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#LiveReview: Chile Rock Festival Día 2


  La segunda jornada de Chile Rock marcó la diferencia necesaria cuando se trata de exponer el Rock nacional en su total diversidad. Si en la anterior predominaron los sonidos más ligados al Metal, tanto extremo como melódico, esta vez pudimos apreciar una serie de propuestas cuya variedad dio para todos los gustos. 


Partiendo por la banda de Hard Rock Exxocet, agrupación que rescata la parafernalia del Glam Metal de los ’80 y su sonido con aires ‘fiesteros’. Para ser el número de apertura, resulta grato el poder apreciar el arrastre que genera una agrupación que se para de la misma manera sobre cualquier escenario. La postal de ‘Party Tonite’ con un público entusiasta resume cuán certera fue la decisión de encargarles el abrir los fuegos de esta segunda jornada con todo, esta vez de manera impecable a nivel técnico y aprovechando los tiempos designados por la organización. Con el pie derecho, Exxocet dio cuenta de su reputación como acto en vivo de manera audaz.


    Poco después llegaría el turno de Violent Passion Surrogate, combo liderado por el eximio guitarrista Gabriel Hidalgo y el reconocido cantante y actor Sergio ‘Panqueque’ Domínguez, cuya propuesta combina lo mejor del Metal Extremo Industrial de los ’90 con estructuras compositivas de alta complejidad, muy cercano al Progresivo de Devin Townsend y King Crimson. Con un repertorio que incluye el single ‘The Sound Of Hate’, ‘The Dance of Shapes’ y ‘The Beat of Machinery’ -pertenecientes a lo que será su EP debut-, el cuarteto nos brindó una presentación magistral, dando cuenta de un desempeño cuya precisión milimétrica y fuerza aplastante se pudo apreciar al detalle gracias a un trabajo en sonido que nos advierte de inmediato que, pese a ser su tercera vez sobre un escenario, la cosa va en serio. No solo se trata de rescatar elementos que hicieron furor en la escena mundial hace dos décadas, también se trata de expandir las fronteras de un género que pocas veces ha mirado con buenos ojos el incluir más colores en la paleta. VPS dejó en claro sobre el escenario que las barreras están ahí para romperlas. Actitud, técnica y alma, ambos elementos cobraron forma en cada riff y verso interpretado.


    A continuación nos toca presenciar un número tan sutil como sofisticado respecto al resto del cartel. Al menos es lo que se nos viene a la mente con Caterina Nix, destacada cantante nacional cuya carrera ha generado la atención de los medios especializados durante los últimos años, en especial por su participación en Chaos Magic, proyecto fundado y liderado por el histórico guitarrista finés Timo Tolkki (ambos se conocieron acá durante una de las últimas visitas de Stratovarius con el músico en sus filas). De aquel proyecto, cuyo disco homónimo fue editado el año pasado, destaca el single ‘I’m Alive’, interpretado magistralmente en su set gracias a una banda compuesta por músicos de clase mundial. Debe tratarse, por lejos, de la presentación más íntima respecto al resto del cartel, acentuado por el desplante del que hace gala cantante sobre el escenario, comparable con un registro vocal que denota la decisiva influencia del Metal sinfónico europeo (Epica, Within Tempation) al momento de componer e interpretar. Es probable que no sea del gusto masivo, pero el respeto y la atención que el público mostró durante la presentación habla de un serio trabajo que le ha valido a Caterina Nix el poder brillar por sí misma en un estilo que privilegia el descubrimiento del alma por sobre el virtuosismo y el peso característico del género. La honestidad es un elemento fundamental en cualquier arte, sobretodo en la música. Caterina Nix lo entiende y lo aplica como pocos saben.


   Lo mejor de la diversidad en el Rock es el refrescante cambio de aire que permite mantener la temperatura estable peor siempre confortante. Al menos esa es la sensación que se nos viene cuando Surfin’ Caramba se sube al escenario. Con 15 años de carrera y cultores del Psychobilly nacional –con harta influencia de Social Distortion y el legendario Johnny Cash-, el trío nos brindó una presentación magistral, en base a una actitud que rescata lo mejor del punk y el Rock n’ Roll primario, con algunos tintes de Death Metal y folklore. Tal cual, la propuesta de Surfin’ Caramba abarca una serie de géneros quizás influenciados notoriamente por la música americana, pero no por ello se habrán olvidado de la tierra que los vio nacer. Si alguien lo dudaba, entonces ‘Arriba en la Cordillera’ (original del gran cantautor nacional, don Patricio Manns) disipa todas esas dudas, el Rock chileno no se forjó de la nada. Por detalles tan elementales como el rendirle el siempre merecido tributo a los grandes de la música nacional de todos los tiempos, es posible marcar la diferencia de manera rotunda, al punto de unir mundos distintos a través de la raíz. Sobre el escenario, Surfin’ Caramba lo hace posible y ante tamaña muestra de actitud y calidad, solo queda aplaudir.


