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#LiveReview: Quimera + Pilsen Drinkers + Homicide + Recrucide "Ritual de Destrucción Masiva"



Cuesta encontrar calificativos para referirnos al cartel que protagonizó el evento realizado la noche del sábado 13 de Mayo en el ya tradicional Bar Óxido, un recinto que no se cansa de albergar jornadas memorables y donde el testimonio de los asistentes queda reflejado en las heridas de guerra producto del mosh y/o el intenso headbanging. No es para menos considerando que son contadas las ocasiones en que lo mejor del Metal nacional en su faceta más extrema se alinea cual constelación para brindarnos una noche incendiaria y donde no hubo tregua por parte de la trituradora sónica que causó estragos desde el comienzo.

  Encargados de abrir los fuegos, a eso de las 23 horas -aprovechando el cambio de horario de manera certera- fueron los buenos de Quimera, agrupación local que se ha hecho un nombre en la escena gracias a una propuesta que combina la crudeza del Thrash con un discurso que alude sin anestesia a la realidad sociocultural que envuelve al ciudadano común en una niebla que parece nublar la vista hacia mejores oportunidades de vida, visión plasmada en aquel tremendo LP titulado Testigos de la Perdición (2016), trabajo del cual destacan potentes cortes como el track-título, "Educados en Odio", "El Rito" y "Planeta Fúnebre", todos auténticos trallazos de Thrash Metal desgarrador y aplastante en todas sus líneas. Da gusto contemplar en escena al cuarteto desplegando todas sus virtudes escénicas y técnicas, con Francisco Pardo -guitarra, voz- imponiendo con categoría la visión plasmada en la música, secundado de manera efectiva por Christián Soto, cuyo desempeño en las seis cuerdas resulta escalofriante, al igual que su puesta en escena. Similar apreciación podemos hacer respecto a la base rítmica compuesta por el bajista Hector Kusma y el baterista David Astorga, ambos cumpliendo con cabalidad maestra su rol como generadores del groove machacante con que el cuarteto impone sus términos, incluso a través de dos auténticos himnos correspondientes al LP debut Caos (2013) como son "Santiago Nuclear" y la golpeante "Ira Latina". Suficiente para recordarnos que no necesariamente basta un sonido contundente cuando también prima la actitud necesaria en estos tiempos turbulentos, algo que Quimera aplica al pie de la letra.

Poco después, desde Coquimbo, llegaría todo el poder destructor de Pilsen Drinkers, agrupación originaria de Coquimbo y cultores de un Metal crudo y repleto de toda la 'mala leche' propia de la calle, elemento plasmado con fidelidad en su opera prima titulada Join The Brotherhood (2016), trabajo que les ha valido un nombre a nivel local luego de una década en la carretera. Y aquí hay que destacar un factor que juega a favor cuando más se requiere, como lo es el oficio. Porque lo que parecía un tropiezo mayúsculo debido a los problemas técnicos que retrasaron el desarrollo del set durante unos minutos en un comienzo, fue la prueba necesaria para corroborar de qué está hecho esta agrupación que, sobre el escenario, no dudó un solo instante en exponer todas sus credenciales cuando se trata de desatar la energía destructiva con que su propuesta hace sentir su poder sin que nada ni nadie pueda hacer algo al respecto, como lo reflejan pasajes de la talla de "Desatando la Furia", corte perteneciente al demo editado en 2005. Está comprobado que, en vivo, Pilsen Drinkers se consolida como una hermandad donde el odio y la furia son bases fundamentales dentro de un género que refleja lo peor de nosotros como seres humanos.

 Si hablamos de presentaciones lisa y llanamente asesinas, lo de Homicide puede ser descrito como una carnicería de aquellas. Un trabajo de la talla de The Sosh Guar (2016) no da un solo espacio a la esperanza para la humanidad y en vivo aquello se refleja con la clase propia de un referente, sea local o internacional. Desde el inicio con "Reptile's Wrath' no queda otra opción que caer de rodillas ante la fuerza descomunal con que el quinteto causa estragos entre los asistentes, donde el mosh y el headbanging se hicieron sentir sin contrapeso alguno. "The Offering", "Lime, Coil and Brotherhood", "Mino's Lab" y "The Burning Tongs", formaron parte de un set que abarcó gran parte de su discografía con la fuerza suficiente como para derribar los muros del recinto ubicado en calle Purísima. La personalidad del cantante Alejandro Ruiz, dueño de un sanguinario registro vocal, resulta clave al momento de generar la retroalimentación necesaria entre la banda y el público, en especial los fans más acérrimos que jamás cesaron de cabecear con el frenesí propio del Death Metal en su esencia más pura. Punto a destacar es la participación de joven guitarrista Eduardo Romero -reemplazo momentáneo del titular Gabriel Pincheira- cuyo despliegue técnico y personalidad se hizo sentir al momento de conformar la despiadada dupla sónica junto a Patricio Díaz, artífice del sonido con que Homicide sale al escenario a cumplir su tarea sin dejar sobrevivientes, como lo deja en claro el himno "Die, motherfucker!". No hay mucho que ahondar cuando el homicida te rebana la yugular sin que nada pueda evitarlo. Lo que se llama Death Metal, más allá de la música, Homicide lo pone en práctica como regla de vida, una sana y  buena costumbre.


Como broche de oro, llegaría el turno de una agrupación consagrada y, al mismo tiempo, hambrienta de mucho más. Hablar de Recrucide significa referirnos a una institución que no cesa su poder destructivo, sino todo lo contrario. Si bien la agrupación liderada por el bajista y cantante Rodrigo Zepeda está ad portas de publicar lo que será su cuarto LP en estudio dentro de unas semanas, queda claro que su repertorio siempre será bienvenido y necesario para todo amante del Death Metal en su faceta más técnica, sin sacrificar un ápice de su crudeza. Desde el inicio con "Death Confession" hasta el final asesino con "Art Of Crime", pasando por trallazos como "Black Lamb", "Ritual", "Dream Murder", "Carnage/Message Of God" y "God Didn't", el cuarteto reluce todo su poderío con una actitud comparable a la experticia técnica con que cada uno de sus componentes aporta a la destrucción masiva generada en cada riff. Mención especial para Rodrigo Alpe, cuya maestría en los solos adquiere tintes sobrecogedores, mientras su compañero de cuerdas Hernán Muñoz y el baterista Cristian Medina aportan a nivel sonoro y rítmico con la precisión milimétrica que caracteriza la propuesta consolidada de Recrucide, donde sí es posible controlar el caos universal para hacer y deshacer, al punto de desafiar el libre albedrío o, siendo más radicales, el poder de aquel ser omnipotente llamado Dios.
 "Destruyendo la Capital" cumplió su objetivo con la efectividad propia de un sicario o un francotirador experimentado. Que nada permaneciera en píe y, si había que derramar sangre, no hubiese objeción alguna. Y si la hubiese, lo más seguro es que aquel objetor terminara sus días como ofrenda a los dioses a través de este ritual de destrucción y muerte, donde la violencia de la cual renegamos a diario se vio reflejada en proporciones naturales, sin ninguna exageración. Cartel ideal para todo amante de los sonidos extremos en el plano local, suficiente como para dejarnos con ganas de una próxima edición. Al menos para quienes sobrevivimos (?) a tamaña carnicería es probable que se concrete nuevamente.

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Escrito por: Claudio Miranda
Fotos por: Nicolás Soto

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