasión te queme cuando hay una empresa que mantener a flote -con el respeto que merece una institución del Heavy Metal mundial, quizás la más grande. Por otro lado, el verlo al frente de una banda 'desconocida' como lo es British Lion, puede resultar tan desconcertante como oportuno: estar cerca del 'jefe de jefes' y que éste se convierta en centro de atención como integrante de una agrupación compuesta por músicos desconocidos, una experiencia obligatoria para el fan más acérrimo.



  Un Caupolicán con menos de un cuarto de su capacidad albergó esta visita a partir de las 18:30 horas, con los chilenos de Cleaver desplegando su Hard Rock con influencias noventeras. Potente, un sonido aplastante y la actitud requerida para prenderle fuego a un recinto con público escaso pero receptivo a la vibra puñetera proyectada desde el escenario. Imposible resistirse a la sacudida con que "Bipolar" y "Hear The Silence" se defienden y atacan con la personalidad propia del género.

 Poco después llegaría el turno de King Of Liars, cultores de un Rock duro con enfoque en la melodía y los riffs con parentesco zeppeliano, tal como pudimos apreciar en su LP titulado "4U", editado este año y cuya vibra repleta de sensualidad y pasión adquiere ribetes gigantescos en vivo. Hay espacio para todo, incluyendo la participación del guitarrista de Queenmilk Rodrigo Mora en "Little Bitch", dejando en claro que las etiquetas sobran cuando la calidad y la honestidad priman. Puede que el único 'punto bajo' radique en la opaca presencia del teclado respecto a la muralla de guitarras, pero nada de ello empaña el nivel de espectáculo con que los porteños apuntan a superar las fronteras locales.



   El reloj marcaba pasadas las 20 horas cuando las luces se apagan y la sola aparición de Steve Harris desata la euforia de las cerca de 500 personas presentes en el recinto de calle San Diego, dando paso a la inaugural "This Is My God", el corte que también abre el debut homónimo (2012) y con el cual podemos apreciar las virtudes y características del quinteto en su totalidad, incluso más allá de la presencia de su ilustre bajista. La dupla guitarrera conformada por Grahame Leslie y Simon Dawson no tarda en desplegar sus dotes como exponente de las guitarras gemelas, elemento fundamental para entender el sonido de una agrupación altamente influenciada por el Hard Rock de los '70, en especial ese mítico combo británico llamado UFO, pero con matices de modernidad y melodías accesibles. "Lost Worlds", "Father Lucifer" y "The Burning" continúan el set sin decaer un ápice de la intensidad con que los ingleses entablan de inmediato la conexión con los centenares de fans que respondieron al llamado del 'jefe'.



   Tal como lo mencionamos al comienzo de esta nota, a Steve Harris le interesa pasarla bien y tomarse un relajo respecto a la banda que lidera desde hace cuatro décadas, y qué mejor que hacerlo integrando una agrupación donde él es la estrella, y con bastante razón. A la vez, la cercanía que el 'jefe' proyecta con su sola presencia -al igual que su inconfundible galope sónico- ayuda a mantener el espíritu del espectáculo, de alguna forma entablando nuevos lazos con los seguidores de la Doncella de Hierro y generando la bienvenida necesaria a los "nuevos" colegas de Harris. Por lo tanto, y ya bien entrado en el set, "Spitfire", "The Chosen Ones" y "Bible Black" se consagran como 'himnos' gracias a la ejecución en vivo con que British Lion aprovecha el escenario.



  Al momento de analizar el set, podemos apreciar la cohesión existente entre el material publicado en "British Lion" (2012) y los tracks que formarán parte del siguiente lanzamiento de los ingleses. Así es como se explica que "These Are the Hands" y "Last Chance" congenien con una fluidez impresionante, quizás sin intenciones de alzarse como novedades pero sí reafirmando la intención real: pasarlo bien, hacer música sin presiones externas. Todo lo que es darse un gusto, donde importan más las canciones que la pirotecnia y las individualidades. Prueba irrefutable de esto último es el coro de "Us Against the World", quizás el momento más "Maiden" de la noche y cuyo coro refleja el cariño de los seguidores de la Bestia hacia los suyos, tanto al propio Harris como sus compañeros en esta travesía.



  Además del desempeño de las guitarras, también es necesario recalcar la labor de Simon Dawson en la batería, un tipo cuya influencia arraigada en el antiguo Hard Rock británico se hace sentir en cada golpe, transitando entre lo simple y lo complejo con gran movilidad. Por otro lado, y completando el equipo, Richard Taylor concentra las sensaciones encontradas respecto a su labor como frontman. Si bien su registro e interpretación recuerdan en parte a Phil Mogg -la eterna voz de UFO-,  se espera algo más que un despliegue correcto sobre el escenario. Es cierto que no es un clon de Bruce Dickinson ni pretende serlo, pero para este tipo de música es necesario un (buen) poco de sangre y puños en alto. Aún así, la recepción de los fans nunca decayó, sino todo lo contrario: con el 'jefe' presente, nada de gestos reprobatorios ni malas caras. La sensación de fiesta que nos queda al final con "Eyes Of The Young" -su melodía principal cantada por el público, el momento "Bon Jovi" de la jornada- es la que nos queda como reflejo de la jornada.



   Más allá de las preferencias personales hacia la propuesta de British Lion, es necesario recalcar la importancia de esta presentación inédita de Steve Harris como una suerte de inspección en terreno para lo que será la próxima visita de Iron Maiden, programada para octubre del próximo año. Es por eso que, pese al poco público que llegó al Caupolicán, es bueno mirar el lado lleno del vaso. La presencia del 'jefe', reiteramos, basta por sí sola para comprobar la irrefrenable devoción que despierta la Doncella de Hierro tanto en su totalidad como por separado, más aún si es el propio cerebro y corazón de la mítica banda inglesa quien decide darse un lujo que solo los consagrados pueden darse a sus anchas.


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Fotos: Diego Pino
Escrito por: Claudio Miranda

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