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#LiveReview: Sebastian Bach "Sucio y Desprolijo Rock & Roll"


Es necesario ser francos ante lo ocurrido anoche en el Teatro Cariola. Luego de dos memorables visitas anteriores a nuestro país (2010, como número de apertura para Guns N' Roses y 2012 en solitario, en un Caupolicán repleto), la tercera vez de Sebastian Bach pisando un escenario nacional no generó las mismas expectativas del pasado. Con una trayectoria solista bastante irregular y poco certera, el cantante canadiense apeló a un set compuesto en su cuasi totalidad por una selección de lo mejor de Skid Row, la banda de New Jersey que remeció con fuerza la escena mundial del Hard Rock a fines de los '80, colocándose incluso a la altura de estrellas consagradas como Motley Crüe y Guns N' Roses. Era lo que, al mismo tiempo, demandaban y obtuvieron los cerca de 700 asistentes que concurrieron al recinto ubicado en calle San Diego, un número bastante reducido respecto a las ocasiones anteriores, pero que poco y nada importó a los fans incondicionales, los mismos que no tienen empacho en afirmar -y con justa razón- que Sebastian Bach es el alma de Skid Row, la encarnación de la rebeldía juvenil con que se ganó la admiración y fanatismo acérrimo de millones de adolescentes.


   Por supuesto, el evento también marcó la ocasión para presenciar la propuesta de dos nóveles agrupaciones locales, ambas exponentes del Rock duro en su esencia pura, pero con distintos matices una de la otra. Queen Milk sería la banda encargada de abrir los fuegos, mediante una propuesta orientada a las raíces del Hard Rock, específicamente Led Zeppelin, Free y Black Sabbath. Cortes de la talla de 'Nowhere', 'Smash', 'Poison Snake' y 'Brazil' reflejan la influencia notoria de los primeros 2 trabajos de Zeppelin y los inicios bluseros de Sabbath, una mezcla certera de Blues y psicodelia con toques de música afro-latina, al mejor estilo de Santana (1969-71), todo aquello reflejado especialmente en la energía que expele la guitarra Telecaster en manos del virtuoso Rodrigo Mora y una base rítmica tan musculosa como sutil en cada pasaje. Quizás el gran 'pero' de la presentación -y la tónica de la jornada- fue el sonido deficiente, lo que muchas veces impidió apreciar de manera detallada la propuesta 'vintage' de una agrupación que rescata las raíces de un género que no tranza sus principios.


   Luego llegaría el turno de King Of Liars, agrupación originaria de Valparaíso liderada por el multi instrumentista Johnny Verdugo (Break.Down), quien decidió emprender su propia aventura, respaldado por músicos cuidadosamente elegidos. Importante a recalcar aquello al momento de presenciar una propuesta que apela al Hard Rock de los '90 y comienzos del presente siglo, en particular Stone Temple Pilots, Soundgarden y Audioslave, complementado por una puesta en escena marcada por la presencia de Víctor Chousal, cuya interpretación denota la influencia decisiva de referentes de la talla de Chris Cornell y Layne Stayley, lo cual se pudo apreciar en pasajes como 'The Bad In Me', 'Lie', 'Funk Night' y 'Falling Down'. Sin embargo, los problemas de sonido jugaron en contra en gran parte de la breve performance, empañando aquello que merecía mucho más. En estas situaciones, lo que cuenta es la actitud y King Of Liars puso la cuota necesaria pese a la mala calidad del sonido, prácticamente saturado al punto de no poder apreciar con claridad las virtudes técnicas e interpretativas de una banda cuya propuesta apela al Rock duro en su vertiente más directa y refrescante.


   A eso de las 21 horas, apenas se apagan las luces, y en medio de la ovación general, aparecen en el escenario el guitarrista Brent Woods, el bajista Rob De Luca (integrante estable en UFO desde 2008, en reemplazo del histórico Pete Way y con quien la banda británica editó, el año pasado, el aclamado LP "A Conspiracy of Stars") y el reconocido baterista Bobby Jarzombek (Riot, Halford, actualmente en Fates Warning), todos conformando un equipo de categoría mundial interpretando los primeros acordes de 'Little Wing', el clásico de Jimi Hendrix. Y la ovación se volvería gigantesca con la aparición de un Sebastian Bach que, a sus 48 años, asume su papel de 'showman' con una energía y personalidad que recuerdan de inmediato a aquel joven cantante que, hace más de un cuarto de siglo, con 20 años recién cumplidos, sorprendía a los fans y la prensa especializada por su desplante en escena y su escalofriante desempeño vocal. Y desde el comienzo, saludando al público, el blondo y veterano cantante hace sentir su presencia y virtudes como frontman de clase mundial, tal como en sus mejores tiempos.