   Cuando hablamos de Rock n’ Roll en su máxima expresión, esto va más allá de la música y todos los dogmas que suelen contaminarla. Es una cuestión de actitud ante las vicisitudes con que nos topamos en el diario vivir. Príapo lo sabe perfectamente y lo pone en práctica sobre el escenario de manera categórica. Ad portas de lo que será su próxima placa, un corte como ‘La Ley del Diablo’ resulta efectivo, al punto de definir la identidad de una banda que se mueve en base a un Rock n’ Roll del más ‘pichulero’, sin ninguna otra pretensión más que rendirle tributo a un género al que los años parecen no envejecerlo en absoluto, sino todo lo contrario. ‘El camino hacia atrás’, ‘Cerrando Puertas’ y ‘Es lo que soy’, grafican de manera magistral la brutal pero siempre necesaria sinceridad de la que hace gala un cuarteto en el que cada componente aporta de manera decisiva al funcionamiento de esta máquina aceitosa de Rock n’ Roll químicamente puro. Un momento a destacar fue la interpretación magistral de ‘Mujer Fuego’, con el destacado músico Rodrigo Basulto descollando gracias a su armónica siempre incendiaria, exudando pasión a chorros. Y aprovechando el contexto –con Chelo recordándonos a la cara y de manera golpeante que esta escena no se mueve sola, TODOS somos responsables, verdad suprema por donde se le mire-, una versión épica y magnánima de ‘El aparecido’, intercalada con ‘Charagua’, dando cuenta de la influencia absoluta del icónico Víctor Jara en la música popular nacional y también en el Rock. Príapo se encargó de hacernos tomar consciencia lo que significa realmente ser chileno y rockero. Suficiente como para enfocarnos en lo que realmente importa y dejar a un lado los clichés. Cuestión de actitud, con el Rock en la médula.


  El Rock más ligado a la raíz folklórica tuvo su representante en Los Muertos, agrupación originaria de Concepción -una de las zonas que más ha aportado al Rock chileno durante más de tres décadas-, cuya propuesta denota la influencia fundamental de Los Jaivas, uniendo la crudeza del Rock con los sonidos propios de nuestro folklore. Con el EP “Resiste y Avanza” editado este año, el cuarteto brindó un set que refleja aquella crudeza que les ha valido su reputación como una de las bandas más destacadas al momento de nacionalizar y proporcionarle una identidad propia a un género cuya universalidad es incuestionable. Todo aquello se pudo apreciar de manera detallada gracias al buen trabajo de sonido y los asistentes presentes en Kmasú pueden dar testimonio respecto a la banda cuya propuesta no solo rinde homenaje a nuestros ancestros, sino además encarna los principios de la búsqueda interior, tanto en nosotros mismos como dentro de la Tierra que nos sorprende con sus infinitos y fascinantes misterios. Por supuesto, nada de eso sería posible sin la personalidad necesaria para motivar al público y marcar presencia en todo el escenario. Eso de que ‘menos es más’, para Los Muertos es la clave para entender el arte –la música- como canal de expresión cuyo contenido conmueve tanto por su sencillez como por lo veraz. Rock chileno bendecido por la misma ‘Madre Tierra’.