  Luego de saludar efusivamente al público en un español bastante 'accidentado', el canadiense ofrece una cálida interpretación de 'Breakin' Down', original del injustamente subvalorado 'Subhuman Race', con la guitarra acústica de Brent Woods dejando en claro que la primera parte del show estará dedicada a repasar el lado más melódico y sutil de la banda con que salto a la fama. Las deficiencias de sonido, desgraciadamente, afectaron considerablemente la presentación de manera grosera, sobretodo en la primera parte más orientada al material más melódico y las baladas. Tal como ocurrió en la siguiente '18 & Life', un momento en que la ganancia aumentó de manera abrupta, ocasionando la evidente molestia auditiva entre los asistentes, quienes, sin embargo, no dudaron en acompañar a Bach en los coros. 'Wasted Time' mostró una leve mejoría en el sonido, con un Sebastian Bach en total forma, pese al paso de los años. Es sorprendente y grato el poder presenciar el tamaño desempeño por parte de un personaje que vivió en carne propia los sabores y vicios del Rock n' Roll en el pasado. Bastante agua ha corrido bajo el puente pero tanto el cantante como sus fans saben que es mejor recordar lo bueno, aquellos himnos que identificaron a toda una generación que supo ver en el Rock una vía de escape y desahogo en aquella etapa cuando la vida, de a poco, nos muestra su cara más cruel, con la que en la adultez debemos lidiar a diario. 'Quicksand Jesus' es la prueba fehaciente de todo aquello y en vivo, Sebastian Bach la hace suya, mientras Brent Woods desempeña una labor tremenda en las seis cuerdas al interpretar, a su manera, el doble papel que ejecutan Scotti Hill y Dave 'Snake' Sabo, la dupla guitarrera de Skid Row. Para rematar la primera parte del show, la tremenda y emotiva 'I Remember You', por lejos el gran éxito de Skid Row, la balada que les valió el salto inmediato a la fama luego de publicar su debut homónimo en 1989. Con el público en su totalidad grabando con sus celulares -hay costumbres que es necesario erradicar, sobretodo si se trata de asistir a un evento y grabar un video de paupérrima calidad en vez de disfrutar el momento- y prácticamente apropiándose de los coros, una de las baladas más legendarias y conmovedoras del Hard Rock de los '80 marcó el peak respecto a la comunión entre el público y un Sebastian Bach cuya entrega e interpretación solo dejan lugar a la ovación y los aplausos, siempre merecidos.
   

Luego de un breve interludio con 'Back In The Saddle' de Aerosmith de fondo (versión extraída del LP "Angel Down", con Axl Rose en las voces), comienza la segunda parte del show, completamente orientada a repasar el material más pesado, de la mano de 'Slave To The Grind', corte que le da título al segundo trabajo de Skid Row editado 1991. Impresionante la interpretación por parte de un eufórico Sebastian Bach luciendo una polera de Kiss, su banda de cabecera por excelencia, mientras Brent Woods emula el solo original de Scotti Hill con una maestría tremenda. Respecto a la base rítmica conformada por Rob De Luca y Bobby Jarzombek, una máquina que funciona de manera aplastante y con precisión de relojería. Fundamental el trabajo desempeñado por el baterista americano, cuyo desempeño de pronto nos recordó su etapa en Riot, recordando la metralla baterística que hizo de álbumes como "Thundersteel" clásicos perennes del Metal de todos los tiempos.

   'Sweet Little Sister' -con Bach sosteniendo la primera de las dos banderas entregadas por los fans- y 'Big Guns' conforman un breve pero siempre necesario repaso al demoledor LP debut del '89, con la banda dictando cátedra de Rock duro con actitud callejera y 'mala leche', mientras Sebastian Bach se luce tanto por sus cualidades vocales intactas como por la energía que derrocha en cada movimiento y expresión. Realmente admirable el hecho de que, a pesar de las constantes deficiencias de sonido, el cantante originario de Ontario se preocupara de ofrecer un espectáculo de primer nivel, con Woods y De Luca corriendo de un lugar a otro aprovechando el escenario a su gusto y respaldando de manera eficaz a Bach en los coros. 'The Threat', en vivo, nos mantiene a todos saltando y gritando con puño en alto esos coros con que destaca en su versión en estudio aunque parezca no tener la misma repercusión de las canciones más conocidas del catálogo de los de NJ. Ya en ese momento, el Cariola vivía una desenfrenada fiesta de Rock n' Roll, donde la baja asistencia poco y nada importó ante semejante clase de desplante derrochado por toneladas.