   Si bien es cierto que en Chile Rock todas las bandas fueron protagonistas de alguna u otra forma -unas más que otras-, hubo un número que, simplemente, se echó al bolsillo al público gracias a su actitud 100% frontal y lo llamativa de su propuesta. Es la impresión que nos queda con Andrés Lecaros, cultor del country en nuestro país, un género lógicamente asociado con la cultura estadounidense -en especial de los estados confederados del sur- pero adaptando las temáticas a nuestra realidad local, siempre relatando historias de borracheras, peleas de bar y amores trágicos. Acompañado de su pandilla que responde al nombre de Los Forajidos, lo que genera sobre el escenario el singular músico es casi imposible describir con los conceptos propios de un crítico musical, más aún cuando estamos hablando de un personaje que no tiene pelos en la lengua al decir las cosas. ‘Ruta 5’, ‘Renegado’ y ‘Gorditas’ reflejan una autenticidad a la que nadie queda indiferente. El público lo entendió perfectamente y, pese a la baja cantidad de asistentes, resulta significativo el feedback generado entre el artista y la gente, lo cual resulta producto de un discurso potente, sin más intención que el contar historias de forajidos como quien uno se junta a conversar con un amigo mientras comparten algunos litros de alcohol. Por lejos, Andrés Lecaros y Los Forajidos se coronó como el estimulante perfecto para que el público se diera cuenta de lo que significa el Rock: diversión, descargar tensiones, una celebración de la vida.


  Cuando hablamos de Hard Rock en su forma más pura, se nos viene a la mente el nombre –o más bien, el apellido- de Catoni, banda fundada y liderada por el guitarrista y cantante Carlos Catoni, que por estos días se encuentra en medio de la gira denominada ‘Lejos’, nombre que titula también lo que será su próxima placa en estudio, del cual nos entregó un adelanto, precisamente el track-título. Quizás ya lo hemos mencionado con frecuencia, pero el Power Trío nacional entiende perfectamente aquello de que la escena muchas veces se mueve en base a actitud, por supuesto sin necesidad de sacrificar la técnica ni abusar del virtuosismo. Acompañado de Franco Gabelo (batería) y Ranier Helmmenman (bajo), tanto el desplante como el dominio en las seis cuerdas conforman el sello personal de un músico también dotado de una voz que exuda energía por todas partes, denotando también un profesionalismo inusual en nuestro medio. Un himno de la talla de ‘La Vida es Rock’ -con Dusan Bradanovich en la armónica- se hace sentir de manera aplastante entre quienes sabemos que el Rock no es solo un género musical, sino un estilo de vida con el que hay que estar comprometido hasta la muerte. Excelente presentación por parte de un combo que aplica de manera notable la base guitarra-bajo-batería-voz de manera natural, con la fuerza suficiente para llevarnos lejos de todo.


   Del Hard Rock altamente sofisticado pasamos al Rock n’ Roll mala leche y sucio de Tabernarios, cultores de una propuesta proveniente de la calle y pulido en algún bar de mala muerte, donde las borracheras, las peleas y las decepciones amorosas van de la mano y siempre encuentran su punto en común: el Rock n’ Roll como medio de desahogo y muestra de ‘choreza’ donde pocos se atreven realmente. ‘Duff’, ‘Cencerro’, ‘Calavera’, ‘Morirás’ y la homónima ‘Tabernarios’ denotan la brutal pero necesaria honestidad con que el cuarteto se para sobre el escenario y ofrece lo que mejor sabe hacer, sin pretensiones absurdas ni dobles intenciones. Lo que se llama Rock n’ Roll a la antigua, con actitud de forajidos, nada de sutilezas.


     El Psychobilly no solo rememora las raíces del Rock n' Roll a nivel musical, también permite contar historias con la teatralidad suficiente como para situarnos en las películas de terror Clase B de mediados del siglo pasado. Una fórmula que Voodoo Zombie, sobre el escenario, amplifica de manera escalofriante mediante una puesta en escena que rememora la esencia de los primeros años de Misfits pero mucho más vintage y con un concepto que da cuenta tanto de un sentido del humor macabro como del rescate de nuestras tradiciones. 'Pacto con Satanás', 'Santa Muerte', 'El Zombie', 'Pandemia' y 'Manicomio' conformaron un set perfecto gracias al desempeño de una banda que combina histrionismo con experticia técnica, siempre orientados hacia los orígenes del Rock n' Roll con tintes más pesados cuando es necesario. Punto a destacar siempre es el papel de Katona Kat, cuya presencia sobre el escenario llega a ser omnipresente, tanto por su carisma como por sus movimientos 'zombiescos' combinados con una sensualidad sin tabúes, denotando la decisiva influencia de pioneros de la talla de Screamin' Jay Hawkins y Alice Cooper. Imposible no contagiarse con el virus que transmiten estos zombies.