   Una pequeña pero bienvenida excepción en el set llegaría con 'American Metalhead', extraída del mencionado "Angel Down" y escrita originalmente por un antiguo colaborador, 'Metal' Mike Chlasciak -músico americano de origen polaco recordado por su exitoso paso en Halford, el proyecto solista del 'Metal God'-, previa presentación por parte del locuaz cantante, cuyas virtudes como 'showman' barren con todos los cuestionamientos existentes y por haber, aunque la afinación, por lo momentos, en buen chileno, 'se le va en collera' . 'Piece Of Me' reanuda de inmediato el recorrido por el legado histórico de Skid Row. Poco después, ocurre un pequeño 'chascarro' que el mismo cantante se lo toma con humor: luego de presentar la siguiente canción, suenan los primeros acordes de 'Rattlesnake Shake', pero Sebastian ordena cortar de inmediato, ya que se trata de la canción equivocada respecto al orden del set. Es así como la presenta de nuevo y suenan los primeros acordes de un himno con todas sus letras: 'Monkey Business', cuyo groove bailable te hace mover el cuerpo de de manera automática, clara reminicencia de la banda que encarnó a comienzos de los '90 la rebeldía juvenil y agresividad en su máxima expresión, incluso desplazando en su momento a Guns N' Roses del sitial correspondiente a 'la banda más peligrosa del planeta'. Momento memorable se produce en la mitad de la canción, cuando el extraordinario Bobby Jarzombek se despacha una especie de solo que en realidad, marca el comienzo de 'Tom Sawyer', el eterno clásico de Rush, el Power Trío al que Sebastian Bach le profesa una devoción similar a la que siente por sus amados Kiss, con el público participando activamente, para luego retomar 'Monkey Business' en su sección final. Rock n' Roll en su estado más puro.


   Y llegamos a la recta final, de la mano de dos cortes pertenecientes al debut homónimo, primero con el groove vacilón de 'Rattlesnake Shake', con un Sebastian Bach jugando con el cable del micrófono como si fuera un lazo, a la usanza de los vaqueros del Viejo Oeste americano -Roger Daltre, de The Who, fue el pionero en convertir aquella herramienta musical en un arma mortal para hacer acrobacias-. Y para el gran final, mediante una intro más larga e igual de explosiva que su version en estudio, el himno de toda una generación: 'Youth Gone Wild', la Declaración de Principios con que Skid Row dejó en claro esto de que se es rebelde y salvaje hasta la muerte. Así al menos lo entienden los fans que entonaron tanto los coros como cada uno de esos versos rebosantes de rebeldía metalera. Y ante la ovación de un público que aún no sacia su hambre de Rock n' Roll, luego de presentara  al banda, Bach nos cita a otra banda que ocupa un lugar en su corazón junto a Kiss y Rush: AC/DC. Por lo mismo es que 'TNT' se sintió, desde la primera hasta la última nota, de manera contundente, da igual si es un cover o no. Es AC/DC y 'TNT' encarna la pachorra con que debemos pararnos ante cualquier situación complicada en la vida diaria. Broche de oro para un show en que desbordaron diversas sensaciones durante 80'.

   Quizás la mayor crítica que se le puede hacer a Sebastian Bach es la nula presencia de su material solista en el set, aunque seguramente él mismo debe saber que nada superará, a nivel mediático y comercial, la leyenda que forjó al frente de una de las bandas más auténticas y peligrosas de todos los tiempos. Como sea, al rubio y veterano cantante poco debiera importarle aquello cuando en la actualidad puede gozar de las regalías de aquellas placas fundamentales del Hard Rock como son el álbum homónimo y el más pesado y salvaje 'Slave To The Grind', trabajos con los que podría armar un show completo sin tener por qué sentir alguna culpa. Skid Row, por estos días, se encuentra sin cantante estable pero, pese a los deseos de Bach por reunirse con sus ex-compañeros luego de casi veinte años, la negativa por parte de éstos  es rotunda, por lo que solo queda soñar y disfrutar de estos momentos en que revive la leyenda, aunque sea 'solamente' la voz, el rostro y la actitud. Habría sido mejor poder disfrutar de un sonido de mejor calidad, pero estamos seguros de que Sebastian se lo toma con humor. Si no lo creen, acuérdense del mítico Nolberto 'Pappo' Napolitano, quien afirmaba hace cuarenta años: "no  cambia nada estar un poco sucio, si mi cabeza es eficaz". Un espectáculo sucio, salvaje y desprolijo fue el que nos brindó Sebastian Bach. Salvaje y eternamente juvenil, pero efectivo y necesario, como pocos.

    
Escrito por: Claudio Miranda
Fotos por: Ivette Barría

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