   Nos acercamos a la recta final de esta segunda jornada de Chile Rock, esta vez de la mano de una agrupación que sabe realmente lo que significa luchar por el Rock chileno durante poco más de 15 años. Alto Voltaje, desde el primer acorde de 'Rock & Burdel', un himno de la calle con todas las de la ley, no tiene empacho en declarar cuánto se la han jugado por mantener en pie una escena que, reiteramos, ha sobrevivido por sí misma, por lo que de vez en cuando es necesario tomar consciencia al respecto. 'Adiós a la Fábrica', 'La Ciudad', 'El Chacal' y 'Ruda y Sexy', todas auténticas odas a la vida en la calle, adquieren forma real gracias a la magistral interpretación de Víctor Escobar, quien, de paso, aprovecha de recordarnos a su manera que el Rock chileno está más vivo que nunca y, a la vez, todo esto depende de nosotros, músicos y público. Fundamental también lo que hace Ery Lopez, tanto en el bajo como en esos coros levanta-muertos, mientras las guitarras a cargo de Jonathan Cáceres y José Canales, y la batería de José Muñoz descargan miles de voltios a su alrededor con un poder tremendo. La homónima 'Alto Voltaje' marcaría el final de una presentación aplastante. La lucha por el Rock n' Roll sigue en pie y Alto Voltaje ha librado una nueva batalla con éxito. Siempre en el nombre del Rock.


   Y finalizando la jornada de clausura de esta segunda edición de Chile Rock, ya pasadas las 2AM (maratón de Rock nacional, privilegiados los testigos y partícipes de todo esto), no podía ser otro más que Weichafe, el power trío nacional más preponderante de nuestra escena en lo que va del milenio. Por estos días, el combo integrado por los históricos Angelo Pierattini y Marcelo Da Venezia, y el baterista Roberto Ugarte se encuentra promocionando "Mundo Hostil", el LP que no solo los tiene de regreso luego de casi una década de receso, sino además marca el deseo a concretarse próximamente de radicarse en México, para expandir sus fronteras. Con su solidez característica, uno a uno se dejaron caer cortes recientes como 'Soy Weichafe' e 'Incendiando Infiernos', intercalándose con pasajes de la talla de 'Respiro la Luz del Sol', 'Pan de la Tarde' y el Rock n' Roll audaz de 'El Rock del Poncho', este último conformando el eterno homenaje al extinto y recordado 'Poncho' Vergara (bajista, cantante y mente maestra de Tumulto), uno de los máximos baluartes del Rock chileno durante más de cuarenta años. Es necesario destacar la actitud del público, mucho más numeroso y más eufórico que la jornada anterior, considerando también que el trío brindó lo mejor de sí sobre el escenario. Puntos altos del show se pueden resaltar en la participación de Walter Contreras en 'Me estai' Hueviando' y el dueto con Cinthia Santibáñez en 'Fe Maldita', ambas canciones correspondientes a "Mundo Hostil", lo que da cuenta del esplendoroso presente que vive a la banda desde su regreso en 2014. El final explosivo con 'Pichanga' es la prueba de que el Rock chileno se vive y suda gracias a una inmensa minoría que cree firmemente en esto dentro de este mundo hostil que nos tocó habitar.

EPÍLOGO
   ChileRock Fest 2 nos dejó impresiones encontradas respecto al estado de salud del que goza nuestra escena y las cosas en que hemos mejorado y aún estamos al debe. La primera jornada, pese a la calidad de las bandas, nos dejó con la sensación de que el público, lisa y llanamente, prefiere 'sandías caladas'. Declararnos 'país metalero/rockero' suena poco realista en un contexto plagado de nichos y prejuicios, donde desgraciadamente se impone el fundamentalismo y el 'gusto personal' que se acerca peligrosamente al cerrar la mente y los sentidos hacia otras tendencias. Respecto al asunto de organización, la segunda jornada remedió todos los entuertos presentados en la jornada de apertura, especialmente al comienzo. De todas maneras, un evento de esta magnitud esperemos que tenga su próxima edición lo más pronto posible, aunque hay aún por aprender. Por ahora, solo queda citar a uno de nuestros próceres históricos y su arenga: "¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!". Y Rock también, y de sobra. De nosotros depende su larga vida. Tarea a cumplir por todos juntos.

Escrito por: Claudio Miranda
Fotos por: Diego Pino
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